Con el reciente discurso de Raúl, volvamos a Marx y la crítica al programa de Gotha

Del Che Guevara a Raúl Castro, pasando por Marx

Es bueno que Raúl haya dicho lo que dijo en su discurso a
la Asamblea Nacional cubana el pasado 18 de diciembre; no es posible
pensar que alguien crea saltó la talanquera y dejó de consultar antes
a su talentoso e influyente hermano. Es bueno también, en lo que a
nosotros los venezolanos concierne, porque en esa pieza oratoria hay
asuntos que aquí se están y seguirán debatiéndose. No para copiar,
como hemos solido hacer hasta el hartazgo, tanto en la derecha como en
la izquierda, sino para reconocer que allá tratan de enmendar
situaciones que acá algunos consideran pertinentes e inherentes al
avance al socialismo.

Quiero, para colocar el asunto en orden cronológico,
recordar una anécdota referida en uno de los tantos libros escritos
sobre Ernesto Guevara de la Serna, según la cual después de escuchar
al camarada que le conducía el vehículo asignado como ministro de
gobierno, quejarse con insistencia de la insuficiencia de la libreta
de abastecimiento, le interrogó:

¿Por qué te quejas tanto? Mi libreta es más que suficiente
para las necesidades familiares.
El interrogado, respondió con afecto, paciencia y hasta
sonriente a su camarada dirigente:
Comandante, la suya no es como la mía.
Ante la respuesta, Guevara, intrigado y hasta molesto, le
pidió le prestase la libreta para cotejarlas. Habiéndolo hecho, cuenta
la anécdota, que el líder guerrillero, con cierta violencia, rompió su
documento, tiró al suelo los pedazos y comentó en voz alta:
“¡Para esta vaina no se hizo la revolución!”.

Lamentablemente, no tengo ahora los elementos para citar el
libro de edición cubana en que eso está escrito, lo que sería
innecesario porque todavía quedaría la duda si aquello fue verdad.

Pero quien narró la anécdota, de muy buena fe, quiso hacer un
elogio a la bondad, desprendimiento y concepción del argentino. Es
decir, en aquel momento no se complicó en asuntos teóricos y
procederes por la distribución del producto del trabajo y la
productividad misma, sino sólo quiso resaltar la calidad humana de
Guevara. Y no es difícil creer que haya sido cierto aquello, si
partimos de la convicción que así era el Che; de esa manera generosa y
hasta espontánea asumió la vida.

Ante esto no podemos obviar la contundente frase de Fidel,
quien con sabiduría ha dicho que, su mayor error fue haber creído que
alguien sabía cómo hacer el socialismo. Eran momentos álgidos, mucha
necesidad, apremio por responder y poca experiencia acumulada que
hablase nuestro idioma.

Pero Fidel, un poco como Aristóteles o Sócrates, para gloria
suya, según el parecer de muchos, lo que ha hecho es admitir que
construir el socialismo no es asunto de fórmulas o recetas simples,
sino de mucha creatividad o lo que es lo mismo, “inventamos o
erramos”, como dijese nuestro Robinson.

Ahora, el 18 del corriente mes, el presidente Raúl Castro,
acaba de pronunciar un importante discurso, en el cual comenzó, para
despejar toda duda, repitiendo palabras suyas, según las cuales “A mí
no me eligieron para restaurar el capitalismo en Cuba ni para entregar
la Revolución. Fui elegido para defender, mantener y continuar
perfeccionando el socialismo, no para destruirlo”.

Para esa intención, en el mismo discurso anunció que “Se
trata de transformar conceptos erróneos e insostenibles acerca del
socialismo, muy enraizados en amplios sectores de la población durante
años como consecuencia del excesivo enfoque paternalista e
igualitarista que instituyó la Revolución en aras de la justicia
social”.

Observemos que el orador habla de lo erróneo del concepto y
sobre todo lo “insostenible”.

Para Raúl, paternalismo e igualitarismo, se confundieron con
prácticas revolucionarias destinadas a construir el socialismo, el
cual debe poner énfasis en elevar la productividad y hacer del hombre
participativo y altamente productivo. Lo caritativo y lo
revolucionario son cosas distintas, pese a que al revolucionario lo
mueve una gran dosis de bondad.

Con razón Confucio habló de enseñar a pescar en lugar de
regalar peces, porque lo caritativo no mejora ni eleva al colectivo.
Medidas tomadas en instantes de apremio, quizás sin el
acompañamiento del discurso adecuado, “se enraizaron”, como dice Raúl,
en parte importante de la población. Entonces, el paternalismo y otras
cosas, practicadas quizás en situaciones azarosas, se asumieron como
inherentes al socialismo.

Continúa en su discurso diciendo “Muchos cubanos confundieron
socialismo con las gratuidades y subsidios, la igualdad con el
igualitarismo, no pocos identificamos la libreta de abastecimiento
como un logro social que nunca debiera suprimirse”.

Esta reflexión de Raúl, de gran significación y hasta demasiada
vigencia, sirve para tener presente que la esencia del socialismo no
es dar, repartir o socorrer, salvo las excepciones naturales y humanas
que el propio orador previó en su discurso, los clásicos del
socialismo mismo subrayaron y saltan de las contingencias. La justicia
social en parte, es el resultado de la equilibrada y racional
distribución de los productos del trabajo y de la consiente
participación de cada uno en la actividad productiva.

Pensando en eso agregó el presidente cubano: “Al respecto, estoy
convencido que varios de los problemas que hoy confrontamos tienen su
origen en esta medida de distribución (se refiere a la libreta de
abastecimiento), que si bien estuvo animada en su momento por el sano
empeño de asegurar al pueblo un abastecimiento estable de alimentos y
otras mercancías en contraposición al acaparamiento inescrupuloso por
algunos con fines de lucro, constituye una expresión manifiesta de
igualitarismo, que beneficia lo mismo a los que trabajan y a aquellos
que no lo hacen o que no lo necesitan y genera prácticas de trueque y
reventa en el mercado sumergido”.

Llegado a este instante, es bueno volver sobre Marx y sus
opiniones vertidas en “Crítica al Programa de Gotha”, que parecen
adelantarse a lo que Raúl menciona en cuanto aquello de beneficiar “lo
mismo” a quienes trabajan y no lo hacen y sobre todo cuando apenas,
como dice, “comienza a apreciarse una dinámica favorable, todavía
limitada, en la productividad del trabajo”.

La vieja sociedad dejó defectos y valores culturales que la
naciente no ha podido superar. Para Marx, la que nace “No reconoce
ninguna distinción de clase, porque cada individuo no es más que un
trabajador como los demás; pero reconoce tácitamente, como otros
tantos privilegios naturales, las desiguales aptitudes individuales”.
Raúl habló de igualitarismo en ciertas cosas en Cuba y de
quienes no trabajan.

Para Marx, “¡De cada cual, según sus capacidades, a cada cual
según sus necesidades!, se corresponde con “La fase superior de la
sociedad comunista”, desaparecidos la división del trabajo, contraste
entre trabajo manual e intelectual, con el desarrollo de los
“individuos en todos sus aspectos”, crecimiento de las fuerzas
productivas y “corran a chorro los manantiales de la riqueza”.

La igualdad entre los hombres no surge de un decreto o de un acto
de buena fe, sino es producto del trabajo y el esfuerzo individual y
colectivo o, para decirlo de otra manera, es un producto histórico. El
pueblo, siempre el pueblo, se hace igual construyéndose con trabajo y
lucha tenaces. No es un producto que surgirá de la cabeza de un
burócrata. La distribución por igual está sujeta al cumplimiento de
esa meta que conlleva a la productividad necesaria.
Lo dijo antes Marx; y Raúl ahora, quienes no son ni siquiera
potenciales saltadores de talanqueras.

damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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