No arriemos esas banderas. El enemigo acecha

¿Qué hacer con las luchas por salario en medio del cambio?

Earl Browder, quien fuese secretario general del Partido Comunista norteamericano, en plena guerra mundial, asumió la tesis de la “postergación” de las luchas de clases y antiimperialistas, a favor del colaboracionismo con las fuerzas antinazis para detener o derrotar a Hitler. En virtud de ello, disolvió su partido y obtuvo apoyo para su prédica en otras áreas del mundo.

En Venezuela, hubo quienes asumieron el pregón browderiano, y se volvieron aliados y colaboradores del gobierno de turno, el del entonces presidente Isaías Medina Angarita. Por supuesto, la burocracia medinista que no hizo nada por eliminar el Inciso Sexto Constitucional, mediante el cual se prohibía propaganda y actividad de los comunistas en Venezuela, en verdad un remanente gomecista del cual surgió el gobierno, recibió con aplauso y simpatía aquel gesto de “paz”. Por eso, como se suele decir, el gobierno de Medina dispensó libertades a la acción política como nunca antes. Por supuesto, eso es evidente y resaltante, si tomamos en cuenta que vivían los venezolanos una etapa antecedida por largas, oprobiosas dictaduras y regímenes montaraces.

Aquella decisión colaboracionista, en un momento que la inversión y producción petrolera había alcanzado niveles nunca antes experimentados por saciar la maquinaria belicista y la conflictividad laboral se agravó, en distintos espacios, pero sobre todo en los campos petroleros, contribuyó de manera significativa para que las fuerzas obreras y sindicales de los grupos de AD se fortaleciesen, ocupando los espacios del colaboracionismo. Pero también vale recordar que las empresas gringas se aprovecharon para intensificar la explotación del recurso petrolero y la fuerza de trabajo.

Mientras quienes debían estar al frente de la clase obrera y los explotados todos, se declararon en actitud de colaboracionismo con los aliados y explotadores a nivel nacional e internacional, lo que significó aminorar los reclamos, los trabajadores de AD y sus dirigentes, asumieron, aunque fuese tímidamente, aquellas luchas reivindicativas. Fue el poco precio pagado por el capital internacional, para “matar dos pájaros con una pedrada”.

Pese lo anterior, no es nuestro interés orientarnos ahora a una discusión sobre el gobierno del general Medina.

Esta experiencia siempre ha estado presente, pese a que se optó por ignorarla como para que la olvidemos y quizás por no abordar un debate que pudo provocar serias conmociones internas. Pero no se puede obviar que la lucha de contrarios es el motor de la historia, fuerza del movimiento. La contradicción entre la fuerza de trabajo y el capital, no sólo envuelve una lucha por la justicia sino que impulsa el cambio social. En las sociedades de clases, es la fuerza que empuja hacia el futuro promisor. La lucha contra la explotación es vital y siempre tiene alto rango. La conflictividad de clases no desaparece sino con la desaparición de éstas y todavía quedan en el medio las desigualdades que, como contradicciones, aún no siendo insalvables, motorizarán el movimiento. En las sociedades de clases, esa desigualdad empuja la lucha por el cambio, progreso y mejoramiento. Los trabajadores, por una simple razòn de subsistencia o clasista, atienden primordialmente a ella.

Por supuesto, el de la época medinista no es el caso venezolano actual, donde el gobierno tiene una actitud diametralmente opuesta al colaboracionismo de clases que se amparó en la segunda guerra, pero si es procedente considerar lo que debe ser la actitud de los trabajadores y sus dirigentes, sin perder la perspectiva en cuanto al armado estratégico nuestro y el oposicionista. Porque la lucha de clases en el capitalismo, debe asumir entre otros, el carácter de la defensa del salario y demàs reivindicaciones, al mismo tiempo, sin quedarse en el economicismo, que se brega para impulsar transformaciones hacia una nueva sociedad.

Venezuela es una sociedad de clases y lo es no sólo porque los medios de producción en gran medida están en manos de particulares; la superestructura es el reflejo de aquello, incluyendo el Estado Nacional, y éste es el gran empleador, empresario y manejador de la cuantiosa renta. Pensar que por tener el gobierno que tenemos, la lucha de clases por la distribución justa de la renta petrolera y particularmente – porque hay dos cosas a considerar – el producto del trabajo, ha llegado a su fin o demanda una postergación, no parece apropiado.

Siendo la nuestra entonces una sociedad capitalista, es sencillo que no debemos contener y evitar las luchas de los trabajadores por sus reivindicaciones. Al contrario, estamos obligados a impulsarlas y prestar a ellas todo nuestro respaldo. No es solamente pertinente decir que los trabajadores del sector privado, en la Venezuela de hoy, tienen todo el derecho y deber de asumir el liderazgo en la defensa de sus intereses clasistas, como la solicitud de aumentos salariales y la firma de la contratación colectiva. Del mismo modo que los del sector público de alcaldías y gobernaciones manejadas por el bando opositor, sino también con respecto a quienes prestan servicios en la enorme área estatal controlada por el sector revolucionario. Esas reivindicaciones no deben venir como concesiones patronales, pues de esa manera pierden vigor y significado las luchas por la justicia y cambio de sociedad y del Estado mismo. No es procedente mantenerse contemplativos, esperanzados y confiados en la abundante buena fe, sino que esos derechos hay que conquistarlos.

Los dirigentes sindicales de la revolución no deberían asumir una pose dual, de doble faz, porque aparte de restarse respaldo entre los nuestros, no se abren nuevos espacios, cuando no se les ve como abanderados del cambio y las conquistas laborales, sino sujetos a la decisión estatal; además, asì quitan entusiasmo a esas luchas de los trabajadores.

Eso fortalece el discurso oposicionista, según el cual, todo llega en su momento y porque es ley, como han logrado convencer a muchos pensionados del IVSS. Por la otra, mandan un mensaje de dos filos muy poco edificante, al hacer creer que sus líderes les guían enfáticamente en sus luchas cuando están del lado opositor. Lo peor, que sòlo son empeñosos en llevarles a la conquista de lo que les pertenece, no lo que se les da, en donde gobierne la oposición.

La oposición, después de recoger sus experiencias y evaluar sus resultados, intentará tomar liderazgo sobre todo en el frente de los trabajadores del sector público. Las fuerzas de la revolución, dentro o fuera del gobierno, deben evaluar muy bien todo eso. Hay mucha tela que cortar.


damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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