Entrevistando imaginariamente a Marx sobre lo tratado en

El capítulo VIII de “El Capital” (XXVII)

¿Qué repercusiones posee una saludable jornada de trabajo?

Bien entrado el siglo XVII y lindando ya con la época de la gran industria, el capital, en Inglaterra, no había conseguido todavía adueñarse de la semana íntegra del obrero, ni aún pagándole el valor semanal de la fuerza de trabajo: la única excepción eran los obreros del campo. El hecho de que con el jornal de cuatro días pudiesen vivir una semana entera no les parecía a los obreros razón bastante para trabajar también a beneficio del capitalista los otros dos días. Una parte de los economistas ingleses, puesta al servicio del capital, denunciaba desaforadamente este abuso; otros, defendían a los obreros. Escuchemos, por ejemplo, la polémica entablada entre Postlethwayt, cuyo Diccionario comercial gozaba por aquel entonces del mismo predicamento que disfrutan hoy en día las obras de un MacCulloch o de un McGregor, y el autor del Essay on Trade and Commerce, a quién citábamos antes.

Postlethwayt dice, entre otras cosas: “No puedo poner fin a estas observaciones sin aludir a ese tópico trivial que corre por boca de demasiada gente, según el cual, si el obrero puede ganar en 5 días lo suficiente para vivir, no quiere trabajar 6. De aquí arguyen ellos la necesidad de encarecer por medio de impuestos, o echando mano de otros recursos, incluso los artículos de primera necesidad, para de ese modo obligar a los artesanos y a los obreros de las manufacturas a trabajar ininterrumpidamente durante los seis días de la semana.

Permítaseme discrepar de la opinión de esos grandes políticos que rompen una lanza por la esclavitud perpetua de la población obrera de este reino; olvidan el proverbio aquel de todos a trabajar y no jugar. ¿No se llenan los ingleses la boca hablando de la ingeniosidad y destreza de sus artesanos y de los obreros de sus manufacturas, que hasta aquí han dado fama y crédito en el mundo entero a las mercancías británicas? ¿Y a qué razones se debía esto? Se debía, probablemente, al modo como nuestro pueblo obrero sabía distraerse a su capricho.

Si se les obligase a trabajar todo el año, los seis días de la semana, repitiendo constantemente el mismo trabajo, ¿no embotaría esto su ingeniosidad, haciendo de ellos hombres necios y holgazanes, en vez de hombres diestros e inteligentes? ¿Y no perderían nuestros obreros su fama, lejos de conservarla, bajo el peso de esta eterna esclavitud? …. ¿Qué clase de destreza y de arte podríamos esperar de estas bestias torturadas?... Muchos de ellos, ejecutan hoy en 4 días la misma cantidad de trabajo que un francés en 5 o 6. Y si se quiere convertir a los ingleses en eternos forzados de galeras, mucho nos tememos que caigan incluso por debajo de los franceses.

La fama de bravura de nuestro pueblo en la guerra ¿no se debe, de una parte, al magnifico rostbif y al excelente pudding inglés con que se alimenta, y de otra parte, y en no menor medida, a nuestro constitucional espíritu de libertad? ¿Por qué la gran ingeniosidad, la gran energía y la gran destreza de nuestros artesanos y de los obreros de nuestras manufacturas no han de deberse a la libertad con que saben distraerse a su modo? Y yo confío en que jamás perderán estos privilegios, ni la buena vida, de la que provienen a la par su laboriosidad y su bravura.”

nicolasurdaneta@gmail.com


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Nicolás Urdaneta Núñez


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