La realidad del mundo hoy parece sacada de una pesadilla. La dirigencia del imperio, envuelta en pedofilia, corrupción y desprecio por la vida humana, ha dejado un rastro de muerte y destrucción en países como Afganistán, Irak, Libia y Siria. Sus acciones, lejos de promover la justicia, han retrocedido la civilización a métodos medievales de dominación. En reuniones como el Foro de Davos, incluso han firmado la eliminación de espacios globales de diálogo, como la ONU, enterrando cualquier pretensión de respeto por los derechos humanos.
Sin embargo, frente a esta oscuridad, Venezuela alza su voz y su espíritu guiado por líderes históricos que sembraron las semillas de la libertad, la paz y la dignidad: Guaicaipuro, Bolívar, Hugo Chávez y Jorge Rodríguez padre. Estos hombres, con su virtud y entrega, construyeron un legado basado en el respeto, la credibilidad y la lucha incansable por el bien común.
Conocer a Jorge Rodríguez padre fue una experiencia transformadora. Su humildad, su amor por la patria y su familia, y su capacidad para enseñar con sencillez a través de refranes populares, marcaron un camino. Su muerte, producto de la tortura y el ensañamiento de quienes gobernaban entonces, fue un sacrificio en nombre de la lucha por un sistema justo y equitativo. Su legado no se quedó en el pasado; hoy, sus hijos Delcy y Jorge Rodríguez honran su memoria y trabajan por consolidar la República que él soñó.
Es imposible olvidar el día de su funeral, cuando el cortejo fue atacado. En medio del caos, vi cómo el pueblo, guiado por el espíritu de resistencia, continuó adelante. Aquí radica la diferencia entre Venezuela y el imperio: nuestra fuerza histórica, heredada de Guaicaipuro, Bolívar, Chávez y Jorge Rodríguez padre, nos impulsa a seguir luchando por la libertad, la justicia y la soberanía.
Venceremos, porque el espíritu de nuestros líderes históricos nos guía hacia un futuro de paz, dignidad y unidad.