Revelaciones y que hacer, mientras estos bichos succionen petróleo y otras sustancias

Se han desatado las revelaciones después del bombardeo sobre Carmen de Uría en La Guaira, el aeropuerto de Higuerote, Meseta de Mamo, Baruta, El Hatillo, Charallave, la Base Aérea La Carlota, el cerro El Volcán, el observatorio Cagigal y Fuerte Tiuna; violencia militar que deja como saldo el asesinato de cien personas y el secuestro del presidente de la República y su esposa. Ya no se trata de una lucha contra el narcotráfico ni el desmontaje de una dictadura. Ya quedó prístinamente claro que la meta real y única del imperialismo yanqui —hoy tomado por una logia de ricachones— es el control del petróleo y la intimidación a toda nación, corporación o grupo que ose negarse a sus exigencias.

El asalto de Trump sobre Venezuela termina de romper el brazo que comenzó a torcer Obama: una tortura continuada y sádica sobre nuestro país. Esta tortura fue soportada estoica y sabiamente, pues la aplicación de todas esas medidas extorsivas y coercitivas fue burlada por los venezolanos, al punto que nuestra economía recuperó gran parte de lo perdido con ingresos reales; es decir, sin recurrir al empréstito. El dinero que se estaba invirtiendo en Venezuela provenía de las ventas de petróleo y otros productos venezolanos.

Ayer me llegó al teléfono una noticia que pocos comprenden: el FMI ha convenido entregar a Venezuela cerca de 5.000 millones de dólares en Derechos Especiales de Giro (DEG). Es decir, van a incrementar "a juro" las reservas monetarias de Venezuela para que, mediante la venta de estos papeles y la vía de la deuda, se incremente la oferta de dólares en el país y, en consecuencia, se estabilice el precio de la divisa. Cabe recordar que, en la última década, Venezuela no se ha endeudado ni con el FMI ni con el Banco Mundial. La deuda externa actual corresponde a la acumulación de intereses moratorios, producto precisamente de la extorsión del gobierno de los EE. UU. sobre quienes dirigen estos organismos internacionales, que se puede resumir así: en el caso de que se le otorgara un préstamo a Venezuela, los directores serían sancionados, lo que equivaldría al bloqueo o decomiso de sus bienes y activos en el sistema financiero internacional, dentro o fuera del territorio norteamericano.

Vimos cómo Donald Trump reunió a 17 empresas petroleras norteamericanas para ofrecerles a Venezuela; algo que, independientemente del resultado de esta reunión, es una demostración inequívoca de la verdadera razón de tan continuada y sádica tortura. Con estas dos medidas, posiblemente se reduzca la inflación y suba la oferta de empleos en las empresas petroleras.

Dinero: esa es la oferta que Donald Trump pone sobre la mesa de los venezolanos para "perfumar" el olor a mierda que provocó al cagarse sobre todo el derecho internacional. Es una oferta que muchos apreciarán como buena, tal vez excelente, pues es el mismo beneficio que ofrece la prostitución cuando se va a un cabaret de lujo.

Así que, quien necesite o aspire a la riqueza puede aceptar las ofertas laborales y los requerimientos de servicios que las empresas petroleras norteamericanas harán cuando, por el imperio de la fuerza bruta, se instalen en las llanuras venezolanas. No se sienta prostituido; no vale la pena someterse a un autojuicio de valor. Simplemente asuma que usted es un profesional y debe trabajar eficiente y honestamente para quien lo contrate; pero jamás deje de indignarse por lo que nos han hecho sufrir: haciéndonos pasar hambre, negándonos insumos para la salud, obligándonos a tomar la decisión de emigrar, destruyendo carreras universitarias, alterando nuestra cotidianidad y, lo más grave, lo más ruin, instalando una cultura del odio entre hermanos para provocar una guerra civil que, gracias a Dios, pudimos evitar.

Bombardearon Caracas, mi bella Caracas, cuna del Libertador. Duele, me duele. Buscando respuestas en mi mente, recordé que los mismos también bombardearon a Japón. Aquel país, que nos vendieron como el villano de la Segunda Guerra Mundial —y que en verdad lo fue, pues sus intereses se centraban en la expansión de su imperio en esa cuarta parte del mundo entre los océanos Pacífico e Índico—, Japón fue víctima del poderío tecnológico captado por los yanquis (pues todos sabemos que los científicos nucleares eran europeos). En un portaaviones, tuvo que subir un hombrecito vestido de etiqueta para firmar una rendición incondicional ante generales yanquis vestidos con uniformes de campaña.

Hoy, Japón es la potencia tecnológica del mundo por músculo e inteligencia propia, al punto que sus rivales tecnológicos actuales son sus mismos enemigos del pasado: Corea y China. Japón aceptó la derrota, aceptó la intervención y hasta aceptó la dádiva, pero siguió luchando. Algún día, bajo determinadas circunstancias que nadie sabe cuáles serán ni cuándo vendrán, tomará venganza; tal vez no con dos bombas atómicas, pues eso ya no cabe en un mundo interconectado, tal vez sea una venganza económica… no lo sé. Jamás olvidemos que el honor samurái es japonés.

Recordemos que al gobierno de los Estados Unidos siempre se le ha dicho, como propietarios legítimos del recurso natural y no como seductores proxenetas: aquí pueden obtener todo el petróleo que necesiten, lo único que deben hacer es pagar. Esperemos que podamos cobrar el precio justo por el petróleo extraído por ellos; de lo contrario, ya no sería una oferta indecente de un cliente ricachón y supremacista, sino la segunda etapa del mismo delito: un robo a mano armada con alevosía y ventaja.

¿Qué hacer?… Bueno, mientras estos bichos succionen petróleo y aspiren otras sustancias, nosotros seguiremos preparándonos, trabajando, creciendo y sumando para vivir con felicidad y prosperidad, pero sin olvidar. Así que, sin determinar un cuándo, pero sí adónde, nosotros venceremos.



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Manuel Gragirena

Profesor Universitario. Ingeniero Electricista. Especialista en Telecomunicaciones. Diploma de Estudios Avanzados en Educación. Ex Sidorista

 manuelgragirena1@gmail.com

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