Las miserias de un premio Nobel de la paz

"Una medalla puede cambiar de dueño, pero la dignidad de un pueblo no se subasta ni se regala en los pasillos de Washington."

La historia de las instituciones occidentales suele escribirse con la tinta de la hipocresía, pero lo ocurrido en los últimos meses supera cualquier umbral de cinismo diplomático. Como estudiosos del Derecho Internacional y defensores de la soberanía popular, asistimos a un espectáculo que no solo degrada el prestigio de un galardón, sino que insulta la memoria de las víctimas del imperialismo en todo el Sur Global.

El otorgamiento del Premio Nobel de la Paz 2025 a María Corina Machado (MCM) no fue un error de cálculo del Comité Noruego; fue una decisión política deliberada. Siguiendo la estela de figuras como Henry Kissinger o Barack Obama (quienes recibieron el mismo honor mientras autorizaban bombardeos y operaciones encubiertas), la distinción a Machado busca blanquear una trayectoria marcada por el llamado a la intervención militar extranjera y el aplauso a las medidas coercitivas unilaterales que asfixian al pueblo venezolano.

Sin embargo, la verdadera naturaleza de este "reconocimiento" se reveló en su acto final: la entrega física de la medalla a Donald Trump en enero de 2026. Este gesto, que la derecha internacional intenta vender como un acto de "gratitud", es en realidad una bofetada a la justicia internacional y a la ética humanista.

Desprecio a la paz: Entregar un símbolo de paz al arquitecto de la política de "máxima presión", responsable de bloqueos que impidieron la compra de medicinas y alimentos, es una contradicción ontológica.

Sumisión colonial: Al entregar el galardón, MCM no solo regala un objeto de oro; simboliza la entrega de la soberanía nacional al tutor imperial. Es el reconocimiento del vasallaje en su forma más pura.

Insulto a las víctimas: Para las familias de los soldados muertos en las guerras de agresión estadounidense y para los millones de venezolanos afectados por las sanciones, este acto es bochornoso. Es premiar al verdugo con la medalla de la víctima.

La imagen de Trump sosteniendo la medalla de la "paz" en la Oficina Oval cierra un círculo de miseria moral. La justicia internacional, que debería velar por la autodeterminación, queda reducida a un decorado de teatro mientras los actores del golpismo se premian entre sí. 

Venezuela, desde su doctrina bolivariana, responde con la única moneda que el imperio no puede devaluar: la resistencia y la defensa intransigente de su derecho a ser libre.

 


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Oscar Bravo

Un venezolano antiimperialista. Politólogo.

 bravisimo929@gmail.com      @bravisimo929

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