El PSUV Post-Referéndum

Los resultados del referendo tienen que ver con múltiples factores y uno de ellos es el PSUV. Afortunadamente, si la derrota tiene alguna compensación, es la profunda reflexión y discusión desatada en el partido y en el conjunto del movimiento revolucionario.

MIRADA RETROSPECTIVA

El referendo se planteó con el PSUV todavía en formación. Sus organismos, cuadros dirigentes y definición ideológica, apenas están emergiendo. Se tuvo que afrontar la reforma antes del Congreso Fundacional, sin tener un programa político elaborado. Lógico era fundar primero el partido, mediante el Congreso y dotarle del programa, para orientar desde allí el contenido de la reforma. Por otro lado, aunque algunos de sus componentes vienen de anteriores engranajes electorales (MVR, UBEs), el PSUV llegó al referendo sin consolidar su estructura electoral. Se puso la carreta delante del caballo.

Aunque el presidente sea su líder indiscutible, el partido no debió limitarse a conocer y asumir atropelladamente su proyecto de reforma. Debió discutirse más a fondo, introducirle modificaciones o agregados y enriquecerlo, en correspondencia con el criterio de participación democrática-protagónica que nos guía. Algo no funcionó en la comunicación base-presidente. Los diputados de la A N le pasaron por encima al PSUV. Como miembros de la organización, tenían que haber consultado. El PSUV es más que una comisión presidencial y no se resume en la sola figura de Chávez.

Por otra parte, el PSUV, no tuvo tiempo de curtirse en las luchas reivindicativas, sociales y políticas, para saldar las deudas que todavía tiene el gobierno con la Constitución del 99 y con la aplicación de las Leyes Habilitantes del período pasado. Por supuesto que sí estamos “maduros” para el socialismo, pero era necesario terminar la fundación del partido y meterlo en las luchas cotidianas de las comunidades, de los trabajadores, de los campesinos, de los distintos sectores sociales de la revolución. Era y es preciso resolver incoherencias e inconsecuencias del gobierno para con sus propios postulados y propuestas de reforma. Cómo explicar -por poner sólo un ejemplo- que mientras planteamos la “propiedad social” y la “gestión de los trabajadores”, haya funcionarios que pongan trabas a las empresas ocupadas bajo control obrero o que se alíen abiertamente con los patronos...

Si rememoramos el proceso del PSUV antes del referéndum, vemos que nació con deformaciones burocráticas y con cargas a enderezar. Se expresaron desde que se conformó la Comisión Presidencial, con exclusiones tendenciosas de sectores o corrientes de los movimientos sociales y en el nombramiento de los propulsores, así como en el ventajismo de las roscas institucionales durante la elección de voceros y delegados.

Las jornadas abiertas de inscripción crearon la ilusión de que teníamos varios millones, sin diferenciar entre la verdadera vocación militante, la simpatía, el oportunismo y la incorporación forzosa. Hubo funcionarios que forzaron a sus empleados para que se inscribiesen. No podía extrañar, luego, la falta de asistencia a los batallones. La conformación originaria no se basó en la captación y acumulación inicial de cuadros y activistas políticos de los movimientos sociales y organismos del Poder Popular. Se impuso la conformación territorial y la inscripción abierta, en vez de conjugarlas con la fortaleza ya existente en los movimientos, que podía asegurar mayor solidéz política de arranque y mayor peso de la clase trabajadora, de los sectores populares y de los campesinos, frente a la masa dispersa, policlasista y no estructurada. Se podría haber creado un gran núcleo básico de activistas propulsores con verdadera raigambre en la lucha social y calidad política, para avanzar desde ahí a la incorporación de los demás inscritos, en estructuras transitorias de prueba y educación política. En el medio de los batallones constituídos, se crearon unos cuantos artificiales, a fin de que sirvieran para proporcionar voceros y delegados a distintas facciones de la pugna interburocrática. En la elección no faltaron las trampas soterradas y el ventajismo de las “macollas”. La Comisión de Disciplina y los “excluídos”, en un partido aún no constituido es algo de muy dudosa legitimidad, susceptible a las arbitrariedades. La Comisión Presidencial (con mucho peso del viejo MVR), así como los Comandos Zamora de la campaña y el propio presidente Chávez, tendrían que haber sido más permeables a las estructuras emergidas desde la base, para una mejor conducción superior del PSUV. Pero tampoco hubo las instancias ni el clima de receptividad apropiado para discutir el pre-diseño del partido, escuchar y asimilar las críticas, recoger las propuestas alternas.

¿QUÉ HACER A PARTIR DE AHORA?

Ha comenzado un rico proceso de crítica en el PSUV y hay que sacarle provecho para la construcción de un verdadero partido revolucionario y socialista. Con este espíritu hay que retomar el pre Congreso Fundacional y desarrollar la discusión con todas las garantías democráticas. Que se difundan y debatan las opiniones y propuestas sobre los principios y la ética partidaria, el programa político, la composición, estructura, funcionamiento y dirección, con mecanismos democráticos y eficientes de control. El programa dará elementos para replantear la Reforma, pero también podrá tomarlos del proyecto presentado -una vez pasados por el tamíz de la revisión colectiva- y englobarlos dentro de la estrategia de transición al socialismo, que junto a las medidas antiimperialistas y de ruptura con el capitalismo, recoja las más importantes aspiraciones de los trabajadores, los campesinos, los indígenas, las mujeres, la juventud y las comunidades, así como los objetivos relacionados con la democracia y el Poder Popular.

Es muy importante que tracemos un Plan de Lucha, para impulsar los cambios revolucionarios concretos y lanzar nuevamente -antes de que se venza la primera mitad del período presidencial- la Reforma o la nueva Constitución de la IV República, por iniciativa del pueblo. Este Plan debe abarcar las consquistas sociales, económicas y democráticas de la reforma, para pelear su establecimiento mediante leyes o por la vía habilitante: las seis horas, el fondo de previsión para trabajadores cuenta propia, la retroactividad de las prestaciones, la democratización universitaria (voto igualitario para estudiantes, obreros y empleados), la inviolabilidad del hogar por medidas judiciales... También la lucha contra el desabastecimiento alimentario, la recuperación de las Misiones, el respeto a las contrataciones colectivas como vía para el mejoramiento de las condiciones de vida, los aumentos salariales y otras reivindicaciones sentidas. Pero no podemos hacerlo sólo como PSUV, sino con el conjunto de los movimientos sociales y el Poder Popular; para lo cual deberíamos impulsar un proceso y un Congreso Popular Constituyente. Y todo eso pasa también por insistir en la reelección para prolongar democráticamente el mandato del presidente Chávez, como una necesidad de la revolución.

Tenemos que reorientar la construcción del PSUV y avanzar en el pre-congreso, depurarnos y blindarnos frente a la burocracia, la corrupción e infiltración capitalista en el partido y en las instituciones, ser vanguardia de la contraloría social. Debemos “sincerar” los listados de afiliados y de batallones, relegitimar los comisionados, voceros, suplentes y delegados sobre la base de la evaluación del trabajo. Habría que reestructurar la Comisión Presidencial para que refleje a la base, cooptando a los dirigentes naturales que vengan despuntando en la acción del partido. Al mismo tiempo, tendríamos que convocar a los dirigentes y activistas sociales y del Poder Popular, hacer una campaña de captación de nuevos militantes y trabajar para acercar y recuperar a los que se abstuvieron en el referéndum. Preparemos un Congreso Fundacional democrático, consensuando normas y garantías participativas, disponiendo un sistema de organización e instalación donde prime el protagonismo de los delegados, estrechamente vinculados a su base.



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Gonzalo Gómez Freire

Psicólogo y comunicador popular, co-fundador de Aporrea. Miembro de la Coordinación Nacional de Marea Socialista y de la Plataforma para la Auditoría Pública y Ciudadana.

 gonzalo@aporrea.org      @GonzaloAporrea

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