Cuidado con el dolor

Acción-Reacción, mecanismos concomitantes

Miércoles, 04 de febrero de 2026.- Acción-Reacción, mecanismos concomitantes.

Lo recuerdo con cierta claridad, sobre todo en estos días que estamos viviendo.

Si, lo recuerdo.

Por la distancia y el tiempo transcurrido, tal vez y sólo tal vez, los eventos no sean tan nítidos, pero la esencia está ahí, clara y precisa.

Fue en el colegio de Los Salecianos, el que estaba y todavía está ubicado en la avenida Andrés Bello de Caracas, cerca de la Cruz Roja y frente a la salida de la calle principal de Sarria, se llamaba y aún creo que se llama San Francisco de Sales, fue el siglo pasado, suena una eternidad, pero realmente no es nada, en el inmenso océano del tiempo.

De acuerdo a mis cuentas aproximadas, ocurrió a finales de la década de los sesenta.

Primera clase de Física, en tercer año de bachillerato, el profesor era un joven estudiante de la carrera de Física Pura de la Universidad Central de Venezuela, la UCV, alto, delgado y con una cara de notable inteligencia, probablemente en sus primeros pasos como docente, solían los estudiantes universitarios, de esa época, en sus últimos años de carrera, en esos momentos y ante la carencia de profesores graduados, dar clases en bachillerato, en liceos y colegios privados y clases particulares, para ayudarse y poder terminar sus estudios.

En la clase éramos aproximadamente treinta alumnos y se solía pasar lista para chequear quien había asistido y quien no.

Escribió el novel profesor con una tiza blanca, que producía un sonido muy particular al usarla, perdonen pero no me acuerdo de su nombre, el del profesor, escribió en el pizarrón, que era verde e inmenso, debajo de dos flechas horizontales, que ya había trazado, de aproximadamente un metro de longitud, cada una, ya las había dibujado y que estaban en dirección opuesta una debajo de la otra, escribió y leyó:

Toda acción genera una reacción, con la misma intensidad, pero en sentido contrario.

La verdad, es que no recuerdo con precisión la reacción de mis compañeros de estudio, pero si recuerdo que se hizo un silencio prolongado de más de un minuto, y el profesor volvió a leer lo que había escrito.

Lo leyó serio y se nos quedó viendo, callado, observando nuestras reacciones.

Toda acción genera una reacción, con la misma intensidad, pero en sentido contrario.

A mi, a quien comparte estos hermosos recuerdos con ustedes, mis escasos lectores, esa afirmación, me voló la tapa de los sesos, como decíamos en aquel entonces y me preguntaba y lo comentamos luego de la clase entre nosotros, ¿cómo es posible que no nos hubiésemos dado cuenta de ese fenómeno que teníamos frente a nuestra narices?, y que luego el profesor nos demostró su existencia en el laboratorio.

Por cierto, tenían los Salecianos unos laboratorios algo viejos pero muy bien equipados, tres según recuerdo: el de Física, el de Química y el de Biología, que correspondían al área de bachillerato, en aquel entonces, que quedaban al final del patio interno, desde cuyas ventanas se veían el Mercado Guaicaipuro y parte de las casas de la Avenida Andrés Bello, inmensos los laboratorios, para el tamaño del colegio.

Toda acción genera una reacción.

Sonaba en mi cabeza de adolescente, como un mantra inesperado, con insistencia y presencia que hoy recuerdo claramente.

Lo he estado recordando con gran persistencia estos días convulsionados que hemos estado viviendo como país y sobre todo, luego de una intensa conversación, con un amigo, que compartió su tristeza conmigo y me mencionó su profundo pesar por todo lo que estamos pasando y me dijo:

Nos robaron el país, ya no tenemos país.

A ese amigo, y a todos los que íntimamente se pasean por esa idea, por esa marca que nos quieren imponer, que nos quieren inyectar, por ese estado de ánimo, ese decaimiento, por ese sentimiento, les digo que no todo está perdido, que permanezcamos alertas, unidos y agudicemos nuestra observación y nuestra capacidad de análisis ante los eventos que estamos viviendo y ante los cambios de enfoque que estamos observando.

Y ante la falta de información precisa a la que hemos sido sometidos, por ahora.

Cuidado con el dolor.

Cuidado con el dolor, que es seductor, que se disfraza de sentido común y que en complicidad absoluta con el espíritu de la pesadez, nos estudia y espera por nuestros momentos de debilidad para atacarnos, poseernos y debilitarnos, cuidado con él.

Y con el pesimismo que produce, cuidado.

Sentir dolor no es malo, pero hay que manejarlo con sabiduría y mucho cuidado.

Mucho cuidado.

Saquemos fuerza de los golpes y fortalezcámonos en la batalla.

Y recuerden que las ciencias toman prestado, unas de otras, principios que pueden usarse, como el de acción-reacción.

Y en la geopolítica y en la dinámica social, nada es eterno y aunque nos duela y nos afecte profundamente lo que estamos observando, lo que estamos viviendo, estamos en el deber de resguardar y reservarnos nuestro derecho y nuestro deber a reaccionar ante situaciones y decisiones que consideramos desacertadas e injustas.

No podemos entregarnos sin dar batalla.

Nunca.

Que se olviden de eso los que así piensan.

No hemos perdido nuestro país y no podemos permitir que nos lo quiten.

Jamás.

Vamos Venezuela, adelante y observantes.

Y al toro que es una mona, como decía mi veja.




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Luis Enrique Sánchez P.


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