Queridos compatriotas, hermanas y hermanos de la Revolución Bolivariana: llegó un nuevo 4 de febrero y nos toca hacer de tripas corazón para hablarnos con el alma batuqueada por los eventos recientes y el espíritu revuelto, pero hoy no es sólo una fecha histórica, hoy es el día del fuego eterno que encendió el Comandante Hugo Chávez en el corazón de Venezuela.
El 4 de febrero de 1992, un grupo de valientes patriotas, liderados por Chávez, se levantó contra la opresión neoliberal que asfixiaba a nuestro pueblo. Aquel alzamiento no fue un acto de violencia ciega, sino un grito de dignidad, un llamado a la justicia social que transformó para siempre el destino de nuestra nación. Hoy, a pesar de las tormentas que nos azotan, celebramos con orgullo que el Chavismo sigue en pie, firme como un faro iluminando el camino hacia un futuro de equidad y soberanía.
El ataque artero del 3 de enero fue un acto cobarde que buscaba sembrar el caos y el miedo en nuestras calles; el secuestro de nuestro líder Nicolás Maduro, un golpe contra la voluntad popular; y el regreso de la embajada norteamericana, un recordatorio de las injerencias imperiales que nunca han cesado en su afán por doblegar nuestra independencia. Estos eventos podrían haber quebrantado a cualquier movimiento, pero no al nuestro. ¡No al Chavismo! Después de 27 años en el poder, sigue demostrado que no somos un efecto efímero, sino una fuerza viva, arraigada en el pueblo, nutrida por la memoria de Bolívar y Chávez. Hemos resistido sanciones, bloqueos económicos, intentos de golpe de Estado y campañas mediáticas orquestadas desde el exterior. Y aquí estamos, de pie, con la cabeza en alto, porque nuestra resiliencia no es un accidente: es el fruto de una organización impecable, una inteligencia colectiva y un compromiso inquebrantable con el bien común.
Desde aquel 4 de febrero, hemos construido un país donde la educación y la salud son derechos universales, no privilegios de unos pocos. Misiones como Barrio Adentro han salvado millones de vidas; la Gran Misión Vivienda ha entregado techos dignos a familias que antes vivían en la precariedad; y programas como el CLAP han asegurado que el hambre no vuelva a ser un arma contra nuestro pueblo. Sí, hemos enfrentado errores y desafíos internos, pero el Chavismo no es dogmático: es dinámico, capaz de adaptarse y evolucionar. Hoy, con esperanza renovada, afirmamos que seguiremos el camino que abrió Hugo Chávez, aceptando los cambios que surjan siempre y cuando sirvan al bien de todos. No tememos la transformación; la abrazamos como una oportunidad para fortalecer nuestra Revolución en la búsqueda de una Venezuela donde la inclusión social se profundice, donde la economía se diversifique con soberanía, y donde la paz sea el estandarte que une a todas las voces, incluso aquellas que disienten, en un diálogo constructivo.
Somos el tejido vivo de millones de venezolanos que, con inteligencia estratégica, han desmontado complots y avanzado en la integración regional a través de alianzas como el ALBA y Petrocaribe. En estos tiempos de adversidad, nuestra inteligencia nos guía: analizamos, planificamos y actuamos con astucia, convirtiendo cada obstáculo en una lección para el futuro. El secuestro de Maduro no nos debilita; nos une en la defensa de la democracia participativa. El regreso de la embajada estadounidense no nos intimida; nos motiva a reforzar nuestra diplomacia de paz y multilateralismo. Y el ataque del 3 de enero, lejos de aterrorizarnos, nos recuerda que la Revolución se forja en la lucha, no en la comodidad.
Hermanos y hermanas, esta conmemoración del 4 de febrero no es sólo un recuerdo del pasado: es una proyección hacia el mañana. Tenemos la esperanza, no como un sueño ingenuo, sino como una convicción forjada en la acción. Con nuestra resiliencia, superaremos las sombras del imperialismo; con nuestra organización, construiremos estructuras más sólidas; con nuestra inteligencia, innovaremos soluciones que beneficien a todos los venezolanos, sin exclusiones. Aceptemos los cambios que vengan –tecnológicos, económicos, sociales– siempre que sirvan para elevar la calidad de vida de nuestro pueblo. Chávez nos enseñó que la Revolución es un proceso vivo, en constante evolución, y nosotros, sus herederos, estamos listos para llevarla al siguiente nivel. ¡Imaginemos una Venezuela próspera, donde la juventud lidere con creatividad, donde la igualdad de género sea una realidad palpable, y donde la ecología se integre a nuestro modelo productivo! Esa es la visión que nos inspira, la que nos hace invencibles.
Pero no basta con soñar: debemos actuar. Mantengamos la frente en alto y no decaigamos, compatriotas. En momentos de prueba, recordemos las palabras del Comandante: "Unidad, batalla y victoria, ese es el mandato". Unidad para cohesionarnos como un solo puño; batalla para defender con pasión lo que hemos conquistado; victoria para celebrar los triunfos que vendrán. No permitamos que el desaliento nos invada; en cambio, avivemos el fuego chavista en cada barrio, en cada fábrica, en cada escuela. Sigamos organizándonos, educándonos y luchando con inteligencia, porque la historia nos ha demostrado que el pueblo unido jamás será vencido.
Finalmente, en este espíritu de renovación, hagamos un llamado urgente a cerrar filas en torno a Delcy Rodríguez y el alto mando de la Revolución. Su liderazgo visionario, su diplomacia audaz y su compromiso inquebrantable con la soberanía nos guían en estos tiempos turbulentos. Apoyémoslos con lealtad y acción, fortaleciendo la Revolución desde adentro.
¡Viva Chávez! ¡Viva Maduro! ¡Viva el Chavismo eterno! Juntos, seguiremos construyendo la Patria Grande que merecemos!