6D, la oposición y sus mitos parte I: Un “cambio”

El 6D, otro proceso democrático que involucra a la nación entera, otra batalla que resuelve por vía pacífica la contraposición de intereses y de visiones.

Pero para sectores dentro de la oposición, como de costumbre, una matriz de opinión se vuelve realidad: no hubo un proceso democrático, con árbitro y formas legales conocidas por todos. Más bien fue la imposición por un sector de las FANB que hizo respetar un resultado, que de lo contrario, hubiese sido desconocido por el chavismo (¿con guarimbas como la oposición?) o trampeado, vale decir, que pudiesen violentarse todos los mecanismos de auditoria que los mismos partidos políticos de la oposición tuvieron acceso, tanto ahora como en cada proceso electoral anterior, donde más bien se han ampliado los procedimientos de verificación. ¿Acaso será que recuerdan cómo los votos del PCV eran distribuidos entre adecos y copeyanos en la IV?

Tal matriz soportada en la típica chismorrea de las redes sociales y de opinadores a sueldo, recuerda que los sectores de poder de la derecha venezolana e internacional (dirigentes políticos, empresarios, banqueros y personajes conservadores de influencia económica y política en el mundo), no descansaran para manipular la conciencia de millones de ciudadanos, hacerlos víctima de creer realidades alternas, simplistas e imaginarias, y no entrar a la comprensión de realidades concretas y complejas.

¿Un “Cambio” es un proyecto alternativo?

Habría que reconocer que han existido sectores sociales que desde la votación en el 1998 nunca aprobaron el proyecto bolivariano ni el liderazgo del comandante Chávez, a pesar de que hablen ahora como si alguna vez hubiesen confiado en su propuesta. Un discurso hipócrita que llega al punto de enaltecer la figura de Chávez y así anular el papel del Presidente Maduro.

Son militantes electorales del antichavismo, no importa qué, se prestarán a repetirse cualquier mentira y exagerar cualquier verdad a los fines de desconocer un proceso de cambios políticos y  sociales.

Pero hay otros sectores del pueblo, que ante sus esperanzas puestas en la revolución, y beneficiados de una gestión del gobierno que otorga bienes y servicios jamás comparables con ningún otro período anterior, expresaron su inconformidad con votos castigos o la abstención por debilidades estructurales (incrementadas por una guerra económica cierta pero mal enfrentada) que mantienen a un país más dependiente de lo que se compra y vende que de lo que produce. Una debilidad que ninguna de las cuatro repúblicas anteriores pudo resolver, tampoco cuando éramos capitanía general, en donde más bien España decidió inyectar en nuestra genética social una economía exportadora de materia prima e importadora de lo que consumimos.

Entonces, al haber descontento con lo que la revolución bolivariana ha ofrecido, ¿qué ofrece una tarjeta electoral que no muestra programa político, pero sí tiene una cantidad de partidos, algunos conocidos como responsables del pacto de punto fijo, cuya gestión hizo que la mayoría del pueblo venezolano le diera la oportunidad a Chávez desde 1998 por los siguientes 15 años? Claro, la voluntad de ese pueblo se reafirma cuando identificaron nuevamente los viejos y ahora nuevos partidos como ejecutores del golpe de estado y el sabotaje petrolero de 2002, ideado desde Washington.

Por lo tanto, en la oferta de cambio, ¿hubo algún programa o proyecto que oriente a sus votantes sobre lo que piensan hacer y cómo piensan hacerlo?



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Olaf Ciliberto


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