El papel de Venezuela en la crisis global: batalla entre soberanía o neocolonia con Maduro

(Extracto del documento: Ideas contingentes para una colisión económica en progreso: Venezuela ante la avanzada restauradora del capital)

En el marco de contradicciones no resueltas en el manejo del Estado por parte de Chávez junto a los grupos que se aliaron alrededor de él, así como su relación con la burguesía y el pueblo, se suma la caída que comenzó a sufrir la economía venezolana a partir del 2008, para cerrarse un ciclo con su partida física.

Este evento no significó la desaparición del proyecto bolivariano ni de la amplia aceptación popular que construyó, pero sí afectaron las complejas alianzas dentro del campo revolucionario, en particular dentro del gobierno. Lo anterior sirvió de boquete para que el imperialismo dirigiera la misma guerra contra la revolución desde sus orígenes, pero con mayor alcance, intensidad y agresividad, disminuyendo el rumbo del proyecto bolivariano y los niveles de movilización popular.

Acciones de desestabilización fueron sorteadas con éxito en el sostenimiento del gobierno de Chávez, quien recurrió a fortalecer el papel rector, propietario y empresario del Estado venezolano, impulsar la organización popular, garantizarle sus derechos fundamentales, y al mismo tiempo tender puentes periódicamente con una burguesía "buena" (nacional y/o transnacional) capaz de "creer" en la industrialización del país. Esta visión trajo entre otros resultados, el más destacado, mantenerse como gobierno, seguir la ejecución de políticas para el bienestar del pueblo y dar continuidad a la visión de un proyecto nacional para la transformación de la sociedad. Pero existen otras resultantes como la imposibilidad de modificar la dependencia de la estructura económica interna a la renta del petróleo, y peor aún, no haber podido frenarse el estancamiento económico luego de la abrupta caída de los precios del barril en 2008. Esta rémora dejaba la mesa servida para enfrentar en difíciles condiciones lo que vendría bajo el gobierno de Nicolás Maduro a partir del 2013, quien ratificó las banderas defendidas por Chávez, y ha buscado fortalecer y ampliar las alianzas estratégicas con otros Estados, principalmente Turquía.

Desde 2015 Las estrategias de agresión han sido más directas en el campo diplomático, comercial y financiero, pero también las acciones indirectas, apoyándose en los gobiernos de la región así como organismos multilaterales para intensificar los niveles de amenazas y fortalecer escenarios de aislamiento internacional. 2014.

El escenario estimulaba a que grupos insurreccionales intentaran derrocar al gobierno, a través de aquellas acciones focales violentas y terroristas, llamadas "guarimbas", aplicadas desde el mismo 2013 (con la cerrada victoria electoral de Maduro) y casi de manera anual, incrementando su duración y agresividad hasta el 2017 con la elección para la Asamblea Nacional Constituyente, convocada por el presidente. También se organizaron células terroristas como las dirigidas por el ex policía, muerto en combate, Oscar Pérez o el más reciente grupo que atentó contra la vida del Maduro y el alto mando del Estado, capturado una parte en el momento. Igualmente se han levantado acusaciones contra antiguos actores del gobierno que se prestan para apoyar el intervencionismo, por sus declaraciones que cuentan con excesiva sintonía con la "mediática internacional" ¿será que utilizan el nombre de Chávez para disfrazar sus intenciones?

No es ilógico pensar que si Venezuela fue la raíz política del resurgir antiimperialista y el socialista en Latinoamérica en este siglo, con todas sus contradicciones a lo interno de la revolución, los tanques pensantes gringos concluyan que eliminar cualquier vestigio del proyecto bolivariano implique neutralizar el potencial popular e insurgente del continente en plena crisis global, adicional a que con un gobierno neocolonial, retomarían un control casi absoluto sobre la explotación petrolera y otros sectores estratégicos.

Dejar de ver solo a Venezuela para relacionar la mezcla de crisis global, crisis internas y agresiones imperiales, permite ver otras complejidades que rodean su contexto, como las fisuras en las organizaciones regionales como MERCOSUR, UNASUR, CELAC y ALBA; cuando los gobiernos neocoloniales neoliberales (o en vías de, como Ecuador) marcan distancia de estos espacios para acuerdos políticos y económicos, los cuales no solo afectan a Venezuela.

Esta restauración neoliberal no resulta en un nuevo bloque regional capaz de imponer decisiones continentales: Ni la OEA, ni el "Grupo de Lima" aún logran concretar un hilo de legalidad o consenso para intervenir "humanitariamente" a gobiernos como los de Nicaragua, menos Venezuela, a pesar de los innumerables intentos en su contra. Es que incluso sus propios gobiernos sufren de crisis internas de diversa índole. Vale señalar algunos ejemplos:

+ Argentina: Crisis económica y tensiones por persecución política "judicializada" contra Cristina Fernández, junto a otros dirigentes sociales

+ Brasil: Gobierno golpista que no supera la crisis política potenciada alrededor del injusto e ilegal encarcelamiento de Lula Da Silva.

+ Colombia: A pesar de la victoria electoral de la extrema derecha, esta una crisis de derechos humanos en donde destaca el incremento exponencial en el 2018 de asesinatos selectivos contra dirigentes sociales y miembros desmovilizados de las FARC.

+ Perú: Presidente destituido y las acusaciones de corrupción ensombrecen a la dirigencia del partido fujimorista, así como a la alianza que controla la presidencia.

+ Ecuador: Se fracturó el partido Alianza País fundado por Rafael Correa, quien es perseguido judicialmente, el nuevo gobierno avanza en desmontar las relaciones con el ALBA y UNASUR.

Todos ellos endeudados o por endeudarse con el FMI, acercándose cada vez más y más a las órdenes injerencistas de la Casa Blanca.

El gobierno de Venezuela, a pesar de las estrategias de estrangulamiento, mantiene capacidad de maniobrar internacionalmente, junto a los aliados estratégicos de peso como Rusia y China (con quienes comparte el defenderse contra el mayor enemigo común), así mismo se sostiene un marco de aceptación y entendimiento entre los socios de la OPEP. Adicionalmente se bloquean consensos y mayorías suficientes entre gobiernos del continente para legalizar acciones de injerencia. Tanto el gobierno como el PSUV mantienen su participación en foros políticos de las fuerzas progresistas para insistir en la solidaridad de los pueblos, aunque queden interrogantes sobre cuál es el impacto a nivel de las bases militantes para desarrollar esa solidaridad y cooperación en lo económico, más allá de la regular asistencia social desde el gobierno.

Ante las acciones defensivas, las declaraciones de representantes del gobierno y congresistas de EEUU insisten con más intensidad en intervenir directamente a Venezuela (acompañado por altos funcionarios de los gobiernos neoliberales del continente y personeros de oposición venezolana desde el extranjero) en la medida que cada estrategia de desestabilización o derrocamiento contra el gobierno venezolano fracasa y ahora avanza un programa económico (con incertidumbres sobre su viabilidad en pleno contraataque de la burguesía comercial y financiera). El PETRO sería la clave de todo el programa, una divisa que pudiera verse junto a lo que otras naciones aplican para desligarse de la hegemonía del dólar.

Nacionalmente, en las alianzas que intentan construirse con sectores privados nacionales e internacionales alrededor de los acuerdos de precios, importación y nuevas cesiones de operaciones de producción petrolera, entre otros, el gobierno bolivariano puede que busque recomponer un nuevo bloque de fuerzas con una burguesía que, sobre la base de sus interés económicos, apoyen la defensa del gobierno y las medidas para la defensa del salario. ¿Será posible que este tipo de alianzas se asemejen a las del 2007 con las nacionalizaciones petroleras (que mantuvo la participación del capital transnacional) o las del 2008 con el reimpulso productivo? ¿Sobre qué base podría estar la posibilidad de obtener resultados diferentes?

La apuesta gubernamental parece apuntar a que una parte sector privado acepte las reglas del juego económico para brindar mejores condiciones económicas a la población ante la conducta especuladora y acaparadora de buena parte de quienes participan y controlan la cadena de comercialización en el país. ¿Qué tanto puede diferenciarse a los actores que participan en los acuerdos y los que forman parte de las cadenas especuladoras de comercialización?

La especulación y el acaparamiento forman parte de las continuas agresiones de los sectores internos más propensos a ser quinta columnas de una posible intervención extranjera con futuras fuerzas "de paz". Estos deseos intervencionistas insisten en justificarlo ahora en el pretexto de que "la región se desestabiliza a causa de inmigrantes venezolanos". No se puede olvidar el Plan Balboa, aquel ejercicio simulado de intervención extranjera en nuestro país, desde Colombia.

¿Será que, por ejemplo, Europa intervendría militarmente a África y Medio Oriente, porque, dirían sus representantes, la causa de su recesión económica son los migrantes? Pues resulta que significaría que lo harían otra vez, porque ya habían violentando la soberanía o están interviniendo en estos momentos directa e indirectamente (por medio de DAESH) buena parte de los países de donde se originan las mayores olas migratorias.

En definitiva, la restauración del capitalismo más salvaje y menos democrático se fortalece, particularmente en Suramérica, después de casi una década de sostenidos avances "progresistas" (en sus distintos matices políticos). El mapa se cubre de aquellos gobiernos neoliberales que atentan contra las reglas democráticas y la unidad regional. Su negativo impacto en la sociedad provoca respuestas los pueblos: protestan, se reorganizan, combaten en las calles, aún en formas pacíficas. ¿Si promueven salidas violentas desde el extranjero a Venezuela, entonces qué salidas deben promoverse ante gobiernos como el de Temer o Macri?

Entre estas tribulaciones y otras de mayor nivel que apunten al intervencionismo militar en Venezuela, la burguesía siempre será fiel al dinero. Y así la nación latinoamericana deberá verse a sí misma en sus fortalezas y debilidades para definir con quién contar efectivamente para defender palmo a palmo cada respiro de esperanza y cada centímetro de la Patria de Bolívar.

En ese balance cabe preguntarse:

+ ¿Cuántos sectores del pueblo están organizados para defender su salario y su territorio en una ocupación extranjera?

+ ¿Cuántos grupos y actores (civiles y militares) dentro del gobierno están dispuestos a presionar y doblegar sin mediaciones a la burguesía que no cumpla con el programa económico y se resteará para organizar la guerra de todo el pueblo?

+ ¿Hay organización social y económica suficiente, además de un programa, para "destruir" a la burguesía?

+ ¿Cuánto debe hacerse en materia de justicia para depurar las filas revolucionarias del cáncer traidor de la corrupción y su cercano valor con el entreguismo pitiyanki?

+ ¿Cuánto de la burguesía se dispondrá a respetar el salario y a soportar un gobierno ante una agresión mayor de fuerzas extranjeras?

+ ¿Cuántos movimientos en el continente saldrán a la defensa concreta del gobierno y del pueblo venezolano?

Preguntas para la reflexión, y sobre sus respuestas saber ubicar qué posición asumir en la razón y el corazón de cada militante revolucionario y de cada patriota para luchas que no comenzaron con Chávez y que no necesariamente veremos sus resoluciones definitivas con Maduro, no por lo que él represente o deje de representar, sino porque simplemente puede que nuestras vidas individuales no alcancen para ver una nueva realidad radicalmente distinta a la que tenemos hoy, en donde la superación de la propiedad privada deberá ser sobre la base de superar el andamiaje históricamente parasitario del Estado, la trayectoria genocida del imperialismo y levantar una revolución socialista mundial.

¿En qué condiciones están Venezuela y el mundo para estos retos?



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Olaf Ciliberto


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