La disidencia a Maduro, el imperialismo y el tomar partido en la historia

Hay disidentes que dicen estar con el legado de Chávez, algunos con cierta resonancia en la opinión pública, y desde un análisis más amplio de la situación actual, puedo decir que pierden la perspectiva del problema global del sistema capitalista acusando a un hombre por la debacle socio-económica venezolana (y concluyen que debe salir del poder). Más bien existen múltiples amenazas de gobernantes en el planeta que deciden confundir lo real con lo imaginario, amenazar o lanzar guerras comerciales, xenofóbicas, intervencionismo humanitario y agresiones militares en cada rincón de este planeta…

Olvidan que los representantes políticos del sistema crean ilusiones o alteran la realidad y los representantes corporativos del mismo sistema ejecutan guerras psicológicas contra la población para tragarnos lo que dicen y así creer que es cierto o necesario.

Olvidan que este Estado Venezolano ha representado un muro de contención ante la embestida neoliberal contra el continente y el mundo, y que ahora ese Estado perforado (pero no destruido), aun es lo más cercano como eje para transitar a otro mundo posible.

Olvidan que desde la caída de la URSS, Cuba no hubiese podido cambiar la correlación de fuerzas del pensamiento único si no hubiera sido por Venezuela, y Venezuela no hubiese podido superar las amenazas extranjeras comenzando el siglo si no hubiese contado con Cuba. Ambos gobiernos levantaron las banderas del proyecto latinoamericanista, antiimperialista y socialista, que poco a poco fue cambiando la lógica de poder global. Este proyecto fue atacado una y otra vez para evitar su crecimiento y reducirlo nuevamente.

Pero si eso es pasado, el pasado se arrastra. Y si bien la participación en el escenario internacional de Venezuela para modelar y erigir un mundo multipolar ha evitado que la decadente gobernanza mundial se vuelque contra nosotros en estos momentos, demostrando una "comunidad internacional" dividida, incapaz de imponer sanción "legal" alguna contra la patria de Bolívar, en donde destacan gobiernos que buscan frenar las locuras del capital y su imperio, otros reflejan del viejo fascismo con rostros democráticos.

También hay un peso histórico que lejos estuvo de haberse vencido con Chávez en su gobierno y en éste momento coyuntural de gran riesgo con Maduro se restaura para sobrevivir: es la preeminencia de un Estado Burgués, de relaciones de producción y de intercambió burguesas en nuestro país. Lo nuevo que no termina de nacer está acorralado (pero no derrotado) por el metabolismo del capital que desesperado en sus crisis envenena aún más nuestra sociedad (nuestros representantes políticos, modos de sobrevivencia cotidiana, etc). El viejo sistema agoniza y patalea, pero algunos lo confunden con socialismo.

La batalla histórica contra el sistema más genocida, astuto y abarcante que jamás haya existido, no fue ni será fácil; ni mucho menos tiene que parecerse esta lucha como queremos que sea. Pero lo cierto es que la difícil unidad política para sortear tan grandes dificultades tendrá de obstáculos a "intelectuales" de consultorio o de cafetería, sentados a juzgar la crisis venezolana desde su pedestal. ¿Son plumas tarifadas? Poco importa que lo hagan por dinero o porque crean hacer lo correcto.

Qué triste, flaco y entreguista favor hace esa disidencia cuando, en el momento en que la lógica de la guerra del imperialismo resuena con más fuerza frente a nuestra puerta, lanzan piedras al muro de contención (maltrecho) que representa Venezuela, porque lo es.

Esta es la realidad compleja y sistémica, más no el razonamiento simplón y caprichosamente "antimadurista". El trabajo para las fuerzas verdaderamente militantes por el socialismo es ensuciarse las manos y confrontar ideas para recrear y consolidar un nuevo orden social, en medio de la más grave crisis que el país haya tenido en tiempos "modernos", pero también en la cada vez más aguda crisis global del sistema capitalista. Un sistema acorralado por sí mismo y sus contradicciones y capaz de tragarse a la mitad de la humanidad si es necesario para sobrevivir unos años más.

¿De qué lado de la historia estamos?

1.- Sabemos que el nivel de injerencia sostenida no tiene comparación con otro momento desde el inicio de la Revolución Bolivariana, cuando hablamos de agresión imperialista. Lo que estamos viviendo supera por mucho anteriores llamadas de "ahí viene el lobo".

2.- Estoy más que de acuerdo con la crítica escrupulosa, impecable e implacable, que en verdad enseñe a superar los problemas de una gestión de gobierno que es contradictoria es los intereses de clase de que defiende. Pero cierta intelectualidad no hace una crítica escrupulosa, sino refiere problemas de forma visceral, opina como cualquiera puede opinar en el metro o en la cola de un automercado. Pero: ¿Qué aporta para la conciencia de las masas? ¿Decirle lo mismo que dice en la calles?

3.- Vamos a utilizar un símil: Si llueve, ¿Nos quedamos criticando que llueve o vemos qué hacemos con el agua que cae, de qué sirve, a dónde va? Entonces, si damos por cierto que llueve ¿Será una nube pasajera o es parte de una tormenta? No podemos reaccionar igual en uno u otro escenario.

En resumen:

Las amenazas del sistema capitalista a la supervivencia del planeta y la especie humana, la crisis estructural en Venezuela sumado el bloqueo económico y la construcción del socialismo tienen ritmos distintos, pero necesariamente entrelazados.

Desmarquémonos de esos agoreros del desastre y rechacemos toda "buena" intención del imperialismo, ya que no podemos creerle "ni un tantito así"; a veces parece tan fácil escuchar/coincidir con lo que desde el poder más agresivo del planeta llaman por libertad y democracia, solo porque pensamos no ver soluciones a corto plazo. No puede haber atajos para solucionar problemas estructurales.

Más bien debemos reorganizar nuestra fuerza con un programa político que en sintonía con las premisas del proyecto bolivariano transforme el Estado Venezolano para transferir la gestión al trabajador, campesino, comunero para su beneficio y del resto de la sociedad, sin ceder en nuestra soberanía nacional e independencia como región. Transferir y asumir la gestión de los bienes y servicios sin mediación de burócratas ni ricachones es la democracia sustancial, la contabilidad de votos es la democracia formal, que solo va a la superficie de los problemas si no hay algo más allá del hecho electoral mismo.

La apuesta está en alzar nuestra esperanza para abonar por la nueva sociedad en Venezuela y en el mundo como la más grandiosa tarea humana. Es lo más grandioso y lo más complicado, porque será progresivo y con retrocesos también, con traspiés y saltos adelante. Pero no queda otra opción que intentarlo bajo las condiciones y realidad que tenemos si somos consecuentes de nuestro papel de militantes por el socialismo.



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Olaf Ciliberto


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