¡Basta ya! Prohibir las ofertas engañosas políticas, religiosas y comerciales

¡Qué tal, camarada! Espero que como yo, esperanzado, tratando de contribuir aunque sea un poquito, si nos dejan y cada uno según sus circunstancias, con este proceso que se ha hecho más hermoso y potenciado por la fuerza del Líder, Chávez. 

Tal vez, con ese inexorable transcurrir de los tiempos, jalados al espacio-temporal como un “gran agujero negro” galáctico, no hemos percibido, realmente, que estamos en pleno siglo XXI.  

Sí, el mismito de las increíbles narraciones y películas de ficción. 

Pero la vida es así, el tiempo es así, y la relación espacio-tiempo seguirá así. Los adelantos científicos y tecnológicos, que son muchos, casi nos parecen de la cotidianidad. Tal vez ocurrió con el uso de la anestesia, la electricidad, la telefonía sin hilos, etc. 

Los lectores de otros siglos observarán estos procesos, y no con asombro acostumbrados a las innovaciones. Siempre y cuando no hayamos destruido a nuestra única nave espacial walter.  

Porque, por el camino que vamos… halados por la locura destructiva del voraz monstruo capitalista, ese gran king kong jurásico transformer, que desarrollan los actuales imperialistas y los que lo fueron en los siglos pasados, quedaremos como desiertos del planeta: el Sahara, el más cálido, o Atacama, el más árido.  

O, peor aún, como los territorios donde se asientan los pueblos en la miseria que subsisten en África. Sin agua, sin comida, sin salud, sin esperanzas. Esos ya fueron de los devorados por los imperialistas de hace muchos años, y como Haití, olvidados, despreciados.  

Nosotros nos salvamos un poco por la impresionante gesta libertadora de Bolívar y su gran equipo latinoamericano, hasta que nos cayera la era oligárquica paecista y la nefanda petrolera. 

Cuando menciono que no nos damos cuenta del transcurrir de los años -solo en lo particular cuando nos vemos en el espejo-, y que estamos en el XXI, es porque pareciese, por lo menos en Venezuela, que somos un país de atrasados y nos calamos las ofertas políticas engañosas. 

Por lo menos esa es la visión y misión oferente de los politiqueros que poseen la devoradora concepción salvaje del capitalismo. 

Es más, creen que todavía somos unos pendejos. Ni siquiera los que se los calan, mediáticamente alienados, pero hasta los aplauden por sacar a Chávez.  

Y a sabiendas de que es una de las quejas mayores, lanzan, como gancho para atrapar a los pendejos: “acabaremos con la inseguridad pública”, de paso, la que ellos, los devoradores locales y mundiales, por años forjaron por manipulaciones, descuidos y malas praxis gubernamentales cuartarepublicanas.  

Coño, camarada, quisiera que alguien me explicara cómo evitar un secuestro de cualquier tipo. Han secuestrado, cuando se deciden, hasta a los que andan muy protegidos. 

Y en cualquiera calle, aun cuando pasen policías, te arrancan un cadenita, un celular, roban un carro, una casa, etc. Tendría que haber un par de policías por calle, en todas las calles, asunto imposible. 

Habiendo que auto protegernos lo mejor posible en nuestras viviendas, nuestros automóviles, etc., en lo personal sin aspavientos de riqueza en lugares de riesgo, esperar que nuestro gobierno revolucionario, que sabe lo que está haciendo, resuelva el problema estructural de la marginalidad y la falta de conciencia que nos sembraron en la IV y se ha extendido, sin dudas. 

Igual con las ofertas engañosas para resolver el desempleo y mencionaré las más vacías: montarse en un autobús del progreso ¿?, y todos, toditos, capitalistas populares, ja, ja. Hábrase visto tamaño engaño. Pero lo arrecho es que, medievalmente, muchos se lo creen. Y es donde está el peligro. 

O ver a un muchacho ojoéloco corriendo por una calle de Chacao, saltando obstáculos absurdos colocados por ellos mismos y sus seguidores de la MUD.  

O el borracho mayor prometiendo lo que estamos haciendo.

También los que no tienen nada que ofrecer como Leyland Arria que deberíamos declarar persona non grata, despreciarlo públicamente, cacerolearlo donde vaya, abuchearlo, tirarle tomates -aunque sea una práctica escuálida- porque tiene lo que le queda de bolas, los pellejos, pues, de querer enjuiciar a nuestro Líder

No describiré más  de las ofertas políticas engañosas. Son muchas, hieden, pero, dentro del marco de las libertades, en ellas la de expresión, deberían tener un freno. Por lo menos deben estar sustancias y bien sustentadas.  

Todavía persisten las ofertas engañosas de la mala concepción espiritual de algunos orientadores religiosos, en varias vertientes, que no describiré ya que nuestros jefes de Aporrea no permiten que se toquen esos temas. Así como de la homosexualidad. Que respetamos pero no compartimos porque estamos en tiempos de debates. Sin ofender. 

Ojalá, algún día, y con el debido respeto, hasta con los muy fanáticos, debatamos sobre ese importante aspecto espiritual. Hasta en lo dogmático de cada una. 

A, coño, y me disculpan el coño, pero lo más destructivo, por ello lo más capitalista, casi lo salvaje de las políticas monetarias, son las cotidianas ofertas engañosas comerciales. Y mire que se les ha tratado de frenar. 

Parte desde los centros comerciales, aquellos diseñados para que no veas nada desde afuera obligándote a entrar y enamorarte con luces y colores para vender, que no importaría, sino especulando. Más en los “trapos”, como los llamaba mi padre, y que nadie entiende cómo una tela, una camisa, por ejemplo, pueda ser tan costosa comparada a con artefactos eléctricos que hasta motor traen.  

Ah, es la llamada “oferta y demanda”. 

Pero donde más se percibe la venta engañosa es en los supermercados. La concepción capitalista es engañosa donde no especifican -ahora un poquito-, la ubicación de las cosas y, aun ahora que todos -algunos, mejor dicho- y habiendo aprendido a comprar lo necesario, hacemos una listica, debemos recorrer anaqueles llenos de variedades hogareñas y, con la idea de la venta por impacto de los supermercados de la ideologización consumista, las echamos en el carrito, generalmente con las ruedas pegadas o patulecas. El carrito, claro. 

Vemos que los vegetales ahora son humedecidos para resaltar una frescura. Que no están frescos. Vimos uno nuevo en USA, en internet, ojo, que cuando la persona se acerca escucha sonido de lluvia y goticas que las mojan. A los vegetales, claro. 

Ah… y cuando pasan por donde venden huevos, escuchan gallinas cacareando. Vacas mugiendo cerca de la leche, etc. Se dirá que son prácticas de mercadeo.  

Pero en nuestra patria muchas veces la leche está a un día de vencer, o yogures y salsas y jugos vencidos, como les he observado a los expendedores para que no los multen o dañen a quienes los compran. Y los vegetales secos como mencioné. 

Como destaqué en un artículo, hace un tiempo, de las vainas difíciles de comprar es el papel toilet. Párese usted frente a las torres de paquetes y trate de escoger el que le conviene.  

Y, como una nueva práctica, con contadas excepciones, nunca coinciden los papelitos de los precios debajo de los productos, o no los tienen, y debes comparar los códigos de barras para ubicar los  correctos. Justifican esa mala práctica invitándote a llevarlos a las maquinitas comprobadoras de precios. 

Pienso, estimo, que los ministros y funcionarios de altos niveles -incluso más frecuente los de Indepabis, que en los de chinos ni aparecen ¿?- y gobernadores y alcaldes deberían comprar también.  

Tiempo les queda. Y verán las arrecheras y escucharán los comentarios contra nuestro gobierno, contra Chávez.  

Y las maldiciones: ¡qué vaina es ésta de que uno tiene que andar “zanqueando” pa´lla y pa´cá pa´ conseguir café, aceite, leche¡ (Desde en polvo hasta las pasterizadas, salvo las más costosas de larga duración) 

No sé  cómo iremos a resolver esta gravísima vaina que en las clases medias y populares independientes afecta “burda” la imagen del gobierno. La de C H Á V E Z, ¡ok! 

Lo que nos hace pensar que algunos altos funcionarios, no de mala fe sino para cuidar sus puestos, tienen engañado al Presidente con este desabastecimiento.  

¡OJO PELAO, por ahí se van los votos! 

Siguiendo con las ofertas engañosas que hay que prohibir, o controlar, o reducir, que les he mencionado en otros artículos, vienen las propagandas  de TV, y muy en especial las dirigidas a los niños para que los padres les compren. 

Recuerden el chichón, la presión que nos mete, y el llanto de un niño que quiere algo que vio. O la estupidez de muchos, parte de la ideologización capitalista, que los hijos deben estar a la par de otros usando productos de marca, o que salen en TV. 

Todo el que lleva un niño de compras a una panadería o a un supermercado, mínimo le compra una chuchería, y saben por qué, ah… porque las exhiben en estantes a la altura de los niños. Uno los ve pegaditos al vidrio y comienza la exigencia, nosotros tenemos siempre que inclinarnos para verlas y, aunque te pongas duro, le compras alguna así le dañen los dientes y le fortalezcas su tendencia, muy capitalistamente humana, a los caprichos.  

Hablamos de propagandas de incitación al estatus social y al gasto, en ropitas, zapatos, de sandalias, de juguetes, etc. que no los voy a describir, háganlo ustedes y si no me lo cuentan, coméntenlo entre ustedes. 

Y cuidado porque con las ilusiones de los niños, por más pequeñas que sean, una chupeta, un carrito, una muñequita, no se puede jugar y es donde más se manipula. Debemos controlar eso, pienso. 

Les recuerdo que estas son mis apreciaciones, mis opiniones. 

Para finalizar con las ofertas engañosas les pregunto, aunque yo no compró más en esos espacios, pero muchísimos sí. Vaya a un Mac Donald´s, pida una hamburguesa como las mostradas en las imágenes, con la carne gorda saliendo del perímetro del grueso pan junto con el queso y la lechuga y compárela con la que le entregan. 

Un pancito que al abrirlo encontrará una escuálida carnita -escuálida en el buen sentido del término- reposando sobre unas sombras de lechuga y transparencias de pepinillos.  

Lo que ocurre es que nadie ha exigido, y que le paren, que la que está pagando sea exactamente como la que ofertan en las transparencias luminosas. Ni el INDEPABIS. Igual con las otras marcas de hamburguesas y sanduches submarinos. 

Y, parece mentira, muy distinto a los súpersanduches en expendios no franquicias. De empresitas pequeñas, pues.  

¡Patria, sin engaños, viviremos felices!

edopasev@hotmail.com



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Eduardo Palacios Sevillano

Ingeniero Civil. Escritor y caricaturista. Productor radial y locutor. Miembro de la directiva de la Orquesta Sinfónica del Estado Anzoátegui. Miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Bolivariana del Edo. Anzoátegui. Coordinador de la Red de Historia, Memoria y Patrimonio de Anzoátegui.

 edopasev@hotmail.com

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