¡Dios me salve, me aumentaron el salario! Parte II

El Estado de ahora, al otorgar esos aumentos de salarios se resarce en base a los trabajadores mismos por el ingreso impositivo, especialmente el IVA y en muy buena medida. Es como un reciclaje del dinero. Mientras la inflación crece desmesuradamente.

No es extraño que la derecha venezolana se abstenga de luchar por el salario y las aspiraciones de las masas de trabajadores, aunque sea para mantener su liderazgo; siempre tuvo sus sindicatos y organizaciones que fingían preocuparse por el destino de los trabajadores para mantener entre ellos su influencia, pero eso no está ahora en el campo de su interés; tampoco es su naturaleza, pues ella es partidaria del capital. Con la guerra económica, la caída de los precios del petróleo, errores e inhibiciones del gobierno, desmedida corrupción y los efectos que todas cosas juntas producen, especialmente la inflación y escasez, les basta y de paso no se crean compromisos incómodos. Además, cuentan con una red tupida de medios que le hacen el trabajo de alienar en su favor a las grandes multitudes. Pero sí debe estar en el interés de los dirigentes de la clase que vende su fuerza de trabajo, quienes no deben dejar eso en manos del Estado sin importar la buena fe de la gente que a éste conduzcan; tampoco en un puente de mando que no mira más allá de la proa. No actuar así es como un soñar que estamos en una sociedad donde el Estado estuviera en vías de extinción, no tuviera motivos para maniobrar con la velocidad y sentido del cambio y las clases extintas.

El gobierno, la clase trabajadora, quienes hacen las veces de sus dirigentes, que privilegian los intereses o fines de los empleadores, bien sea el Estado o el capital, están conscientes que todo aumento salarial en la Venezuela de ahora automáticamente se convierte en un disparo inflacionario y por encima de lo aumentado. Ahora, cuando aumentan el 30 %, que no cubre a quienes ya firmaron contrato no hace mucho, porque el patrón, gobierno o capitalista, se aferra a la idea que deben esperar el vencimiento del mismo, de eso se cuidan, la inflación en menos de una semana se colocará muy por encima de eso. Los productores, comercializadores y prestadores de servicio, aplicarán aumentos por encima del impacto que eso tiene en el costo y terminarán ganando más y el Estado aumenta sus ingtrsos, mientras los trabajadores se empobrecen.

El estado y los dirigentes de la clase trabajadora, parecieran haber llegado a un acuerdo mediante esta, la masa, sin se le consulte, deja en manos de aquella cúpula defensa y conquista de sus intereses que es mucho más que el salario; obviando que el combate de la clase por este es una fuerza, como inercial, importante y movilizadora. La lucha por el salario y el cambio van parejos; son piezas de la misma arma que si se desmontan resultan inútiles. La clase no puede entregarse por completa, como moza inocente, al Estado y los dirigentes de ella, porque ellos apenas son unos intermediarios. Decir, como dicen, que los dirigentes no están para luchar por el salario sino por la "revolución", es poner una contradicción absolutamente indecente, indebida y por lo menos pueril, sobre todo estando como estamos dentro de una sociedad inequívocamente capitalista. La lucha de clases es el motor del cambio y dentro de esta, la que se da y debe dar por el salario, en una sociedad capitalista como la nuestra, es como el combustible que mueve y arranca a aquel motor. Palabra esta por cierto muy del gusto de quienes gobiernan. Una vaina es el economicismo vacío y otra la lucha por los derechos y el cambio social.

Unos cuantos años atrás de mi larga vida, un empresario con quien conversaba amigablemente, lo que era frecuente en aquella Barcelona todavía pueblerina, me dijo lo siguiente:

-"A nosotros no nos mortifica ni alarma que el gobierno aumente impuestos ni salarios. Cada vez que eso suceda, simplemente calculamos los nuevos costos y hasta ponemos precios por encima. Si el costo aumenta el 10%, nosotros el precio en 20% y nos ganamos 10% adicional. Así que eso no me mortifica ni me distrae".

Lo que revela además, que no es nuevo eso que el Estado venezolano decrete aumentos de salario de manera unilateral o por intermedio de aquello que llamaron la "tripartita", integrada por el trabajo, capital y Estado, en donde los dominantes llegaban a acuerdos sobre aquella materia.

Esto que comentamos, una historia del pasado, sucede ahora con más fuerza y hasta más villanía, pudiera parecer una mentira por las circunstancias políticas, pero este mismo ingrediente político contribuye que la mordida a las mayorías consumidoras, presuntamente favorecidas por aumentos periódicos, cualquiera sea su monto, sea más rapaz y cruel. Pues el capital, por lo general, opuesto férreamente al gobierno, utiliza la coyuntura para golpearlo mordiendo duramente al salario y el estado aumenta sus ingresos tributarios provenientes de esos mismos aumentos. Pero ahora la cosa se agrava más con esos fenómenos antes no conocidos, como la planificada o no escasez, porque hay de las dos, y ese monstruo que llaman el "bachaquerismo". Por cierto, la clase dominante en Venezuela, ha logrado que gran parte de la población, entre ellos lo que hemos llamado excluidos, en teoría aliados del movimiento revolucionario y clase trabajadora, pues en teoría forman parte del ejército de reserva de la fuerza de trabajo, y en buena medida beneficiados a partir del rentismo petrolero y las mejores intenciones del Estado, se le incorpore por ese medio informal de distribuir mercancías para combatir contra este y la clase trabajadora. Lo que pareciera llamar a una revisión de muchas cosas que se han venido sosteniendo como nuevos dogmas para encontrar, si no la ruta verdadera, un camino que pueda llevarnos a la vía por donde transita la vida.

El Estado, en un gesto quizás generoso pero paternalista, asume el rol que deben desempeñar las clases trabajadoras y su dirigencia; congela la lucha de estas por sus reivindicaciones y sólo se limita, más nada puede hacer, a decretar aumentos y con ello también desatar o "decretar" la especulación y el robo del salario. Tampoco produce y se conforma con el precario rol de distribuidor de productos subsidiados bajo el acecho de los bachaqueros de toda pinta y nivel que anulan aquellas buenas intenciones. Es decir, la clase trabajadora está como ejército declarado en receso; guardia baja y desarmado. Mientras tanto su aporte al IVA se incrementa.

Esto es obvio; lo sabe todo el mundo, empezando por los trabajadores que sufren eso en carne propia y no se ven estimulados a luchar por sus conquistas y derechos, que van allá del simple aumento salarial; pues subsistiendo la idea, según la cual todo le vendrá sin dificultades desde arriba, optan por esperar que por ellos decidan. Pareciera que la clase piensa que tiene un agente, un intermediario, que basta "esté preñado de buenas intenciones", para que sus asuntos marchen como es debido. Viendo y viviendo todo eso, a uno le provoca gritar lo que pudiera parecer a muchos un desatino:

-"¡Dios me salve María, me aumentaron el salario!"

 

 

 

 

 

 

 

 



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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