El premio que ya no da prestigio

(VIDEO) Machado viaja a Washington para arrodillarse ante Trump: La entrega del Nobel mientras saquean el petróleo."

La humillación de María Corina ante Trump, por Alán Barroso

La humillación de María Corina ante Trump, por Alán Barroso

Credito: Captura

En este video, Alan Barreto analiza cómo María Corina Machado ofrece el Premio Nobel a Donald Trump como un tributo de adulancia y sumisión imperial.

El viaje de Machado a Washington la próxima semana para entregar el galardón en persona a Donald Trump es visto como un acto de vasallaje. Aunque el Comité Nobel le ha recordado desde Oslo a MCM que el premio es intransferible y pertenece a la persona que lo recibió por sus "méritos", para la Casa Blanca el reglamento internacional es irrelevante. Lo que importa es la foto de la entrega: el símbolo de una líder, de su "patrio trasero", rindiendo cuentas ante el jefe del imperio.

El Petróleo: El botín detrás del gesto

Mientras el foco mediático se distrae con la entrega del Nobel, la realidad económica en el terreno es mucho más cruda. Los reportes indican que el crudo venezolano ya fluye masivamente hacia las refinerías del Golfo de México bajo condiciones dictadas directamente por el equipo de John McNamara.

Las decisiones estratégicas de PDVSA ya no se toman en Caracas, sino en los despachos de Washington.

La entrega del Nobel es el "show" que acompaña al despojo material de los recursos energéticos.

La Lección de los Intereses sobre los Aliados

Este episodio confirma la tesis histórica de que los imperios no mantienen lealtades, sino conveniencias. Para la derecha venezolana, la humillación pública de Machado es un "baño de realidad":

Tras haber servido como instrumento para el cambio de régimen, ahora son tratados como subordinados cuya única función es validar la narrativa del ganador.

La sonrisa de Machado al ofrecer el "tributo" es interpretada por sus críticos como la claudicación final y entrega de la soberanía de la derecha venezolana al Imperio Estadounidense.

Este evento marca el cierre de un ciclo donde la oposición venezolana descubre, de la manera más amarga, que en el ajedrez del imperialismo de 2026, los peones son sacrificables y los premios, como el petróleo, pertenecen al que tiene la fuerza para arrebatarlos.

 



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