En un escenario donde el expansionismo de la administración Trump vuelve a poner sus ojos en el Ártico, el diario danés Berlingske ha sacudido el tablero diplomático al recordar una pieza legal clave: las Fuerzas Armadas de Dinamarca están obligadas por ley a abrir fuego sin previo aviso ante cualquier agresión, incluso si el agresor es su propio aliado, Estados Unidos.
El "Escudo" de 1952
Basado en un decreto real de 1952 que permanece plenamente vigente en este 2026, el mandato es taxativo: los militares daneses deben repeler de inmediato cualquier intento de toma de territorio sin esperar instrucciones de la cadena de mando superior. Este marco legal defensivo convierte a Groenlandia en una "línea roja" que ni siquiera la retórica de Washington puede ignorar.
La retórica del chantaje
El análisis surge tras las recientes y agresivas declaraciones de Donald Trump y su vicepresidente, J.D. Vance, quienes han intensificado la presión sobre Copenhague. Bajo la narrativa de que Europa ha "fallado" en proteger la isla —vital para el escudo antimisiles estadounidense—, Washington parece estar preparando el terreno para una justificación de seguridad nacional que facilite el control de la región.
Soberanía frente al despojo neocolonial
Desde una óptica de derecho internacional, analistas subrayan los siguientes puntos críticos:
Indivisibilidad del territorio: Groenlandia es parte integral del Reino de Dinamarca; cualquier intento de coacción es una violación directa a la soberanía europea.
Riesgo en el Ártico: La lógica de "compra o toma" de Trump pone en jaque la estabilidad de una región ya tensionada por la competencia de recursos.
Firmeza danesa: Dinamarca ha dejado claro que la defensa de su territorio no distingue nacionalidades. La ley no reconoce "aliados" cuando se trata de una intrusión forzosa.
Esta revelación de Prensa Latina pone de manifiesto que, frente a la política de despojo y presión imperial, incluso las naciones tradicionalmente aliadas a EE. UU. están recurriendo a sus marcos legales más estrictos para proteger su integridad ante la nueva era de agresividad diplomática de la Casa Blanca.