La democracia

Desde los tiempos antiguos, la democracia es un conflicto entre quienes monopolizan el poder y los excluidos. La democracia nace ligada al derecho de propiedad.

Sólo los propietarios pueden elegir y ser elegidos. Cuando la Revolución Francesa proclama los derechos del hombre y del ciudadano, institucionaliza dos grandes exclusiones: las mujeres y todos los que no éramos ciudadanos. Profundizar la democracia y lograr el derecho al voto universal costó siglos de sangre, sudor y lágrimas.

La lucha para que el derecho al voto no sea una simple formalidad está lejos de concluir.

Más lejos aún está el reconocimiento de que democracia y diversidad son un solo proceso.

Por tanto, la democracia no se puede imponer mediante invasiones militares y crímenes horrendos.

El mandato libre y el mandato imperativo son un punto de quiebre entre democracia liberal y democracia popular. Probablemente por eso grandes revoluciones como la Revolución Francesa y la Revolución Rusa lo dejaron sin resolver. La corresponsabilidad entre electores y elegidos marca la diferencia entre representantes y representados, y una comunidad democrática que sea la que realmente gobierne, por tanto, la que elabore los programas y supervise su ejecución, a la que se le rinda cuentas; la que conceda el mandato a los elegidos y los pueda revocar en cualquier momento.

Desde América Latina se vienen construyendo nuevas propuestas democráticas, lo que tuvo un punto de inflexión en Honduras con la cuarta urna y el derrocamiento del presidente Zelaya. Es una contraofensiva que avanza derrocando presidentes y asesinando líderes populares; promoviendo la desarticulación de los movimientos sociales, la acción terrorista del paramilitarismo; la acción corrosiva de las mentiras transmitidas por los medios de comunicación como elemento central para condicionar resultados electorales y, como en Honduras, ir imponiendo la democracia formal.

Por eso es clave el desarrollo de la democracia como poder popular real, la solución de los problemas sociales, la derrota de la burocracia generalmente corrupta, la multiplicación de los movimientos sociales y de un tejido continental-mundial capaz de activar la movilización social, diplomática y la coordinación para derrotar la contraofensiva reaccionaria internacional.

julio.escalona@gmail.com


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Julio Escalona


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