Domingo, 25 de enero de 2026.- De la vocación imperialista de los Estados Unidos.
Desde sus inicios, desde su fundación, desde la llegada de una Europa que ardía por los cuatro costados, con la misión de fundar a la Nueva Jerusalén, hasta la conquista del oeste, del llamado lejano oeste (The Far West), ensanchando sus fronteras y fortaleciendo su economía hasta nuestros días, siempre estuvo allí, enraizado en su ADN, negarlo es negarnos.
Esa vocación de imperialista de los Estados Unidos.
Bolívar, el nuestro, Simón Bolívar, al que llamamos el padre de la Patria, quien libertó a cinco naciones, lo vio con claridad diáfana, lo percibió y declaró abiertamente, no con el término imperialista, pero si, apuntando en esa dirección.
Y en esta época, tan particular, que nos ha tocado vivir, donde las caretas son muy delgadas, de baja adherencia e innecesarias, y solo bastó un poquito de sol y un viento suave para lograr que se desprendan, que se caigan, casi espontáneamente.
Su presencia es total y nada disimulada, al contrario lo declaran abiertamente y a viva voz, con total desenfado, somos una superpotencia y eso lo vamos ejercer, lo vamos a usar, mencionó alguien muy cercano al poder de la Casa Banca. (The White House).
Vamos a ejercer el poder y a poner orden en esta desordenada situación internacional que estamos viviendo, somos los dueños de esta sección del mundo y estamos casi renaciendo, vamos a recuperar nuestra maltratada influencia en el mundo, se oye susurrar en los pasillos de Washington.
Claro que se les ha olvidado mencionar su propios desajustes y situación interna muy convulsionada.
Perece que no tuviesen espejos que les revelen su propia imagen, su propia anomia.
Cuando usted tiene la oportunidad de ir a Washington D. C., de patearlo y hurgar en el planteamiento urbano de la ciudad, sobre todo en lo que podríamos llamar, por ponerle un nombre, a nosotros como país, nos encante ponerle nombres a las cosas y a casi todo, lo podríamos llamar la Explanada del Poder, ellos lo llaman el National Mall (La Explanada Nacional), usted puede deducir, sin ser arquitecto o urbanista la intensión de quienes diseñaron el área, su visión del futuro y su percepción del poder.
Dentro de los pensamientos y las concepciones que han permitido a los Estados Unidos crecer y desarrollarse, está lo que se llama El Destino Manifiesto, que es una doctrina del siglo IXX que afirmaba que Los Estados Unidos estaba destinado por Dios, a expandirse por Norteamérica, de costa a costa, para llevar la democracia, como forma de vida y los valores estadounidenses.
Y lo lograron, a costa de muchos sacrificios y de la casi desaparición de los nativos de estas tierras.
Se basaba en tres principios, que podríamos llamar esenciales para el desarrollo de la vocación imperialista de nuestros vecinos del norte: la creencia absoluta en la virtud de las instituciones estadounidenses, la misión de rehacer el mundo, de hacerlo crecer a su imagen y la convicción divina de llevar a cabo este crecimiento.
La expansión ha continuado.
El Destino Manifiesto transformó el crecimiento, la expansión del territorio en una misión divina ineludible, dándole legitimidad y sentido a esa expansión territorial.
Ese valor estadounidense con la nueva administración de Trump y su movimiento MAGA (Make America Great Again) está presente y en crecimiento y liderizando muchas las acciones, a nivel mundial y regional de claro corte imperialista, intervencionista y con una evidente orientación de dominio y búsqueda del subyugamiento de nuestros países y sus economías.
Especialmente en Venezuela luego del artero y violento ataque, por demás avisado, ocurrido el pasado tres de enero que culminó, hasta ahora, con el secuestro del presidente Maduro y Cilia, su señora, a quienes mantienen bajo arresto y sometidos a juicio en la ciudad de Nueva York y que dejó un rastro de destrucción y cadáveres que no debemos olvidar.
La expansión continua.
Las constantes declaraciones de Donald Trump sobre Venezuela y su afirmación de que es él, quien va a tomar las decisiones fundamentales sobre el país, su economía y su futuro denotan su clara orientación imperialista.
Con la excusa de que van a ayudarnos a poner orden en nuestro país, en nuestra casa y que viene una nueva era de bienestar y de crecimiento, que a muchos seduce, sin mencionar para nada su cuota de responsabilidad por las sanciones severas que en contra de nosotros han afincado furiosa y constantemente y del feroz ataque a que fuimos sometidos, o sea, te atacamos por tu propio bien.
Y pretenden imponernos unas condiciones que, a todas luces lucen, por lo que se conoce, por lo que se sabe, ya que no hemos sido debidamente informados, son condiciones desventajosas y desequilibradas, donde ellos se reservan, de alguna manera, la colocación, venta y distribución de nuestro petróleo y que, además, van a cobran un porcentaje alto, por hacernos ese favor, añadiendo que van administrar el dinero que de esas operaciones se produzca.
Favor, que por cierto, nadie les ha solicitado.
Territorialidad, manejo del espacio y de la economía, de la política, decidiendo sobre la conveniencia o no de realizar elecciones, manejo incierto del futuro de los países de su esfera de influencia, todos ellos son signos innegables de la instauración clara y precisa de un sistema imperialista a toda máquina.
La reacción que debemos tener ante esta avalancha de situaciones debe estar orientada, dirigida por la sensatez y el razonamiento, por la estrategia, no permitiendo que la indignación, la molestia y la rabia que nos produce una situación, como la aparentemente planteada, obnubile nuestra visión de la realidad y nos haga tomar decisiones erradas.
Controlemos nuestra ira, es normal que exista en cierto grado, pero no permitamos que nos guíe, que nos controle, que no nos deje pensar.
Si a través de sus declaraciones, mayormente insensatas, el señor Trump nos maneja través de la rabia, de la ira que nos produce, pues está ganando totalmente este aspecto de la guerra, que podemos llamar comunicacional.
Esa es un área fundamental del control imperialista sobre sus súbitos, sobre sus colonias.
Se te quiere Venezuela, ponte ríspera, controla tu molestia y miremos al futuro con la mayor claridad posible y de nuevo:
Cuidado con el canto de Las Sirenas.