Amar y trabajar por Venezuela

Los días inciertos que vivimos deben estimular nuestra creatividad y la decisión de amar a Venezuela con un amor práctico, servicial, sacrificado, que se oponga a toda política sectaria e inhumana y busque la reconciliación y la unión como camino para juntos enfrentar y resolver nuestros graves problemas. Para ello, en primer lugar, debemos enamorarnos de Venezuela, pues sólo si la amamos con un amor firme y apasionado trabajaremos con entusiasmo y sin rendirnos, por su transformación. No olvidemos que el amor es fuente de fortaleza y de esperanza y es capaz de superar las dificultades y los problemas.

Desde hace ya un buen tiempo vengo trabajando para que los venezolanos nos enamoremos profundamente de nuestro país con un amor verdadero y eficaz que nos lleve a preocuparnos y ocuparnos por sanar sus heridas y devolverle e incluso acrecentar su antiguo esplendor.. Como me gusta repetir, yo no quiero una Venezuela ni de la cuarta ni de la quinta república, yo quiero una Venezuela de primera y ese debería ser el objetivo que nos unifique y comprometa a todos los que en verdad amamos a Venezuela.

El amor debe comenzar por conocerla, admirarla y enamorarnos de ella: No podemos olvidar que cuando en 1498, Cristóbal Colón llegó a tierras venezolanas, quedó tan impresionado con su belleza que creyó que había llegado al Paraíso Terrenal. Sus ojos ardidos de tanta luz y tanto verdor trataban en vano de captar toda la hermosura. Y de su asombro y admiración, brotó el primer nombre de Venezuela: Tierra de Gracia.

Venezuela es ciertamente un país privilegiado, lleno de encantos y prodigios, que Dios lo debió crear en una tarde en que andaba especialmente feliz. Realmente, Dios derrochó su generosidad con Venezuela y la dotó de inmensas riquezas: petróleo, gas, hierro, oro, aluminio, uranio, carbón, pesca, productos agrícolas y ganaderos….Además es imposible imaginar un país más hermoso, y en consecuencia, lleno de potencialidades turísticas..

Venezuela cuenta con un sol inapagable, playas exquisitas de aguas cristalinas sobre lechos de coral (Morrocoy, Los Roques, Mochima, Margarita, Playa Colorada, Choroní, Cata, Maya, Adícora, Buchuaco, El Supi, Villa Marina, Neima, Castilletes…); desiertos y medanales que día y noche avanzan sin descanso con sus pies movedizos de arena; llanuras inmensas pobladas de historias, corocoras y garzas, donde los horizontes, como las estrellas, se van alejando a medida que uno los persigue; ríos caudalosos que van culebreando entre selvas infinitas; árboles frondosos que parecen sostener el cielo con sus brazos; lagos y lagunas encantadas, pobladas de leyendas y de magia; tepuyes, castillos de los dioses pemón, que levantan sus frentes para asomarse al espectáculo maravilloso de la Gran Sabana; saltos, cascadas y raudales que van entonando con sus labios de agua el himno del amanecer de la creación; pueblitos montañeros que se acurrucan en torno a la torre valiente de su iglesia y se trepan a las raíces de la niebla y del frío; islas paradisíacas que parecen estrellas caídas en el inmenso cielo azul de nuestros mares; una enorme serranía habitada por el frailejón, el silencio y el viento, donde el tiempo va madurando sus cosechas de rocas; montañas corpulentas que agitan contra el cielo su blanca bandera de nieve…; en marzo y abril, Venezuela llamea en los brazos de sus araguaneyes; todas las tardes Dios se despide de nosotros en los crepúsculos de Lara y en los atardeceres de Juan Griego y acuna nuestro sueño con el guiño sublime del relámpago del Catatumbo.

Pero la principal riqueza de Venezuela no es el petróleo, ni su mayor belleza es el Salto Ángel, Los Roques o la Gran Sabana. La riqueza y belleza más importantes de Venezuela somos su gente, un pueblo generosos, alegre, creativo, emprendedor..

El amor a Venezuela debe llevarnos a trabajar con pasión y dedicación para enfrentar tres grandes retos, que contribuyan a superar sus graves problemas : En primer lugar, el reto del reencuentro y la reconciliación, de modo que profundicemos y llenemos de sentido la democracia, entendida como un poema de la diversidad, con gobernantes capaces y profundamente éticos, ejemplos de vida; con instituciones eficientes, que resuelvan problemas y poderes autónomos que se regulen unos a otros, de modo que todos los venezolanos nos constituyamos en auténticos ciudadanos, sujetos de derechos y deberes, iguales ante la ley. El segundo reto es cambiar el modelo estatista y rentista por un modelo eficiente y productivo, que asuma la educación, el trabajo y la producción como medios esenciales de realización personal y de garantizar a toda la población salarios dignos y bienes y servicios de calidad. Cuánta falata nos hace volver a Simón Rodríguez ese gran promotor de la educación ciudadana y productiva, que llegó a escribir en varias oportunidades: "Yo no pido que me den, sino que me ocupen; que me den trabajo. Si estuviera enfermo, pediría ayuda. Sano y fuerte debo trabajar. Sólo permitiré que me carguen a hombros cuando me lleven a enterrar". El tercer reto es respetar y hacer vida la Constitución y teniéndola como faro y guía, lograr un desarrollo económico y humano, con justicia y equidad, es decir, sin excluidos de ningún tipo, un desarrollo que combata con fuerza la pobreza, la miseria, el clientelismo, el populismo, la corrupción y todo tipo de discriminación y de violencia. Los venezolanos no podemos renunciar a la esperanza y debemos seguir trabajando con tesón, ilusión y pasión, por constituirnos en una república moderna, eficiente y solidaria, en la que todos podamos vivir con dignidad y, al mirarnos a los ojos, nos veamos y tratemos como conciudadanos y hermanos y no como rivales o enemigos.

Enfrentar este triple reto va a exigir múltiples respuestas de orden político, económico y social, pero también respuestas educativas. Si es bien cierto que sola la educación no es suficiente para sacar al país de la pobreza y de la crisis, es igualmente cierto que no saldremos de ella sin el aporte de una educación renovada, integral, de calidad, que alcance a toda la población venezolana, la retenga en el sistema y forme su corazón, su mente y sus manos, es decir, le proporcione las competencias necesarias para vivir a plenitud su ser de persona, para ejercer libre y responsablemente su ciudadanía, para seguir aprendiendo siempre e insertarse productivamente en la sociedad. En palabras de Paulo Freire, "la educación sola no transforma el mundo, pero forma las personas que lo transformarán". La educación por sí sola no construye nación, pero sin ella no es posible la nación. La educación sola no puede producir los cambios necesarios, pero sin ella no es posible el cambio. Si queremos que la educación contribuya a acabar con la pobreza, debemos acabar primero con la pobreza de la educación y con la pobreza económica, pero también pedagógica, emocional y espiritual de numerosos educadores.

La educación es la suprema contribución al futuro del mundo, puesto que tiene que contribuir a prevenir la violencia, la intolerancia, la pobreza, y la ignorancia. Una población bien educada es crucial si queremos tener democracias prósperas y comunidades fuertes. La educación es el pasaporte a un mañana mejor. A todos nos conviene tener más y mejor educación y que todos los demás la tengan.

 


 



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Antonio Pérez Esclarín

Educador. Doctor en Filosofía.

 pesclarin@gmail.com      @pesclarin

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