En el complejo escenario político argentino actual, marcado por el ascenso de Javier Milei y una profundización de la dependencia hacia el imperialismo estadounidense, la figura de Miriam Bregman emerge con una nitidez que trasciende las fronteras de su propia militancia. No hay duda de que hoy se posiciona como la referente más consecuente de la oposición, sosteniendo una bandera de resistencia que otros sectores han decidido arriar. Su liderazgo no es solo un fenómeno electoral, sino la expresión de una coherencia ideológica necesaria en tiempos de crisis global.
Para entender este fenómeno, es preciso recurrir a la dialéctica política. Aunque no se comparta la etiqueta del trotskismo de manera ortodoxa, es innegable la vigencia de conceptos como la Revolución Permanente, una tesis que el propio Ernesto "Che" Guevara reivindicó en su pensamiento estratégico. La situación mundial contemporánea le está dando la razón a esa mirada: al imperialismo y al capitalismo hay que darles una batalla de escala mundial, porque su ofensiva actual no conoce fronteras y ataca sistemáticamente a toda la humanidad. En este contexto, la tibieza no es una opción.
La realidad argentina nos muestra que la cúpula del peronismo ha dejado de cumplir su rol opositor. El peronismo, como fenómeno político de masas, atraviesa hoy un proceso de descomposición. La historia de América Latina es elocuente al respecto: los movimientos populistas orientados por la burguesía tienen una etapa de auge y terminan desapareciendo o sirviendo a los intereses de la clase dominante. Ejemplos como el MNR en Bolivia, el APRA en el Perú, el PRI en México o Acción Democrática en Venezuela confirman que, tarde o temprano, estas estructuras se agotan. El peronismo parece estar transitando ese mismo camino de declive histórico.
Por todo esto, se vuelve imperativo profundizar una unidad antiimperialista que se forje en la lucha cotidiana pero que también tenga su expresión en el marco de la democracia burguesa. El desafío es construir un frente electoral amplio que aglutine a la izquierda, a los comunistas y a aquellos sectores del peronismo que, ante la crisis de sus liderazgos, decidan definirse honestamente por el socialismo. En esa construcción, Miriam Bregman constituye un punto de referencia ineludible. Su figura representa la posibilidad de unir la ética de las convicciones con la acción política directa, señalando un camino de salida frente al desguace que propone el capital.