Rastros del tiempo (CLXVII)

La Doctrina Monroe: de su Enunciación a sus Implicaciones en América Latina

La Doctrina Monroe, sintetizada históricamente en la frase "América para los americanos", representa uno de los pilares más controvertidos de la política exterior de los Estados Unidos, proclamada en 1823, como una postura defensiva frente al colonialismo europeo, pero a lo largo de dos siglos, esta Doctrina se ha manifestado como un instrumento de hegemonía e intervención en el hemisferio occidental. A manera de resumen analicemos la trayectoria de esta nefasta doctrina estadounidense, desde sus raíces hasta su resurgimiento, en el contexto geopolítico del siglo XXI, evaluando las profundas consecuencias que ha tenido para la soberanía y el desarrollo de las naciones latinoamericanas.

El origen de esta doctrina se radica en el deseo de Estados Unidos, de consolidarse en una potencia independiente, temiendo la amenaza de una posible re-colonización o intervención por parte de Europa, en las nuevas republicas latinoamericanas; era una preocupación constante, por lo que el país del Norte, a través de la Doctrina Monroe, buscaba evitar la intervención de potencias extranjeras, en lo que despectivamente, ha llamado su "patio trasero", y en palabras de Monroe, cualquier intento de las potencias europeas de interferir, en los asuntos de América, sería visto como una amenaza para la paz y la seguridad de los Estados Unidos.

La Doctrina Monroe fue redactada por el entonces Secretario de Estado John Quincy Adams y presentada por el presidente James Monroe, en su mensaje anual ante el Congreso, el 2 de diciembre de 1823. La doctrina establecía tres principios fundamentales: la no colonización de territorios americanos por potencias europeas, la no intervención de estas en los asuntos de las nuevas repúblicas y la abstención de Estados Unidos en los conflictos europeos.

Inicialmente, esta Doctrina fue recibida con simpatía por algunos líderes latinoamericanos. La motivación real de Washington era posicionarse con este método, como el poder dominante en el hemisferio, al declarar que cualquier intervención europea sería vista, como una amenaza a su propia seguridad; Estados Unidos no solo pretendía "proteger" a sus vecinos, como falsamente lo venía pregonando, sino que trazaba una línea de exclusividad sobre la región, sentando las bases para una relación asimétrica, que definiría el futuro de las relaciones interamericanas, alineadas a sus propósitos, para la defensa de los intereses adquiridos, en modo de conquista, a través de su influencia como poder factico, en los países latinos.

A finales del siglo XIX y principios del XX, la Doctrina Monroe experimentó una transformación radical, pasando de ser un escudo defensivo de posibles intervenciones europeas, a convertirse en una lanza intervencionista en la región latinoamericana y el mundo; siendo el hito más significativo de este cambio, la aplicación del Corolario Roosevelt de 1904, impulsado por el presidente Theodore Roosevelt y así bajo la política del "Gran Garrote" (Big Stick, en inglés), Estados Unidos se adoptó el derecho de ejercer un "poder de policía internacional", en casos de "irregularidades crónicas" o inestabilidad financiera en los países latinoamericanos. Esta reinterpretación ha "justificado" numerosas intervenciones militares y políticas, en el Caribe y Latinoamérica, desde finales del siglo XIX y en el transcurso del XX, y aún en lo que va del siglo XXI, caso concreto la invasión y bombardeo al suelo venezolano el 3 de enero de 2026, con la trágica cifra de más de cien muertos y heridos y el secuestro del Presidente de la Republica y la Primera Combatiente.

Durante la Guerra Fría, la doctrina se adaptó para servir como herramienta de contención contra el comunismo; bajo este amparo, Washington respaldó el derrocamiento de gobiernos democráticos, como el de Jacobo Árbenz, en Guatemala en 1954, y el de Salvador Allende en Chile 1973, apoyándo regímenes dictatoriales en toda la región, con el fin de asegurar la alineación política del continente, con sus intereses estratégicos. Estados Unidos proclamó la doctrina Monroe para asegurar su influencia, sobre el continente americano en el siglo XIX, y hoy en día, ha vuelto a activarse e imponerse como fuerza fáctica, con la aplicación de la política exterior de Trump, ahora, con el Colorario de Trump.

En el escenario actual, la Doctrina Monroe ha experimentado un resurgimiento operativo y retórico, impulsado por la competencia global con potencias extrarregionales, como ha sido la creciente influencia económica y diplomática de China y la presencia militar de Rusia en América Latina, lo que ha llevado a la administración estadounidense, a invocar nuevamente los principios de Monroe 1823, para calificar estas alianzas como amenazas a la seguridad hemisférica, para los intereses de los Estados Unidos.

En la actualidad Estados Unidos utiliza la doctrina Monroe, para presionar a países como Venezuela, buscando limitar su cooperación con otras potencias; pero el motivo del imperio gringo no es otra cosa, que la intencionalidad de explotar el petróleo y demás recursos naturales que posee el suelo venezolano. La Estrategia Nacional de Seguridad de Washington, vincula el control de rutas comerciales y activos en la región, con la estabilidad interna de Estados Unidos, lo que algunos analistas denominan un "corolario moderno" o "colorario de Trump". El uso de una retórica de estilo imperial tiende a alienar a los socios regionales, quienes ven en la diversificación de sus alianzas, una forma de ejercer su propia soberanía, frente a la presión de Washington.

El impacto de la Doctrina Monroe en América Latina, significa el condicionamiento, tanto de su identidad geopolítica, como sus estrategias de desarrollo. Históricamente, esta doctrina ha funcionado como un "cheque en blanco" para el intervencionismo, lo que ha generado un fuerte sentimiento de resistencia y la búsqueda de una política exterior autónoma, por parte de los países de la región latinoamericana y del Caribe. En respuesta, la región ha impulsado mecanismos de integración que tratan de excluir o limitar la influencia de Estados Unidos, como la creación de organismos como la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) y la UNASUR, que refleja el deseo de las naciones del sur, con la finalidad de gestionar sus propios asuntos sin la tutela de Washington.

Sin embargo, la persistencia de la visión de la región como una "zona de influencia" exclusiva, a la vista del imperialismo yanqui, sigue obstaculizando la capacidad de los países latinoamericanos, para negociar en igualdad de condiciones, en un mundo multipolar. Con esta doctrina los gobiernos de Estados Unidos, han forzado a la región a oscilar entre la subordinación estratégica y la confrontación diplomática, dificultando la consolidación de un bloque regional cohesivo.

La Doctrina Monroe ha sido una mezcla compleja entre la supuesta "protección" inicial, y dominación posterior, por parte del imperialismo. Lo que comenzó como una declaración de principios contra el imperialismo europeo, ahora se ha convertido en un ejercicio hegemónico estadounidense, en América Latina. En el siglo XXI, lejos de ser un concepto obsoleto, la hegemonía de esta doctrina sigue influyendo en la forma en que Estados Unidos percibe y reacciona, ante la presencia de otras potencias en el continente, ahora, como China y Rusia.

El futuro de las relaciones hemisféricas en América Latina y el Caribe, dependerá, de la habilidad política de los estados soberanos y el accionar de los pueblos de la región, para consolidar una voz propia en un sistema internacional, que contribuya a detener las acciones brutales, como la realizada el 3 de enero de este año, violando la Soberanía Nacional del suelo venezolano, dejando más de un centenar de personas muertas y heridas, producto del brutal bombardeo, y secuestrando al Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro y su esposa, la Primera Combatiente y diputada Cilia Flores, en flagrante violación al Derecho Internacional y demás leyes y tratados intenacionales.


 



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Reinaldo Chirinos

Licenciado en Educación Mención Desarrollo Cultural. Facilitador del INCES.

 reinaldoc06@gmail.com

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