Pildoritas 72 (año VIII)

Un avión Santandereano para el “rescate” de un cadáver político

Quienes han gobernado Colombia y quienes actualmente lo hacen, no desperdician la oportunidad para demostrar cómo son los herederos de quien se llevó a la tumba la triste acción de ser, uno de los más conspicuos traidores a quien llegó al territorio colonizado, esclavizado y despojado para llevarle la libertad.

Siempre ha sido así, desde que a Santander, en mala hora le fue perdonada la vida por su traición e intento de magnicidio e inicio, con su actitud, lo que ha sido a lo largo de la historia una conducta de todos los gobiernos de ese país que lamentablemente, dando la espalda al legado del genio de América, se ha entregado y puesto de rodillas ante el imperio de los últimos tiempos.

El gesto inamistoso del presidente Santos, al enviar un avión presidencial a trasladar al nefasto declarado enemigo de Venezuela, el expresidente Español Felipe González, de una forma tal que parecía un rescate de un secuestro, es una muestra de su desprecio e irrespeto por la autoridad soberana, de un país al cual en buena parte le deben la materialización de la libertad del yugo español.

Ahora bien para que ese hecho sucediera debió haber consentimiento de nuestro gobierno, porque bien sabemos que por normas internacionales ninguna nave de bandera extranjera, puede volar nuestro cielo y menos aterrizar sin previa autorización.

La verdad es que del país vecino, mal vecino, lo que podemos registrar históricamente son gestos de enemistad, con los que permanentemente se agrede a nuestra patria y sin embargo nuestro país, victima indirecto de una guerra fratricida de más de sesenta años, se ha convertido en refugio de quienes huyen del conflicto, los llamados desplazados, pero también de un buen porcentaje de delincuentes, los llamados paramilitares, quienes como se ha comprobado entran, unos por su propia cuenta, y otros contratados y protegidos por el sector más ultra de la derecha venezolana, en su afán de lograr un estado de caos y por esa vía hacer buenos, como en muchos otros países, los planes perversos del imperio para convertirnos de nuevo en su colonia.

No por nada en el territorio de este mal vecino, el imperio con la venia del gobierno, en una demostración de lo poco que les importa su soberanía, ha instalado siete bases especialmente dotadas para la guerra que nadie duda seria contra nuestro país.

Luce inexplicable, el que si por nuestra frontera nos inoculan criminales profesionales y se llevan millones de litros de combustible y toneladas de alimentos y otros productos, nos pretendan utilizar de puente para exportar su producción de droga, encima se conviertan en apoyo disimulado y a veces descarado de las fuerzas contrarevolucionarias y sean refugios de golpistas que huyen de nuestra justicia como es el caso de Pedro Carmona Estanga.

Ya no cabe duda, entonces, que todos los herederos de Santander, el precursor de la traición que registra la historia contra el Padre de la Patria común, en la gesta independentista americana, han jugado perfectamente su papel de, satélite imperial como son, colocarse al lado de quienes aquí actúan de manera descarada intentando cumplir los planes de dominación que el imperio no oculta contra nuestra patria.

En conclusión y porque son demasiadas ya, las evidencias que demuestran con quien han estado y están cuadrados los gobiernos de la “hermana” República de Colombia, no es extraño que suceda lo que sin inmutarse el Presidente Santos, como buen Santandereano, se ha atrevido a hacer en la casi que huida cobarde del bien llamado abogado del diablo.

Y eso que es preferible no recordar, pero tampoco olvidar los enormes daños que el antecesor de Santos le causo a nuestra patria, hasta el punto que muchos de los crímenes emblemáticos a nuestros líderes han salido, nadie lo duda de su mente diabólica y desde su país es inspirador de toda la tragedia que en los últimos dos años hemos vivido con la violencia, la guerra económica y los medios privados de comunicación en perfecta armonía en búsqueda de un objetivo común: acabar con la revolución bolivariana.


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Saúl Molina


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