Las firmas de la dignidad

El imperio y mucho menos la oposición apátrida imaginaron nunca la extraordinaria expresión de dignidad, valentía y  compromiso que tiene el pueblo venezolano con su patria en los momentos más aciagos. No hay que olvidar que una de las fibras más vigorosas y de profundo arraigo en el corazón del pueblo venezolano, ha sido la que mueve poderosamente la convicción antiimperialista y por lo tanto la asunción con la que ha asumido la defensa de la soberanía nacional, desde los tiempos en que Álvaro Uribe –y también el gobierno de Bush y Aznar- han intentado mancillarla verbal y con amenazas de intervención bélica. Y es que cuando se trata de la patria no importa cuán poderoso en términos militares sea el enemigo o la dimensión geográfica que tenga la nación agresora, porque lo que realmente sí importa, es que todos los nacidos en esta amada tierra, la llevamos en el corazón y esta arraigada en nuestra mente su defensa y amarla por siempre.

Se trata, desde luego, de un legado contentivo en el ideario del Libertador Simón Bolívar que el Comandante Chávez lleva en la arteria de su legado universal.

Justamente, eso es lo que en todos estos días de gran efervescencia y movilización popular, previos a la Cumbre de las Américas, el pueblo venezolano ha querido dejar constancia y manifestar su más rotundo rechazo ante la infame agresión que hemos sido objeto, al declararnos  como amenaza para los EEUU, que es precisamente a quien se reconoce como el imperio más poderoso, genocida y violador de los derechos humanos del planeta. Esto no es una simple aseveración: a largo de la historia de esa nación “belicosa” (como ya la identificaba nuestro libertador), hemos sido testigos de  cruentas masacres y dolores causados por invasiones militares a muchos pueblos del mundo en nombre de la  “democracia” e invocando supuestas amenazas a su seguridad. Son innumerables los actos de guerra que sin ningún miramiento, o en nombre de la “guerra preventiva” contra cualquier país, perpetran los gobiernos norteamericanos, a veces aliados con otras fuerzas imperiales o militare del mundo. Pareciera casi una ficción, pero es justamente lo que han tenido que sufrir los pueblos de más de 70 países con intervenciones militares declaradas y documentadas, sin contar las operaciones secretas y encubiertas en muchos países.

Hoy una vez más los venezolanos, hemos respondido mayoritariamente al llamado del clarín de la patria. Como nunca antes, ha sacado a flote su casta de patriotas para decirle al mundo entero que Venezuela  es un pueblo de paz y que estamos decididos a defenderla en cualquier circunstancia.

Es fundamental analizar cuál ha sido el triste papel jugado por la oposición venezolana, ante la conspiración e injerencia permanente del Gobierno de los Estados Unidos y las amenazas contra el país, convertida en realidad a través de la demente e infame orden ejecutiva de Obama. Habríamos preferido que nuestras diferencias se hubieran mantenido en el plano de la diplomacia y el derecho internacional, pues, como lo afirman las mediciones de opinión, el sentir de todos los venezolanos,  manifiesta no querer confrontación con país alguno. Es y ha sido parte de nuestra historia republicana, somos un territorio de paz y de ese camino nada ni nadie podrá sacarnos.

Como hemos señalado otras veces, la oposición se ha dedicado en todos estos años a jugar a dos bandas, con posiciones que transitan la senda democrática hasta el golpismo y por eso permanecen inmutables y se niegan a pronunciarse abiertamente en contra de tal medida imperial. En ese juego han estado durante estos 16 años y por eso  seguirán siendo derrotados.

En esta ocasión, la mayoría de sus voceros han optado por la descalificación y banalización de lo que significa un hecho sin precedentes en la historia política venezolana. Sin duda, que no aprendieron nada de Chávez, quien siempre dio un paso al frente y tomó posición sin ambigüedad ante cualquier circunstancia, por más difícil que esta fuera. Salvo algunas individualidades estamos frente a una oposición incapaz de deslindarse abiertamente con esa política agresora y guerrerista de Washington, para lo cual ya se escriben los primeros párrafo de un tórrido capitulo que plasme para la historia la actuación de un sector de la vida nacional en los momento más apremiante de la patria.

Una conducta que encuadra en esa práctica de jugar a dos bandas y de banalizar hasta la burla misma cualquier acontecimiento; una estrategia que con toda responsabilidad viene denunciando de manera reiterada el Presidente Maduro.

Esta vez ni siquiera ante una flagrante agresión a la patria que nos dejara el Libertador Simón Bolívar con el infame decreto firmado por Obama declarando a Venezuela como “una amenaza inusual y extraordinaria” para los EEUU los ha hecho reaccionar. Entendemos que  puedan existir diferencias políticas e ideológicas porque definitivamente creemos en modelos distintos, pero no pudieron sacar algo de dignidad, para fijar una posición patriota como lo ha hecho abrumadoramente la gran mayoría de los venezolanos.

Ha quedado en evidencia, la actuación y visión imperial del gobierno de los EEUU sobre el mundo, queriendo con sus largas garras volver adueñarse y controlar todo lo que junto a Chávez decidimos soberanamente que era nuestro: El petróleo y demás recursos naturales. Estamos seguro que allí está el trasfondo del problema, y no podemos dejarnos confundir ni distraer porque las distintas  medidas o acciones en escalada que frecuentemente accionan contra nuestro país, todas llevan como lugar común, el despojo y apropiación de nuestras riquezas.

De igual forma han pretendido desconocer e incluso tratado de ridiculizar cada vez que se realiza una denuncia y se han abortado planes magnicidas para acabar con la vida del compañero presidente Nicolás Maduro. Han sido tanto los intentos, como contundente la repuesta de los organismos de seguridad del estado. Ellos vienen cumpliendo un rol fundamental en sus labores de inteligencia y contrainteligencia, dedicados a  recabar las pruebas necesarias y tomar las medidas para contener, neutralizar y disuadir cualquier acción desestabilizadora y terrorista que se planifican contra la institucionalidad, la integridad física del presidente de la república y de otros dirigentes o figuras destacada del quehacer político nacional.

Con el decreto malévolo finalmente tenemos la prueba más fehaciente de la participación directa de los EEUU en los planes para desestabilizar el gobierno revolucionario, primero con Chávez y ahora con Nicolás Maduro, quienes han venido encubriendo, financiando e impartiendo las directrices a los dirigentes más recalcitrante de la derecha, y cuando ya se dieron cuenta que ésta no les funcionaba optaron por echarla a un lado y ponerse ellos mismo al frente.

Tal vez algunos vende patria se alegren y diga que han conseguido lo que siempre se venia denunciado, la existencia de planes imperiales sobre Venezuela. Mientras que la prueba que ellos esperan del magnicidio, jamás se la daremos ni permitiremos que la obtengan, porque para ello lo único que sustentará esta denuncia seria la propia muerte del presidente. Por ahora, estamos en vísperas de una de las mas aplastante victoria electoral que haya alcanzado la revolución bolivariana y tendremos presidente para rato en defensa del legado del comandante Chávez.

Es despreciable y repugnante la actitud lacaya que hoy asumen quienes se erigen como los líderes del oposicionismo, arrodillados y entregados a los intereses imperiales, demostrando cuáles son sus verdaderas intenciones en caso de volver a gobernar el país. La repuesta del pueblo no se ha hecho esperar. El gigante Chávez no aró en el mar, porque el sembró en tierra fértil y cuenta con un pueblo consciente de su responsabilidad histórica.

Hemos sido testigos, de numerosas manifestaciones de apoyo y solidaridad de los pueblos del mundo con el pueblo venezolano, más allá de que puedan compartir  el proyecto bolivariano y el modelo de inclusión que llevamos adelante. Asimismo, hemos visto un inusitado fervor patrio, que ha movilizado a muchos venezolanos, quienes han apartado posturas políticas-ideológicas o partidista, cerrando filas sin ataduras, sin miedo y con determinación absoluta, para defender una sola bandera, un solo escudo, un solo himno, es decir, una  única, indivisible y soberana patria.

Esta campaña nacionalista ya es un sentimiento popular, que nos mueve ahora cuando está en peligro el sagrado suelo venezolano, un sentimiento tan grande que toca la fibra más profunda que llevamos de nuestros libertadores, nos ensancha el pecho, y nos llena de fortaleza, sobre todo al saber que Venezuela no está sola. Un fruto más de la siembra en tierra fértil que nos legara el comandante Chávez siempre tendiendo la mano amiga a los pueblos del mundo.

No es exagerado decir, que prácticamente no ha quedado ningún rincón del planeta donde los pueblos no hayan expresado la solidaridad con Venezuela, en repudio al decreto de Obama y exigiendo su derogatoria inmediata. Son muestras inequívocas que un mundo nuevo está emergiendo, que exige relaciones de respecto e igualdad entre las naciones y total apego al derecho internacional.

En este contexto, hemos visto diversas manifestaciones de apoyo y respaldo al gobierno bolivariano a nivel nacional e internacional, que se ha expresado en numerosas marchas, concentraciones, vigilias, asambleas y una gigantesca recolección de firmas sin precedente, que se ha planteado recoger 10 millones de firmas para ser llevadas a la Cumbre Presidencial de las América que se realizará en Panamá durante el 10 y 11 de Abril, como muestra de rechazo ante la agresión de los EEUU. Allí esperamos, dejarle por escrito al “mister danger” de estos nuevos tiempos, que en Venezuela existe un gobierno hecho pueblo que exige la derogatoria de su decreto ya.

Una gran campaña, que deja por sentado, que no somos una amenaza para nadie, ya que somos un pueblo de paz y por el contrario constituimos una esperanza para la construcción de un mundo de hermandad y solidaridad.

No es tiempo para quedarse en casa, esperando el conteo diario para enterarnos de cuantos patriotas han dado un paso al frente y salido a firmar, con total comprensión y claridad del momento que estamos viviendo.

Debemos seguir trabajando hasta el último aliento para incentivar, visitar, tuitear un mensaje, y lograr que nadie se quede sin sellar su compromiso patrio. Salgamos al frente de todas esas campañas mediáticas que tratan de desvirtuar esta amorosa iniciativa y no tengamos que lamentarnos después por no haber respondido a este llamado. Es el momento de demostrar quienes estamos con la patria.

Esos millones de firmas de dignidad van rumbo Panamá, precisamente un país que en un pasado muy reciente sintió en carne propia la bota yanqui, que sufrió el bombardeo de su población civil y el desembarco de marines en su sagrado territorio, será sede de la Cumbre de las Américas, allí se llevaran millones de voces con gritos de esperanzas para demostrarle a Obama, que todo su poderío militar jamás podrá silenciar la voz de los pueblos, por eso recordamos lo dicho por Chávez: “El destino de Venezuela está escrito, es la paz, es la democracia, es el desarrollo y es la grandeza, está escrito y de allí nadie nos va a apartar”.

Nuevamente la Cumbre de las Américas será el escenario de nuestra vocación libertaria y soberana, antiimpelista: aquella del 2006 cuando le dijimos adiós al Tratado de Libre Comercio (ALCA) en Mar del Plata, Argentina, y hoy, con nuestras firmas dignas y patrióticas, exigimos la derogación de un Decreto absurdo, injerencista y atentatorio de nuestra soberanía.


sirapta@gmail.com



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Miguel Leonardo Rodríguez


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