Infiltrados con un proyecto propio

Siguen apareciendo señales de corrientes divisionistas en el campo revolucionario, que se han alebrestado aun más de lo que estaban con la carta cizañera de Giordani. Por ahí apareció Rafael Isea, pontificando desde Estados Unidos, donde ahora reside, y poniéndose al lado del “Monje”.

Isea pinta un escenario lúgubre en Venezuela, al decir que “los arribistas abundan en el Gobierno” y advirtiendo que la ausencia de reflexión en el PSUV “conduciría a la división y debilitamiento de las fuerzas revolucionarias…" Imagino ahora a los miembros de las direcciones regionales y municipales del PSUV guardando silencio ante las fallas… o a los miles y miles de funcionarios honestos callados ante los abusos, la corrupción y las fallas, solo por evitar ser expulsados del partido o perder su trabajo”. Peor imagen no se puede presentar. Una de las características del ataque divisionista es caracterizar prácticamente a todo los altos funcionarios del Gobierno de corruptos, salvo a aquellos ángeles de pureza que se plieguen a los dardos de Giordani y compañía.

Simultáneamente alguien, que no sabemos quién es, ha puesto a circular en las redes un supuesto audio (¡de 2012!) del ex embajador de Venezuela en Alemania, Rodrigo Chaves Samudio, donde se prende un verdadero ventilador de porquerías contra Maduro, Rafael Ramírez, PDVSA y hasta el mismo Chávez. Todos serían corruptos o protegerían la corrupción. El común denominador de estas “denuncias” de los divisionistas y del audio en cuestión es que no se refieren a ningún delito en concreto. Tal como hace la derecha, lanzan caca a diestra y siniestra sin una sola evidencia, sin un solo indicio que pudiera darle a sus infamias algún viso de credibilidad. Si no presentan nada, no son más que calumnias, infundios tras los cuales se escudan ambiciones, ansias de poder o cierto “izquierdismo trasnochado” intelectualoide que ya fue descrito por Maduro.

Ahora bien, se les ha abierto una oportunidad a los oportunistas para encontrarse y tratar de sabotear el Congreso del PSUV, con la intención de que ese esfuerzo se pierda en el debate de sus deslealtades, ambiciones de poder y delirios “socialistas”. Bien pendejos nuestros dirigentes si lo permiten. A esas langostas hay que espantarlas antes de que contaminen el huerto. Ya lo dijo Diosdado Cabello: “Los grupitos que critican quieren tratar de controlar el Congreso del partido”

El Congreso del PSUV debe atender problemas reales, la situación económica, hacerle planteamientos serios al país. Pero eso no podrá lograrse si caemos en la trampa de aceptar para el Congreso del partido la agenda divisionista. Que se abran, que conformen sus propias organizaciones y luchen para conquistar el favor de ese pueblo del que tanto hablan y del cual están tan lejos. Esa es la democracia y no la obligación de aceptar como tontos las agendas subjetivas de cualquiera. Que conformen sus espacios y que dejen al Gobierno revolucionario trabajar. Si no les gusta Maduro, que monten tienda aparte, nadie se los impide. Pero que no se pongan a joder en el Congreso del PSUV, eso sí es inaceptable.

Como ejemplo de lo que digo, está la convocatoria a una fulana “Conferencia Nacional Abierta” el 19 de julio próximo, hecha por un grupo trotskista llamado Marea Socialista. Como todas las organizaciones autodenominadas trotskistas, Marea Socialista profesa el obrerismo, el horizontalismo y promueve ideas tributarias de cierto anarquismo pequeño burgués. Ya desde tiempos de Chávez tienen un proyecto propio. Su escaso trabajo de base, aunque han ocupado algunos espacios minoritarios al nivel sindical, tratan de compensarlo: han infiltrado al PSUV desde hace algunos años para tratar de colonizarlo, de canibalizarlo y de sacar provecho de él en función de su proyecto grupal. En realidad son una carga y no un aliado.

En el documento de convocatoria, los trotskistas dejan ver la cola de sus intenciones. En medio de la verborrea “chavista” de moda, con la cual tirios y troyanos se justifican queriendo ser todos más papistas que el Papa, se puede leer cosas como esta: “… el gobierno del Presidente Nicolás Maduro, el gobierno que votamos el 14 de abril de 2013 y que defendemos frente a los ataques de la derecha y el imperialismo, pareciera que se estuviera quedando sin respuestas. O, a veces peor, equivoca el camino. Está cayendo en la trampa preparada por los que organizaron el golpe de abril de 2002. Cede a la presión del capital frente a lo que él mismo reconoce como Guerra Económica… en los espacios de “dialogo” abiertos por el gobierno para la oposición política y económica, es la personificación del capital la que impone las condiciones y hace exigencias. Y hasta los grandes centros del capital financiero internacional, los mismos que han provocado la actual crisis que sufre el planeta, piden más y más medidas a su favor. Buscan imponer las condiciones y por aquello de que “no hay peor cuña que la del mismo palo”, exigen que sea el gobierno que nosotros elegimos el que nos aplique el ajuste neoliberal que ellos reclaman”. Eufemismo más, eufemismos menos, este documento pinta a Maduro como un facilitador de la burguesía y del neoliberalismo.

Afirma también el documento:

“Nuestro pueblo quiere que se le oiga, pide que sea escuchada su verdad. Que se lo reciba, no ya en la calle, de recorrida urgente, no en Miraflores, en las empresas, en las comunidades, sin listas proscriptivas ni censura previa, en reuniones abiertas. Cara a cara quieren dialogar con el Presidente que votaron, con su presidente obrero, y ayudarlo a gobernar como pidió Chávez el 8 de diciembre: ‘siempre con el pueblo y junto al pueblo’. Quieren ser escuchados, para aportar las soluciones a los problemas que sufren, con su experticia y su conocimiento. Quiere aportar soluciones que son opuestas a las del capital. Quiere poner a la orden su capacidad de pelea. De lucha por ese sueño, esa utopía, construida junto a Chávez y que hoy corre peligro”.

Como buenos ultrosos, los trotskistas se toman la prerrogativa de hablar en nombre del “pueblo” y de asumir su representación aunque este en modo alguno se la ha otorgado. Bien, el pueblo siempre quiere que se le oiga, no es nada nuevo. Pero sus principales problemas en la actualidad no son políticos, sino económicos. Lo que más quiere no son reuniones con Maduro, sino que mejore el abastecimiento de productos y que se detenga la fuerte espiral inflacionaria. Eso es lo que dicen todos los estudios serios. El pueblo reclama soluciones económicas y no asambleas. Esa es la “realidad real”, como algunos dicen. De eso es lo que tiene que ocuparse el Congreso del PSUV, de los problemas verdaderos y sus soluciones, del modelo económico.

Marea Socialista, en medio de sus veleidades pseudo-chavistas, adosa las posiciones de Giordani y carga duro contra el Gobierno revolucionario: “Sin embargo, ese muro de silencio que pretenden construir, con descalificaciones, amenazas y persecución se ha resquebrajado. La Carta del ex ministro Jorge Giordani puso blanco sobre negro el debate necesario y ya no podrá cerrarse ese debate. La sanción sobre el también histórico dirigente Héctor Navarro, confirma que hay un sector en el partido que prefiere el silencio, propio de los regímenes antidemocráticos, que el bullicio vital del debate de un pueblo movilizado y sus dirigentes. Rechazamos la descalificación y la acusación personal como argumentos políticos, método propio de los que quieren silenciar el debate”. La verdad es que, como dijo un dirigente revolucionario, esta “disidencia” pretende que “escucharlos” es estar de acuerdo con todo lo que dicen y proponen. Si el PSUV no debate sus caprichos, entonces no es democrático. Pues hay quienes pensamos que hay cosas más importantes que debatir que la carta de Giordani.

Ya en la cima de sus delirios, los trotskistas llaman abiertamente al Gobierno revolucionario “la Casta”: “No esperamos ser comprendidos por la Casta y sus medios. No nos interesa. Le hablaremos al presidente Maduro y esperamos que nos escuche pero sobre todo a nuestro pueblo. Trabajamos en la construcción de un instrumento capaz de actuar de motor, impulso, y energía para ayudar a cambiar el rumbo actual que pone en riesgo el futuro de las conquistas de la revolución, de nuestra república y de la patria grande”. Pues que armen su “instrumento”, tienen derecho. Pero tal instrumento no puede ser un ariete para abrir intempestivamente la puerta del Congreso y meterse a sabotear, a dividir, a hacer perder tiempo al partido que tiene el deber de debatir los verdaderos problemas del pueblo y contribuir a hallar soluciones, como importante ontribución para combatir al imperialismo y al fascismo.

Que los divisionistas, como decía Chávez, se terminen de ir.



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Néstor Francia


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