Los bebés del puntofijismo

Ramos Allup hizo un exquisito postre con Yon Goicoechea, luego de almorzarse, en la mesa de la unidad, a los “manitas blancas” y a la muy aliñada “sociedad civil”. De esta última, en sus tiempos de chavista glotón, Luis Miquilena preguntó de lo más culinario: “¿con qué se come eso?” Bien, con receta y todo, se lo acaban de explicar los viejos partidos de la Cuarta República.

Yon está de muerte, después que el viejo zorro adeco se lo degustó como un flan de frambuesa. Todavía se relame el condenado. Las primarias de la oposición parecieron un sádico acto de pederastia gastronómica. Los carcamales de AD, Un Nuevo Tiempo (que es lo mismo) Copei y Proyecto Venezuela gozaron de lo lindo cenándose a los chicos manos blancas y a la virginal sociedad civil. Y yo que me la llevé al río, creyendo que era mozuela, cantó el inmortal Federico aquella noche de Santiago.

Mientras Ramos Allup, con sádico deleite, cataba a Yon cual nuevo aperitivo, el viejo Salas Römer enviaba al circuito de la muerte al mancebo Julio Rivas, donde un empresario siciliano se lo devoró como pollo beneficiado y transgénico, de esos que no le gustan a Evo. Con más finura en el arte de comer, María Corina puso a Ricardo Sánchez de segundo plato, un consejo culinario de la embajada. Receta ésta de cocina americana que la Machado aceptó solícita, al igual que Sánchez, más crujiente y saltarín que papita Wendy.

No era 28 de diciembre pero parecía la noche de los inocentes. Aveledo, Omar Barboza y Ramos Allup, vale decir Copei, UNT y AD, reían como un trío de saciados Herodes. Primero Justicia se prestó para la matanza de imberbes. Sacrificó a Goicoechea (aprende, muchacho) y a cambio, el trío mataniños le entregó la cabeza de Enrique Mendoza, un peligro permanente para el partido amarillo en Miranda, su predio particular. “Gallina vieja da buen caldo”, murmuraron Julio Borges, Ocariz y Capriles, mientras se tiraban un sorbo de su viejo mentor y financista.

Con la consigna: ¡Estudiantes, plas, plas! ¡Estudiantes, plas,plas!, los viejos partidos envolvieron a la “sociedad civil” e hicieron un pastel no precisamente de Chucho. Sin remordimiento, se cogieron el 99 por ciento de los puestos salidores en los circuitos y cabeza de lista en los estados, cuando en las encuestas el más favorecido de esos partidos no supera los 3 puntos. ¡Ni Jalisco!

Un indignado Yon Goicoechea vociferó que Ramos Allup es un “personaje nefasto”. El viejo zorro respondió con una sonrisa congelada de burlona Mona Lisa. “No cederemos ningún puesto”, dijo prepotente y despectivo. ¿Dónde está el movimiento estudiantil de la derecha? No existe, Yon. Todo eso fue mediático. Cuando los vuelvan a necesitar, allí estarán las pantallas de televisión para proyectar sus manitas blancas y sus consignas vacías, hasta el próximo “negro”. O las próximas primarias.

Quién iba a imaginar que la Cuarta República resucitaría de mano de los manos blancas, la “sociedad civil” y el bullicio estudiantil derechista. Por muy nefasto que sean Acevedo, Ramos Allup y Barboza, el puntofijismo vuelve a la Asamblea Nacional sobre el lomo de Goicoechea, Stalin, Sánchez, Guevara, Rivas y todos esos chicos y chicas “ultramodernos” de las universidades privadas y algunas autónomas. Vaya tristeza generacional. Los hechos históricos, dice el viejo Marx, se repiten una vez como farsa y otra como tragedia. Algo de farsa y algo de tragedia tiene la saga de estos jóvenes que la historia inmortalizará como los bebés del puntofijismo.



earlejh@hotmail.com


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Earle Herrera

Profesor de Comunicación Social en la UCV y diputado a la Asamblea Nacional por el PSUV. Destacado como cuentista y poeta. Galardonado en cuatro ocasiones con el Premio Nacional de Periodismo, así como el Premio Municipal de Literatura del Distrito Federal (mención Poesía) y el Premio Conac de Narrativa. Conductor del programa de TV "El Kisoco Veráz".

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