Qué vaina con esos adecos

Si los adecos no están locos, entonces este país se jodió y para mal en peor, están enfrentados, por lo que Ramos Allup, se fue a medianoche a la sede del partido en La Florida y embraguetó una raya ancha que pintó de amarillo y crispado de emoción sentenció: de aquí no pasas -Bernabé- "te estamos esperando". Y eso lo mantiene zafio ahíto de ser dueño de un partido que perdió la seriedad de aspirar al poder y se mantiene sumergido en el mundo de las necedades por quien dice ser su secretario general de por vida, prestándose de conformidad a conformar una jauría de microspartidos que todos ladran por querer enterrar a Venezuela.

Mientras Bernabé dormía en la casa de AD en El Paraíso donde roncaba, soñaba y despertaba. Y en cada trozo de sueño que tenía al único que veía era a Ramos Allup, quien sin hablarle lo veía y no dejaba de mirarlo, pero pasado un buen rato, Bernabé dejó de mirarlo y, Ramos Allup finalmente iba hablar, pero la voz no le salía de su boca que a Bernabé le dieron ganas de gritar al verlo atascado de rabia ingrata, pero no se sabe cómo fue que de la nada apareció la figura del caudillo Luis Alfaro Ucero, vestido de ultroso e inmediatamente intervino con horropilante frase que, pudo decir, hablen que, por la boca mueren los adecos viejos.

Y Ramos Allup habló. Y solo dijo: Bernabé, si tú eres Florentino. Yo soy el diablo. ¿Y esto qué es -pregunto- Bernabé en el sueño? Y los tres enredados como estaban formaron un trío y le pusieron por nombre: "si Adelita se fuera con otro."

Pero el trío que formaron no fue de cantantes, sino de oradores que, para cada uno de ellos hablar, se fueron a Miraflores y, cada uno soltó sus añoranzas con Rómulo en el poder, es decir, retrocedieron dentro de la máquina del tiempo adeca, a los años de 1959 a 1964.

Rómulo Betancourt como picado de viruela con la voz fruncida de inquietud y con las manos chamuscadas que se quemen si agarro fallo fue, el primero que hizo uso de razón con su palabra de hablante transitorio como viejo dirigente pasado de moda que, a cada uno de ellos le asignó un puesto momentáneo dentro de su administración que quedó así:

Presidente del TSJ: El caudillo Luis Alfaro Ucero.

Presidente del CNE: Bernabé Gutiérrez.

Encargado como presidente y secretario de Acción Democrática: Henry Ramos Allup.

¿Quién quiere tomar la palabra que aquí nadie impone y vamos a democratizarnos como una vez lo hicimos? Dijo el presidente Rómulo.

¡Oh sorpresa! Qué causalidad. Se pararon los tres. Entonces, habló Rómulo: vamos a manos y bolsa. ¿Entendido? Entendido.

Cada uno de los tres fue metiendo la mano derecha por turno entre la bolsa y sacando su papelito que, sin ninguno abrirlo y mirar su contenido: eran observados por papá viruela.

Descúbranse dijo Rómulo. Y cada uno de ellos abrió su papel. Y los tres asombrados mostraron que su papel estaba en blanco. ¡Blancos como nosotros! Pudo haber pensado el padre de la democracia adeca.

¿Se dan cuenta lo que ha sucedido? Preguntó Rómulo y, al unísono los tres respondieron: no.

Claro que no, si ustedes de ser son unos mismos tracaleros que lo saben todo y lo que saben es gimotear que, esperan del pueblo todo y, al pueblo no le dan nada que, por el solo hecho de ser dirigentes se creen poderosos plenipotenciarios que del pueblo no se lo han ganado y, yo soy aquí, el pueblo. Y ustedes como adecos, me dan lástima que, ninguno de ustedes se ha ganado con esfuerzo, valentía, lucidez y consciencia el cargo que los asomé y, todos ustedes son unos farsantes que quieren obtener todo a costa de nada y todavía tienen el cinismo plural de aspirar a llegar a Miraflores a embrutecer con sus falsas expectativas de pendencieras ideas que frustan de rudimentarias a un pequeño conglomerado que está más "quemado" que ustedes.

Ramos Allup quiso intervenir y Rómulo con solo mirarlo lo paró en seco y, viéndolo fijamente a los ojos después de observarlo con mucha paciencia se atrevió decirle: calla hombre que Bernabé es más adeco que tú y, por más que trates de ofenderlo y desmoralizarlo: él te cubre de paciencia, pero recuerda que la paciencia también tiene sus límites y, ya es hora que de una buena vez comiencen a pensar como adeco que necesitan de más reformas y tú de buenos consejos.

Se vieron entre sí y ninguno de ellos dijo una palabra más delante de Rómulo.

Entonces se fue la luz y Bernabé despertó sin saber qué había pasado y, en la sede del partido AD en La Florida -Ramos Allup- seguía cuidando su raya amarilla.



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Esteban Rojas


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