El que se para pierde

No sorprende a propios y extraños que, de manera súbita y por invocados motivos previsibles, la fracción de la derecha golpista que participa como representación de la autodenominada Mesa de Unidad Democrática , MUD, haya decidido “congelar” su presencia en la Mesa de Diálogo promovida por el gobierno del Presidente Maduro y que cuenta con la Facilitación de los cancilleres de los gobierno de Brasil, Colombia y Ecuador y la Veeduría del Estado Vaticano, en la persona de su Nuncio Apostólico (Embajador) en Caracas.

Se trata de una estrategia usualmente utilizado en este tipo de procesos políticos de solución negociadas de conflictos políticos – sean pacíficos y/o armados – mediante el cual una de las partes – generalmente la que ejerce las acciones que son objeto de la discusión negociadora – utiliza ésta táctica, con el fin de presionar al contrario para obtener concesiones tácticas o estratégicas en la mesa de negociaciones, las cuales no puede alcanzarla con su propio accionar y el de sus aliados, lo cual los coloca en una situación de debilidad negociadora que le obligaría a aceptar las propuestas fundamentales de su contraparte – generalmente, la representación de un gobierno.

Sin embargo, en el caso de la representación de la MUD es importante destacar el hecho del carácter contradictorio de sus posición política por cuanto, pareciera tratarse de una representación de un sector de los grupos políticos y agrupamientos sociales diversos y contradictorios de la derecha favorable al derrocamiento del gobierno democrático del presidente Nicolás Maduro Moros pero que carecen de la vocería “oficial” de la dirección de la guarimba terrorista, agrupada alrededor del plan golpista #LASALIDAYA, representado en las personas de Leopoldo López, jefe de Voluntad Popular, Antonio Ledezma, de Bravo Pueblo y la exdiputada María Corina Machado; por lo que sus propuestas en la mesa de diálogo, aun cuando recogen lo fundamental del proyecto de los sectores subversivos de la derecha venezolana, no tienen la vocería de la subversión guarimbera y por ende, la capacidad para acordar aspectos fundamentales de la agenda de las negociaciones (reconocimiento de las autoridades del Estado, renovación de Poderes Públicos, agenda parlamentaria, presos, exiliados y solicitados por delitos relacionados con la subversión, etc) y mucho menos, suspender o renunciar a las acciones violentas y la campaña de asesinatos selectivos contra figuras bolivarianas y agentes de seguridad y defensa del Estado.

Esta realidad era conocida y comprendida por los voceros del gobierno bolivariano al momento del inicio de las conversaciones con este sector de la oposición y lejos de cuestionar tales aproximaciones iniciales, confirmaban la “Hoja de Ruta” propuesta por la inteligente representación del gobierno, en la persona del Vicepresidente Ejecutivo del gobierno bolivariano, Jorge Arreaza, de abrir el proceso a todos los que voluntariamente quisieran debatir los problemas actuales del país y proponer soluciones, con el fin de reforzar el diálogo iniciado en la Mesa Económica con los empresarios, las Mesas de Paz desarrolladas en San Cristóbal, Mérida, Puerto Cabello, Maracaibo, Barquisimeto y Barcelona con sectores empresariales, políticos y sociales diversos y, dar tiempo a los golpeados y aislados sectores de la subversión antidemocrática a que se incorporen a éste proceso de Diálogo Político Nacional dirigido a garantizar la Paz y la Seguridad en todo el territorio nacional y el encausamiento de las diversas opciones políticas en el marco de la Constitución y las reglas de la nueva Democracia venezolana del siglo XXI.

No se trata de una “Patada a la Mesa” de quienes no puedan darla porque son unos “mochos” políticos, ni un “congelamiento polar” por cuanto esa decisión tiene que con las orientaciones que emanen de sus aliados dominantes del gobierno de los Estados Unidos y financistas de la burguesía local, ni tan siquiera se trata de un distanciamiento total de los negociadores porque, siendo plural esa representación, siempre habrán participantes de la MUD que buscaran su propia línea de comunicación con los voceros del gobierno para consultar y valorar hechos relacionados con ese proceso de diálogo; motivo por el cual, el dramatismo que Ramón Guillermo Aveledo, como vocero oficioso de la MUD, le quiere atribuir a la anunciada decisión de suspender “hasta nuevo aviso” el proceso de diálogo y negociación con la representación del gobierno bolivariano, no es más que un acto de histrionismo político e impresionismo mediático cuyos efectos no se proyectaran más allá del micrófono y las pantallas por donde fueron transmitidas al país porque, éste renunciado-renunciante vocero de la MUD sabe y entiende que solo en la Mesa podrá alcanzar algún beneficio para su sector en la muy dividida y derrotada derecha antidemocrática venezolana.


yoelpmarcano@yahoo.com



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Yoel Pérez Marcano


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