Diálogo. “Hablamos como caballeros o como lo que somos”

¿Con quién vamos?

Esa pregunta sirve de título al primer capítulo de “Doña Bárbara”. Un bongo remonta el Arauca; abordo, Santos Luzardo, con toda la significación que al personaje le asignó el autor; la civilización, justicia y hasta lo contrario al caudillismo, latifundismo, al terror que se apodera de las personas y las tierras, personificado en la “dañera”. Pero también navega en el bongo como pasajero “invitado” casi obligado por Luzardo, Melquíades “el brujeador”, amante ocasional de la “Doña”, con fama de brujo y particularmente agente de aquella para sus infamias y objetivos. Callado, taimado, perspicaz y competente para todo lo que encarne la maldad, desde urdir un acto de brujería, como enterrar un puñal por la espalda, para que aquella resulte más eficaz.

Viaja allí no por azar. Esperó y planificó el momento, aprovechándose de la buena fe del joven caraqueño y, desde su rincón, incómodo en el estrecho bongo, escruta a Luzardo y todo lo que dice para hacérselo saber a la ”Doña”.

¿Con quién vamos?

Siempre hemos preguntado desde que este atípico proceso se inició cuando Hugo Chávez, llamó a la Constitución del 91 “Moribunda” y proceso constituyente. En su bongo, junto a él y como muy apretados, venían viajando muchos “Melquíades”, “brujeadores”, como Jorge Olavarría y a quien sabíamos el peor de todos, y Luis Miquilena. El mismo que por haber dado tantos saltos en política, no había manera de pensar que se quedaría plantado en un proyecto justo y con una bandera definitiva en la mano. Acompañado éste, no de tres “Mondragones”, sino de unos cuantos que apostaron a Chávez con la intención de cobrar caro ante la llegada apresurada de la vejez.

¿Con quién vamos?

Volvimos a preguntarnos cuando en un momento aciago, como Chávez en el 2002, el presidente Maduro llamó a diálogo.

Siempre creímos, no por ilusos, sino porque lo dice la vida, que la oposición no es un bloque monolítico, que aquel llamado del compañero Chávez, tenía fundamento. Como lo tiene el pensar que en Venezuela el número de oligarcas, no es tan grande como la cifra de votos que ellos alcanzan en cada jornada electoral o de personas que se adhieren a sus políticas, como advirtió Fidel Castro.

Ahora mismo, uno no deja de asombrarse ante el número de personas que se oponen a la encuesta y la Resolución 058 del MPPPE, ignorando el inmenso beneficio que ambas iniciativas envuelven para la educación venezolana. Se oponen sin saber de sus contenidos y propósitos, dejándose llevar por un discurso rapaz, interesado y mezquino de personajes que ven en la educación un mercado donde se puede trampear y hacer buenos negocios.

¿Con quién vamos?

Apareció de nuevo la interrogante, cuando Maduro llamó al diálogo, en un momento que creyó necesario para aislar a los violentos y poner cierto orden en la conducta del mercado. Lo hizo porque creyó como Chávez y hemos creído nosotros, aunque eso en veces nos cueste se nos recuerde la madre, como lo mayor sutileza, que la oposición no es una piedra de origen primario.

Su llamado tuvo respuesta. No sin dificultades, porque así tenía que ser; se abrió el diálogo. Pero es obvio, ya lo hemos advertido, que en la oposición hay sectores que el único diálogo que admiten es aquel mediante el cual, Nicolás Maduro, con la mayoría aplastante del pueblo a su favor, se rinda ante los intereses gringos, admita lo de “La salida ya” y entregue el poder a eso que el gobierno de EEUU en todo caso llama “gobierno de transición”. Este sector, financiado y asesorado por fuerzas extranjeras de diferente origen pero de la misma idea y meta, sabiendo que esa no es la naturaleza del llamado de Maduro, no sólo se niega a asistir, sabotea para que otros lo hagan y lo que es más, chantajea de distintas formas, incluyendo el terror, para que la iniciativa presidencial fracase.

¿Con quién vamos?

Ahora la interrogante gallegiana se justifica ante la incertidumbre por saber, quiénes de aquellos que ahora participan del diálogo lo están con firmeza, sin la duda que les genera el temor a los terroristas, o sólo sirviendo aquellos de comparsa en un doble juego.

¿Con quién vamos?

Nos preguntamos ante lo que parece ser un asesinato político en la persona de Eliécer Otaiza. Nos parece por muchos detalles y las palabras que hemos escuchado del presidente Maduro, quien habló de sicariato.

Las autoridades tendrán que llegar con precisión al móvil del asunto, a los autores materiales, de los cuales uno está detenido e identificados otros. Por supuesto, si fue Otaiza víctima de unos sicarios habrá que determinar quiénes están detrás de esa bajeza. Es un reto para el gobierno y una obligación no ocultar detalles por favorecer un diálogo donde uno de los participantes sólo oye de un lado.

Si la muerte de Otaiza – es una hipótesis – fue producto de la extrema derecha para sabotear el diálogo, que como hipótesis parece pertinente, plantea también un reto a la oposición que participa en el diálogo; la obliga a fijar una posición que no sólo la deslinde los violentos, de los extremistas, sino que justifique la continuación del diálogo. Llamar a ruptura del diálogo, desechar lo que hasta ahora hemos andado no es prudente, pero sí, esclarecido el asunto, tenemos derecho a saber:

¿Con quién vamos?

Necesitamos saber, como dijese Cantinflas, si “hablamos como caballeros o como lo que somos”.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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