Negligencia y crónicas de estupideces

Negligencia: falta de cuidado, de aplicación o de exactitud. Sinónimo: abandono, descuido, imprevisión, incuria. Falta de esfuerzo.

En mi época de mozo solía escuchar un artículo que rezaba: “Negligencia en el ejercicio del cargo”. Tal párrafo era aplicado aquellos funcionarios que no cumplían con los compromisos para los cuales fueron contratados. Esta contravención era sancionada con la despedida de la empresa o del ministerio donde trabajaba el funcionario. En verdad, no sé si todavía en algunos de nuestros códigos tiene vigencia tal artículo, en caso afirmativo deberían aplicárselo a los alcaldes de Baruta y Chacao.  

Es patética la negligencia del señor Gerardo Blyde en su ejercicio como alcalde del municipio Baruta. Parece que no se da cuenta de los desmanes a lo que desde hace más de dos semanas estamos sometidos los habitantes de la zona del Cafetal, Santa Marta, Santa Sofía, San Luis,  Santa Paula, Santa Ana, El Morao, El Limón, Caurimare, entre otras urbanizaciones, ante la mirada indiferente e insolente de las autoridades que le corresponde el resguardo de la vida y del patrimonio que le fue entregado antes de de asumir su obligación. Es notorio como los policías de Baruta, ante la devastación que está sufriendo la zona y del secuestro de sus vecinos en manos de una treintena de mal vivientes, se mantienen impasibles ante la barbarie y la violación de los más elementales derechos humanos, como es el derecho al libre tránsito, la protección de la salud y la educación. No sólo la desidia y la indiferencia de los policías de la localidad, sino la colaboración que le presta a tales esperpentos, que distan mucho de ser estudiantes, y que están acabando con la tranquilidad de la zona. Pareciera más bien que protegen a estos facinerosos para que las labores de destrucción las realicen sin molestias. A tal grado llega el abandono del alcalde de Baruta que mientras los vándalos están dedicados al cataclismo y obstrucción de la vías de comunicación, sus policías están de “choping” en el C.C Plaza las Américas o, disfrutando de un café en algunas de las panaderías de la zona. Parece que el señor Gerardo Blyde se olvidó que su compromiso es velar por sus electores y también, por el de los que no votamos por él.

La negligencia de nuestro alcalde me permitió conocer el verdadero talante de mis vecinos al ver como se regocijaban, en un principio, cuando los malhechores depositaban en la puerta de mi edificio donde vivo la basura acumulada por varios días. Tocaban cacerolas, cornetas y aplaudían la labor “revolucionaria” de los jóvenes y las jóvenes que parecía compartir con orgullo las inmundicias depositadas en la calle. Fue entonces cuando descubrí que mis vecinos no les importaba vivir en las cloacas más hediondas, en pocilgas fétidas; simplemente estaban acostumbrados al hedor de las podridas sentinas, compartiendo los detritos con las alimañas. Ya desde las cuatro de las mañanas comenzaba la tortura. Unos malnacidos itinerantes se desplazaban por toda la zona para verter los desechos sólidos por las calles de las diferentes urbanizaciones. Me sorprendió que no llevaran el gorro frigio que identificaban a los revolucionarios franceses sino la cachucha que utiliza el gobernador ausente de Miranda. Un verdadero bochinche escatológico.

En un principio intenté escribir sobre las “barricadas”, pero un pensamiento, de esos que llegan enalgún lugar del cerebro, me reclamó la ofensa que les estaba haciendo a los comuneros de París. Para aquellos valerosos la barricada fue el signo de una trinchera de lucha contra el opresor aristocrático y burgués. Lo que estaba apreciando era montones de basuras donde los “niños de papi y mami” desahogan sus malcriadeces porque el presidente MM les redujo el cupo para viajar a Miami. Me pregunté ¿serán estos muchachos los hijos de la generación boba? Una multitud de cuatro sujetos se paseaban  por la calle gritando “libertad”, “resistencia”, “liberación de precios” y otras bolserías que no tenían el tenor de  consignas, más bien eran frívolas estupideces. En medio del ruido  de cacerolazos pude escuchar a una de los cuatro (una chica) gritar un estentóreo grito “quemen la basura” y otro “hay que quemar todos los carros Orinoco  parados en la calle”. Por fortuna, dado la inmensa cantidad de autos estacionados, una voz sensata impidió este desatino.  

Algunos vecinos, disgustados ante  la pretensión de los distribuidores de basura de imposibilitar el paso, pasaron con sus camionetas de lujo por encima de las bolsas de inmundicias poniendo al descubierto los secretos de la clase media asalariada. Me complací un poco al ver los despojos desperdigados antes mis ojos. De manera discreta comencé a examinar lo que mi vista repasaba en cada uno de los cúmulos. Les puedo asegurar que en ninguna parte vi una lata de caviar, pero si de sardinas, latas de diablito, frascos de queso fundido, ninguno de esos manjares franceses envasados en recipientes ostentosos, solo observé vulgares envases vacíos de mayonesa, salsa de tomate en frasco y latas de mantequilla; lo más sorprendente fueron las tollas sanitarias y los trozos papel tualet debidamente teñidos, esto contradecía el mito de la escases de tales productos. Seguí revisando la bazofia y no vi ninguna botella de Chablis, tampoco de un Borgoña ni de un Barolo, mucho menos una botella de champaña La Viuda, lo único que resaltaban eran montones recipientes vacíos de gaseosas, botellas usadas del ron proletario y  latas  desocupadas de la marginal cerveza. Algo que me sorprendió fueron varios paquetes llenos de harina precocida a las que le cayó gorgojo debido a su largo tiempo de almacenamiento. Seguí hurgando entre los desperdicios y fue cuando descubrí que mis vecinos no tenían nada en común con la señora María Corina Machado, tampoco con Leopoldo López y mucho menos con Capriles. Tuve que detener mi pesquisa porque un pichachero mostró su disgusto ante la flagrante violación que le estaban haciendo, los basureros del tuiter, de su derecho al trabajo.

Más allá de la parte donosa, pero verdadera, de la crónica anterior estoy obligado a denunciar la agresión de la que fue víctima el hijo de una amiga mía en la urbanización Los Naranjos. El joven venía del supermercado con varias  bolsas y algunos de sus vecinos lo “estigmatizaron” con el grito de chavista, razón suficiente para que los fascistas lo agredieran a golpes y puntapiés. Resultado de esta ignominia laceraciones múltiples y fractura del brazo. Estos son los individuos que aspiran sacar del gobierno al presidente MM de la presidencia. Es bueno hacer un ejercicio de imaginación y pensar de lo que sería Venezuela si estos verdugos llegan al poder, apoyados por el Departamento de Estado. Lo anterior es una muestra de lo que son capaces. Así mismo, basta recordar los episodios del golpe de estado, de la huelga petrolera y todos los acosos a los que fue sometido mi comandante Chávez, ante la imposibilidad de la oligarquía parásita de conseguir el poder por vía electoral.

Hablando de estupideces, algunos de mis lectores me han solicitado información sobre el libro (formato electrónico) de “Antología de la estupidez”. Para esto pueden consultar el link:            

                                                                http://www.librosenred.com/libros/antologiadelaestupidez.html



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Enoc Sánchez


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