Sea inteligente como María Corina

Ella, una bilingüe sin cobertura que aprieta con suavidad las teclas
de su celular y envía cada mensaje que no hay quien se resista a
leerlos y, su paciencia es tal que, pasa horas, dale que dale con sus
dos manos, y por eso le pagan en la AN y cuando no está en la AN, hace
como Capriles: viaja al exterior con una sonrisa que abarca ciudades
importantes, donde se desahoga del régimen, primero de Chávez y, ahora
del presidente Maduro a quien ella ve de reojo con una nitidez que le
ensanchan sus pupilas, además de sus papilas sensoriales que le dan
unas ansias locas de desaparecerlo sin dejar huellas comprometedoras
y, en ese estornudo de paciencia se afinca complacida, estrujando
ideas políticas que cubran el panorama de la espera en que ella
volverá a ser candidata, pues como ella no hay dos, ni quien la imite
tampoco, se pierde a la distancia con una distinción de dama arcaica
que está arrimada con toda seguridad a la burguesía apátrida que le
amamantó el deseo de ser poder para ellos y sólo para ellos a voluntad
de de lo que diga el Departamento de Estado, a quien no contradecirá
jamás, ni de su provecho no se queja cuando dirigió a Súmate.

Está por demás decir que, sus mensajes son oportunos de una parquedad
cónsona a su sentir y padecer que enturbia la red con una dedicación
que motivos hay de mantenerla al frente sin perder su rastro que
cuando asoma en programas públicos su aplomo es tal que, se come al
auditorio sin soltar una sonrisa de sus labios cuando de su boca salen
boutades que corrugan su placidez de no caer en arcaísmos que no
desnaturalicen su primor y está bien clara en sus planteamientos que
la oposición tiembla, cada vez que esgrime una frase tumba gobierno
como golpista vieja que sin sudar mucho, le salen como recreación
espontánea que ella misma, se lame sus mentiras con una frescura
impositiva que Capriles le envidia desde lejos, aún así, no se
desgarra cuando, oportunamente se inquieta en intensidad de pasión
política que no trastoca la sindéresis de sus argumentos emocionales
que la mantienen en el pedestal de lo inmediato. Eso, es María Corina,
una infanta del rey dinero que, se regodea en querer tener más que le
abra los ojos a la economía que implantaría como jefa de Estado en
favor de su parcialidad capitalista no comprometida políticamente.

Jamás puede, ni podrá estar su integridad pensante, acorde con los
planteamientos del gobierno sobre corrupción, eso a ella, le da
carraspera fortuita por lo mal esgrimido como retórica de
sustanciación hacia la sustentación causa-efecto que impliquen a los
poderosos de su clase que el presidente Maduro pretende pegar contra
la pared como delincuentes e infractores corruptos y eso a ella le
tonsura su imaginación, pues lo corruptos, no se pueden llamar de
cuello blanco, eso es brutal, porque la corrupción es un mal de los
pobres que no desean ser pobres, no de los ricos que trafican con
ideas abiertas sin comprometer el sentido de la tolerancia de para
todos hay, y no se involucran primero y, dejan la puerta abierta por
donde el emprendedor “pícaro” ha de pasar sin pisar fuera de lo común
en lo que ha de compartirse como flujo de capitales en dólares de
sectores del sistema, por donde entra y sale sin dejar huellas.

Por tal motivo –ella- no atenderá al ruego de la aprobación de la ley
habilitante que mantiene en apuro al gobierno central que en vez de
enderezar entuertos, rompa con la codicia de tener más sin mucho
esfuerzo, pero con mucha habilidad que es lo que se requiere, para
llevar a Venezuela a navegar dentro de la inmensa corriente del
capitalismo libre, respetando el lema bien encajado en las mentes
prósperas que lo es del cura, va para la iglesia y, que ella como
buena defensora del bien común de la burguesía: defiende lo que tiene
que ser el axioma de la República que, las reservas internacionales
son del Estado, mientras no pasen a sus manos como otras veces, sin
dificultad ninguna se hacía.

Y con toda la ternura de su alma ella, María Corina, quiere trepar las
cumbres más empinadas y tragarse sin mucho afán la plusvalía de su
entorno que como politóloga entreguista, no se enreda, pero enreda a
quien ose tratar de marginarla como una parte de esa minoría que
conforma dentro de PJ, sin envidiar ni quejarse por lo que es en el
seno de la AN, en ese tráfico de apariencias en que se desenvuelve
cada vez que, levanta la mano para negar lo que ha de aprobarse por
mayoría y, ella, se electrifica de odio, cuando le pisan los callos e
su malcriadeces que prefiere una democracia sin votos que los lleve al
poder de sus angustias retenidas y, que los chavistas de su
inconformidad no la asustan, pero la mantienen en segundo plano y
ahora con el presidente Maduro como su líder inmediato que la
trasnocha de rabia. Pero algún día será –eso piensa- y como tal sigue
adelante tras Caín.


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Esteban Rojas


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