Diálogo con expectativas ortodoxas entre Capriles y el Papa

Una vez concedida la cita solicitada al santo Padre por el ex
candidato perdedor de dos elecciones seguidas a fuerza de votos. Éste
incluyó como posible regalo al Papa en su presencia: El Oráculo de los
dieciséis tremendos desfases de un líder en la decadencia, El Manual
de cómo decir verdades que se hagan mentiras, Las Lecciones de un
verrugoso que no cabía en el cielo y, por último, El Último suspiro de
un odioso que no quería ser odiado, además y, en particular, La imagen
de Mardo en sotana, arrodillado sobre un montón de dólares con la
sentencia en naranja: ¿qué debo hacer sí llego a santo y ser libre
siendo culpable? Y, no contento el visitador con su contribución
vertiginosa de suplantación hedonista, mando a tallar en metal
oligárquico de dimensiones pequeñas dos figuras humanas, un viejo
parado con un micrófono con escritura en rojo: “un enchufado”, y un
joven muy cerca del otro, acostado, fluctuante con letras dispersas de
un amarillo terrible que expresa, “ése es mi poder robado”.

Capriles, al recibir la respuesta que lo ponía en el cielo cerca de
Dios sin llegar a Roma, solicitó de inmediato a sus colaboradores que
le inflaran su cabeza de cosas excepcionales de papas que le diera
fluidez a frases degollantes que debidamente tenía que comunicar a
Francisco sin pinchar su abolengo tercermundista, aunque ahora ése se
expresa en italiano y en latín, aunque cocina y se sirve él mismo, por
lo que a él algo tenían que enseñarle de comidas, a ver si le abría el
apetito interno brioso y, lo metía por el camino de sus terquedades
sin pasar trabajo y, además preguntó si podía tutearlo en argentino,
en italiano o, en qué y, asimismo, asomó con cautela que si sería
posible llevarle un saco lleno de “panelas de san Joaquín” que
endulzaran con suavidad al Vaticano mejor que el Amaretto de ellos
que, si la suerte le acompañaba, le echaría la historia de la
“soapara” como entre telón de pasantía que le diera su comprensión de
hombre alabancioso criado en el Sur e hizo énfasis en que todos los
miembros más importantes de PJ deberían, escribirle cada uno, una
carta en un tono de inspiración santónico que lave sus pecados con la
sana intención que el Papa los bendiga en conjunto a ver si salen de
la intriga contagiosa de llenar sus cuentas bancarias de dinero a cómo
sea.

Emprendió su viaje con un sigilo latente de bendiciones precisas y
ruegos ocultos que le acompañaban sin decisión ni precisión y a Roma
llegó como llegan los héroes que regresan de la guerra forrado en
negro con espíritu sofrito de atenuantes ligeros y, al ser anunciado
según su turno de fecha y hora entró con su gorra con el pico hacia
atrás y con leve cruce de piernas, una hacia adelante y la otra hacia
atrás como un tirador previsto soltó su primer disparo con suavidad y,
acertó a decirle a su Santidad casi al oído, cuando pequeño, yo quería
ser papa y recé hasta más no poder a ver si alguien en la vida me oía
y fue en vano que no me dejaron jugar con vírgenes y, no sabe usted
Francisco, cuánto lo lamento qué a lo mejor ahorita usted sería yo y,
yo usted y, los pobres del mundo estarían en una sinfonía de honda paz
con todo a su alcance y cerca del infierno de ocio, pero eso no es lo
importante, sino que es americano y que es nuestro y, de mí le diré
que ando en retroceso, ya que tengo los fieles del tiempo perdidos
desde que, no me dejaron llegar al poder en Venezuela e hizo que mi
imaginación entrara en un síndrome peculiar que con cualquier baño de
luna se me van las “rolineras” de las conjeturas de paz que me devoran
el hígado de mis poderes como el buen político que soy que, aunque
pierda gano, porque yo compito, para siempre ganar y esa es mi mejor
arma de increpación.

Pero un buen político de tacto solvente no va a Chile a reunirse con
asesinos, espías y cómplices de la dictadura pinochetista –respondió
el Papa. Y, Capriles tranquilo, supo aclararle, no mi Santidad, la
foto que usted vio es un montaje de esa izquierda que tiene una
habilidad de “hacer de tripas corazón”, para confundir a los
personajes del mundo como usted –anjá, aceptó el Papa y, a la vez
preguntó, ¿entonces, usted es y no es, y por qué no reconoce el
triunfo del presidente Maduro? Porque esa es harina de otro costal –se
le ocurrió a Capriles evadir la pregunta. Ya sé, ya sé, como decimos
en Argentina, “a bebedor fino, tras la leche, vino” fue lo que pudo
responder, el Papa.

Volviendo a nuestra plática, para ir enrumbando el camino de Dios que
es el que nos une a ustedes como ovejas con éste, como su pastor ¿a
qué vino al Vaticano a hablar conmigo? ¡Ay, Santo Padre! –expresó
Capriles- lo que es igual no es trampa, ¿Maduro estuvo aquí y Capriles
no?, cómo cree. Ése era el detalle que faltaba. Y, ya lo saldamos y,
lo otro que le vine a pedir de todo corazón como
gobernador-católico-apostólico-romano y neoliberal que no se le ocurra
santificar a un venezolano, llámese como se llame, con ese gobierno
que tenemos, porque entonces sí el régimen comunista nos va a llevar
por un callejón sin salida y, allí perderá hasta su iglesia que
todavía se hace sentir allá con poder y nos apoya y, lo otro que me
quema por dentro si no se lo pregunto es, ¿está usted de acuerdo con
el matrimonio de un mismo sexo? ¡Hijo mío! La iglesia no tiene fuerza
de oposición mundial y, ella sólo da un reconforto a veces de angustia
a veces de ética y moralidad, quizás, excesiva, pero el matrimonio
visto por ella es la unión de un hombre con una mujer con el fin de
procrear y educar a los hijos.

Casi finalizando el encuentro, el caprichoso entregó los regalos que
por lo apretado de la agenda dejó de último y cuando revolvió las
miles de comunicaciones de sus compañeros, hizo la observación de esto
es de mis amigos partidarios que esperan un milagro que usted les
multiplique el pan de cada día que los haga ricos sin llorisquear y,
el papa Francisco, solo respondió en italiano, non capisco y, lo
bendijo con una frase argentina, “Dios está en todos lados, pero
atiende en Buenos Aires”.


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Esteban Rojas


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