Fragmento de historia, el nuevo orden mundial y sus consecuencias

Sin duda nos han engañado, nos han defraudado, nos mienten descaradamente, nos manipulan, y pareciera que nos hemos acostumbrado a ser tratados así, aceptando tales desafueros, como en un vasto campo de concentración al aire libre, donde nos han sometido, hablando de abundancia, mientras los males se incrementan y las carestías, hambrunas, enfermedades y pandemias, es lo que acuerdan entre los organismos internacionales dominados por los mandamás en cartas con fundamentos en sus agendas y las prioridades de las corporaciones del crimen mundial. Ellos se han acogido a las órdenes emanadas por el imperialismo para someter al prójimo, sin que se respeten principios ni valores, sin derechos ni justicia, que se han ido conculcando paulatinamente por los dominantes, mientras los estupefactos asistentes a tantos horrores cometidos hasta esta de la destruida Palestina. El 1% de la población mundial, coloca a quienes dirigen las políticas globales a través de un poder armado sobre el resto de los países que tienen que enfrentarse con los pocos recursos que tengan a disposición, para oponerse a la arbitrariedad, y el sometimiento, que como objetivo tienen implicados los recursos de la biodiversidad, la energía, el agua potable, los suelos para los cultivos, y hasta el aire que respiramos.

Como se sabe en Occidente, desde aquella víspera de la noche buena, día de significativa importancia en el calendario cristiano, del 23 de diciembre de 1913, cuando se creaba la Reserva Federal, el banco central de los Estados Unidos, institución centralizada con responsabilidad de regular la política monetaria y supervisar el sistema bancario y el control de la inflación. Hay que tomar en cuenta que en un sistema capitalista el gran evento va a favorecer a los grandes magnates que integraban y crearon la Reserva Federal, para mantener el control de la economía estadounidense y fuera extensivo hacia el resto del mundo hacia donde aspiraban expandirse a través del control sin el oro sino el dólar que inyectaron a los bancos para asegurarse el dominio del entero sistema financiero. A lo largo de los años ha sido su desempeño y ha jugado un papel crucial en la economía global. Ocurrió a continuación un período de gran auge, pero ficticio para las mayorías, se emitió dinero inorgánico entre los pactantes privados, que no circulaba en billetes, sino desde una emisión sistemática y expoliadora sobre aquellos países débiles, a cuyas poblaciones expropiarán sus secretarios generales y los dictadores de los nacientes fascismos y nacismos, pero que se hacían llamar demócratas, comprando y vendiendo, y otorgando abultados créditos por parte del capitalismo en ciernes, entre dos sistemas enfrentados, el de los regímenes socialistas y comunistas de la revolución marxista y leninista en boga, una vez derroten en Berlín a los fascistas y al nazismo juntos.

Occidente vivía un corto período de gloria, al que le seguirá la estrepitosa debacle y el crack de la bolsa de valores de Wall Street en Nueva York, en el que los Estados Unidos se hundían en la peor crisis económica de la historia contemporánea, el peor y más grave evento y como consecuencia se iniciará la Gran Depresión. Las causas, una especulación y el endeudamiento iniciado en la década precedente, en la que todos querían participar en el mercado de valores y obtener rápidas ganancias; la bolsa no dejaba de subir, y aquella alza carecía de bases sólidas que soportaran y le dieran solidez a la economía, todo se trataba del lucro inmediato, donde los inversionistas soñaban con hacerse ricos de la noche a la mañana, sin mover un dedo, sin trabajar. Se dedicaron a solicitar nuevos préstamos que volcaban de nuevo al mercado financiero, lo que a su vez creaba una gran burbuja irracional, en la cual tanto los precios de las acciones, como los activos estaban inflados y no representaban el valor real. La mayor parte del dinero invertido procedía de nuevos créditos, por lo que al comenzar a caer las acciones las deudas se volvieron impagables, entonces los particulares como los propios bancos fueron afectados. Con escasa regulación y mecanismos efectivos para el control y combate contra las malas prácticas y manipulaciones financieras, que hacen que todo el sistema colapsara. El pánico generó una estampida de inversionistas, la desconfianza en el mercado financiero se manifestó en septiembre de 1929, cuando los retiros de fondo se incrementaron y se exacerbó la crisis sin precedentes, y siguió la Gran Depresión, prolongándose hasta los 30, antes de estallar la II Guerra Mundial.

Millones de personas quedaron sin empleos y se luchó por la sobrevivencia ante la creciente recesión económica. Numerosas empresas cerraron afectando la producción y el empleo, disminuyendo el poder adquisitivo pese a la baja de los precios de los productos para los consumidores. Las consecuencias fueron devastadoras incluyendo el desempleo masivo y el aumento de la pobreza generalizada, que ya venían de aquella reciente I Gran Guerra (1914-1918), conflicto que involucró a las principales potencias intraeuropeas, enfrentándose los últimos reductos de los tres grandes imperios dirigidos respectivamente por: Guillermo II de Alemania, futura República de Weimar; socialdemócrata de ideología marxista. El imperio de Francisco José y Carlos I de Austria, Austrohúngaro, que al disolverse creó varios países separados, aunque fácilmente integrados; y el imperio del zar Nicolás II de Rusia, que va a sucumbir bajo el peso de la revolución bolchevique de Vladimir Lenin, y se funda las Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Un cuarto imperio, el otomano del sultán Mehmet VI, no interviene entonces, lo hará luego, en la otra guerra mundial. Los imperios emparentados por lazos de sangre desde el último tercio del siglo XIX arrancan una escalada armamentista sin precedentes, sin duda los planes eran claros al observarlos a la distancia de aquellos acontecimientos de una lucha devastadora, que se debió sin duda a tratar de restaurar sus hegemonías, y el reparto del mundo descolonizado, para en ellos instaurar un Nuevo Orden Mundial.

Fueron cambios drásticos en el mapa político, económico y social de Europa y lo serán para todo el orbe. El Imperio Otomano, lo fue hasta 1922 con el sultán Mehmet VI que lo gobernó en medio de un período tumultuoso, y si bien no participó directamente en la I Guerra Mundial, el imperio se desmoronó al concluir esta y se transformó en la moderna Turquía bajo el liderazgo de Mustafa Kemal Atatürk. El período fue testigo de cambios radicales en la geopolítica del viejo mundo y su sociedad, en la que los imperios cayeron, y las revoluciones surgieron, estableciéndose las nuevas estructuras de poder.

En tano que entre nosotros desde 1886 lo que estaba ocurriendo eran los enfrentamientos beligerantes domésticos entre caudillos sobrevivientes de las luchas y matachinas independentistas y del federalismo y el liberalismo, que la aristocracia reagrupada en el país, entre la oligarquía que reclamaba sus posesiones, y la fuerza de los pardos que bajo varios comandos, acompañaba las proclamas de nuevos líderes, hasta que los andinos llegaron al poder y permanecieron hasta 1945, sumados los dos períodos que le suceden al Benemérito, donde el militarismo se ha mostrado como los mentados gendarmes necesarios de los positivistas decimonónicos, solo por señalar qué papel jugábamos entre montoneras, en lo que era el escenario regional suramericano desgajado en 20 naciones, que lo único que habían logrado era la independencia de España, si que pudieran salir del atraso, y pasar al otro lado de la bisagra histórica, en un momento en que el viejo mundo se preparaba para la encarnizada reacción, donde fuimos solamente actores marginales, pese a ser el petróleo uno de los principales recursos necesarios para engrasar y aceitar la gran maquinaria bélica para aquella primera conflagración del otro lado del Atlántico.

Con tales aspectos no es difícil imaginar aquella época de especulación financiera y colapso de la bolsa de valores de Wall Street, que impactó con profundidad y devastación en la historia del mundo. La década de los 20 había sido testigo del auge económico inusitado en los Estados Unidos, se experimentó un crecimiento vertiginoso, y fueron muchos los inversionistas que se sintieron atraídos ante la posibilidad de hacerse de ganancias rápidas. Pero lo que no sabían era que gran parte de esta prosperidad se basaba en especulación y el endeudamiento, el valor de las acciones se inflaron artificialmente, y la confianza en el mercado era insostenible. El Jueves Negro del 24 de octubre de 1929 fue presa de pánico y los inversores no podían creer que las acciones caían en picada, como reacción hubo una venta masiva de acciones en la bolsa anunciando el inicio del colapso financiero y como consecuencia una Gran Depresión (1929-1939), lo que de inmediato desencadenó la crisis económica sin precedentes, donde millones de personas perdieron sus empleos, los bienes y reservas en ahorros, las empresas y las industrias cerraron, y la pobreza cobró auge. Luego la Gran Depresión o Crisis del 29 originada en los Estados Unidos, pero como un tumor maligno espoleado hará crisis en todo el torrente financiero mundial, y devastó toda la economía, a toda la década siguiente, empatándose con el estallido de la II Guerra Mundial, con efectos globales, impactó en general y todos de alguna forma sintieron el fragor de aquella entente, donde las potencias y el resto de los países que vieron súbitamente detenerse el tiempo, con políticas proteccionistas para sus industrias, afectando las relaciones y el comercio entre las naciones, que restringieron los aranceles, dificultando el flujo de bienes y servicios, lo que añadió más peso a la ya grave situación crítica sin precedentes. El aumentó del desempleo y la pobreza, los despidos masivos, millones de personas luchando por sobrevivir, y las familias enfrentadas a dificultades para cubrir las necesidades básicas, afectando seriamente la calidad de vida de las mayorías, y solo pocos disfrutaban del bienestar. Se tambaleo la economía y las finanzas bajo la presión creciente de la intervención de los bandos enfrentados que se despedazaban ante la necesidad de tomar las cabezas de playa y avanzar sobre las fronteras de los enemigos, con el acompañamiento de los aliados de ambos ejes en la contienda.

Estados Unidos había tenido una buena racha durante varios años, no así las otras naciones industriales, que padecieron graves daños y al borde del colapso económico, lo que como siempre los benefició por salir relativamente indemnes por haber ingresado tarde al conflicto de la guerra mundial. De aquella época de confianza y optimismo, de excesos y producción, con endeudamiento entre las naciones europeas, condujeron a la suspensión de las adquisiciones y compras por parte del bloque europeo, afectando gravemente la economía mundial; grave crisis donde las monedas se devaluaron, impacto que se sintió en Estados Unidos, al perder uno de los mayores clientes del otro lado del Atlántico. En consecuencia, se generará una paulatina caída interna arrastrándolos a una crisis sin precedentes, que afectaría al resto de las potencias del mundo, y entre el 24 al 29 de octubre de aquél fatídico año, la Bolsa de Valores de Nueva York sufrió una caída catastrófica, y se hundió la economía de EEUU, marcando el inicio de la Gran Depresión. Las consecuencias fueron de gravedad extrema, su recuperación a los estándares previos solo fue posible en la década de 1950, al otorgar nuevos préstamos y ayudas a tipos de intereses emitidos por los bancos centrales de los principales países líderes entre las naciones triunfantes reunidas en Europa, donde acordaron previo a la antesala de la II Guerra Mundial contra Hitler, quien había enfrentado a los sionistas que se querían apropiar del mundo, amparados por su protector Yahvé. Hoy vemos cómo se mantiene tal mandamiento en un escenario dantesco, que nos recuerda los ocurridos en el siglo XX, por gobernantes que no obedecen a sus pueblos, sino a un imperativo deísta para imperar sobre otros, al servicio de los grandes intereses del neoliberalismo global, reunidos cada año para tomar las decisiones sobre el rumbo global. En sus agendas se plasma el destino de la entera humanidad, desde perspectivas a mediano y largo plazo, de aquí al 2030, y para el 2050.

El New Deal y la recuperación fue la respuesta a la Gran Depresión, que implementó el presidente Franklin D. Roosevelt, fueron un conjunto de programas y medidas de reformas con el fin de revitalizar la economía, una recuperación gradual que tendrá impulso gracias a la II Guerra Mundial, donde los grandes potentados de la economía estadounidense inyectaron capitales entre ambos bandos en la contienda. En aquella montaña rusa de prosperidad ficticia seguida de la devastadora crisis económica y la Gran Depresión marcaron huellas profundas en una historia que cambió las formas de abordar las políticas económicas, financieras y del comercio internacional. Será el choque de civilizaciones a lo que nos enfrentamos en una creciente realidad de creencias, ideologías, diferentes tipos de pensamientos y culturas, donde quieren prevalecer unas sobre las demás. Tales son las posibilidades que se ciernen sobre la majestad del poder entre los gobernantes y los gobernados en democracia, donde la participación y el protagonismo son corresponsables y tienen canales de comunicaciones entre todos los estratos de la sociedad de clases, las cuales encaran sus intereses y dificultades, donde las minorías bien organizadas, administran los bienes públicos y los recursos de la nación para favorecer y satisfacer las demandas de las mayorías que dependen del gobierno constituido y con el respaldo de los votantes que han considerado darle su confianza a través de los votos en elecciones libres y transparentes, en un debate de ideas, de planes y proyectos que pueden llevarse a término sin desfallecer. Es la única garantía que se puede tener sobre los destinos del país bajo la conducción de los mejores, para las transformaciones que hagan falta acometer sin demora, controlando la corrupción, sancionando a los corruptos con todo el peso de la ley, sean quienes fueren, pues los intereses de la nación están por encima de parcialidad alguna.

El trazado de tales objetivos depende de los actores y las actrices, en un escenario pero político nacional, donde cada cual en su rol como servidor de la República Bolivariana de Venezuela, debe estar determinado a actuar en consecuencia bajo el aparato estatal, estadal, municipal y local, en la puja por el mayor alcance de felicidad posible para los seres humanos que habitan en el territorio patrio, que se corresponde con una historia, una cultura, una sociedad que se ha ido formando a lo largo de los siglos, enfrentada a los embates de las relaciones entre personas con sus propias personalidades, conscientes de que deben ser parte de una dimensión más grande y total participación de las personas, de los ciudadanos organizados en partidos políticos y las instituciones de los poderes públicos que actuando como contrapesos, en buena medida el comportamiento dentro de los procesos que responden a las partes, los actores principales en las tramas y conjuras, donde los autores intelectuales se ocultan detrás de las apariencias de demócratas convencidos, y se muestran con dos caretas, la nacional y la internacional, que implican razones de Estado, en un estado de cosas irracionales a través de lo cual dirimen los intereses y negocios públicos, con la anuencia de privados.

Venezuela que no había participado en ninguna guerra mundial, aunque sí enfrentó los desafíos de las fuerzas exógenas en las décadas que duró la guerra de independencia, cerrándose aquél ciclo hasta su cierre parcial en la tercera década del siglo XX, cuando el oro negro era el potente motor de la fuerza motora del mundo, y donde los grandes capitales se enfocaron para establecer sus corporaciones bajo sistemas de regalías que esquilmaban cualquier trato beneficioso para las mayorías de los venezolanos y las venezolanas, bajo la destructora depredación del ambiente y los recursos y materias primas que extrajeron y extraen en beneficio de los pocos que son ricos en detrimento de los muchos que son pobres, gracias a las macollas en el gobierno y desde el Estado favorable a grupos y sectores asociados, donde se reparten las inmensas ganancias al patrocinio y la connivencia de los poderes públicos secuestrados por los corruptos y la anuencia del régimen de fuerza con ropaje de demócratas para fingir ser garantes de la libertad sin voluntad.

Hoy asistimos estupefactos entre las posturas que buscan detener el deterioro y la posible extinción de la especie humana y de buena parte de la vida en el planeta, y quienes con sus inmensas fortunas, producto de la explotación y depredación del ambiente y de los recursos naturales, de la contaminación y de la polución como consecuencia, en su parte negativa, de la industrialización para la inversión de los capitales por materializar desde una economía que se enfocó más en el tener que en el ser humano.



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Franco Orlando


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