Cambio de época: de Seattle a Correa

¿Cómo intentar comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? La idea nos resulta extraña. Ya que nosotros no poseemos la frescura del aire o el destello del agua. ¿Cómo pueden comprarnos esto? Lo decidiremos a tiempo. Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi gente. Cada aguja brillante de pino, cada ribera arenosa, cada niebla en las maderas oscuras, cada claridad y zumbido del insecto es santo en la memoria y vivencias de mi gente. Sabemos que el hombre blanco no entiende nuestras razones...

Gran Jefe Seattle

De Seattle a Correa la distancia recorrida es la misma de la pluma a la bala o de aquella a la flor. El cambio de época del que habló el presidente Correa en su excelente discurso de toma de posesión, bien pudo ser marcado tras aquella inspirada carta de aquel hombre tan disímil al invasor blanco, que mostró al presidente de los Estados Unidos un compendio de sabiduría y cercanía con el entorno humano-ambiental, piedra fundamental del continente nuevo, desaparecida en el viejo, desaparecida en nosotros, hijos de viejos, por más solidarias sean nuestras consignas, que en la extensión del tiempo solo ha sido para que a su tiempo preciso, regresara en las cuentas del Tupac, hecho millones, también por y para los hijos de Seattle.

Amores son acciones y no buenas razones, reza un castizo refrán, pero sobre el cambio de época que titulamos, del que habló el hermano presidente, posiblemente muy pocos entienden de cuánta integridad se esté especificando. No es que lo entienda yo, no es el punto. El entendimiento aborigen ES el punto. El punto aborigen, no es aprender un idioma superviviente amerindio, que sería bastante, sino entender la cercanía de la sonrisa por razón del sol que ese día acompañó mi andar hasta tu encuentro, seas novia, teclado, máquina u oficina. Los papeles, los compañeros son parte del shapono, la vida se hace por obviedad más lenta, observadora, amiga de cuanto se pisa y mira. La responsabilidad es tan alta como la de la madre yanomami pendiente del conuco, mientras limpia el morocoto en el caño con los güinos. El "absurdo" de transportar nuestras maneras (importadas) con las de una nación primitiva (autóctona), produce escozor a más de uno, lo huelo, y eso que no es la acción en sí de lo que se habla, sino de MANERA DE ACCIONAR. Un hermano amerindio hace la acción que debe hacer y punto, no hay discusión sino disfrute de ella; el resto del pueblo hace lo propio para que todos tengan su correspondiente porción de derecho en el shapono cubierta, sólo que tanto para Seattle como para un yanomami el derecho no está comprendido solamente al hermano de tribu, sino que abarca al todo que lo rodea, desde el más mínimo espacio, arbusto y el rayo más sutil de luz y gota de agua que anda o percibe a diario, pues todo es proyección de la voluntad de la Madre Tierra, Pachamama es una de sus denominaciones, abrigando de bendiciones en su incansable y diario canto al sol.

Quién lo diría que 150 años después de aquella carta, este hijo del Ecuador, el presidente Rafael Correa, exhibiría el mismo argumento de Seattle en simple contraposición al mercado voraz, un ajedrez visto desde las negras, ahora a la ofensiva. Aquella carta del jefe siux al presidente Franklin Pierce (1855), considerada un monumento al hombre nuevo, no hace sino descubrir descaradamente al hombre ignorado, enterrado, que bien viejo es el tiempo que tiene de no conocerlo: lo resurge para este otro tiempo, dado el fracaso individualista, resultará ser fuente de inspiración que aflorará en nosotros para la conducción de un porvenir en extremo distinto y urgente, de apurar los tiempos en este otro aprendizaje. ¿Qué tal si le vendemos al norte el aire que respira fabricado por nuestra amazonia? La propuesta es tan absurda-real como la de vender agua "mía" o petróleo "mío" expoliado de un territorio que no es mío.

Situación en nuestro sur: Vivimos divorciados de nuestra exuberante biodiversidad, a la que no nos concierne ni en sombras, por lo que aún, la visión es trágica de lo cómica que es… Destellos con la gasolina sin plomo, la misión energía apenas enrumban, gracias a Dios, por ahí viene el Guaire limpio, pero todo a lo blanco, "eso" allá y yo aquí. Aún van al Ávila los mismos pelagatos de hace 10, 20, 30 años y sus sucesores. Va a sonar absurdo lo que digo, pero una revolución a lo Seattle y tendríamos a Caracas con apagones dos días a la semana, a propósito, pedidos por los propios caraqueños, simplemente para observar las estrellas y sentir la noche entre nosotros, esos dos días todos andarían a pié… "No me hagas reír" (escucho por ahí). Pues apuesto 100 contra uno que no tarda el planeta para que esas medidas sean LAS MEDIDAS, pues las luces nocturnas también calientan al globo. Es sentarse y esperar. Definitivamente es otro hombre para esa propuesta, por ahora con más destino para guión de comic. Sin embargo el amerindio ya trae estas noches inmensas de paz, qué ¡Que ego citadino puede competirles! No es comic.

Vale toda utopía para esta visión mercachifle del planeta, dirigido por una banda que ya toca su tarantela mientras se hunde su Titanic. Son dorios, diría un profesor mío, descubrieron el poder del metal, la mortalidad de la pólvora y la invasión a través de la muerte y su suerte no se revierte sino con la destrucción de sí mismos, pues es así como han armado su penuria "la supervivencia del más fuerte -la han titulado-, si no, mira a tu alrededor".

Por supuesto, la supervivencia la enfocan desde la garra, desde el mejor armado. Pero qué me dicen de la PERvivencia más que supervivencia, que han logrado las invenciones de la agricultura, la textilería, el amor en común, el fuego, las vacunas, la palabra. La amistad es la paz. Los navajos amaestran caballos persiguiéndolos con una cobija durante días y no descansan hasta colocarle dócilmente la manta sobre el lomo. En adelante no se separará nunca más el caballo del amigo QUE NO ES AMO, como sí lo sería dentro de nuestras estructuras sociales: en la amistad no hay supervivencia, ni competencia, hay convivencia y comprensión.

Todo esto tuvo su tiempo. Vivimos días de monedas de snack hiperinorgánicas que sólo el pataleo de la guerra puede sostener, o, a su costa, llegar a las raíces de los tesoros naturales que pretende para su perpetuación. El otro valor está por descubrirse, EL HOMBRE-ENTORNO, objetivo fundamental de la nueva sociedad, interpretado por el Che como hombre nuevo. Sólo es tocar la tierra y descubrirnos lo inherente a ella, tu prójimo humano también es parte de, nada está ni va solo. Eres ser, planeta, amigo, sabes qué discernir, que luchas por UNA VERDADERA ESTRUCTURA DISTINTA donde todos seamos hermanos y maravillarnos de la inmensidad irrepetible que tiene natura como los días que transitamos, o mejor te callas y prosigue en tu trasatlántico con tu ticket de tercera, unos parchecitos aquí otros allá, ponle el nombre de más vuelo a lo que haces: REVOLUCIÓN si así lo deseas, pero recordando que es un solo barco, o es íntegra la transformación, o mejor callamos nuestra muerte irremediable.

Me gusta el guáramo con que arrancó este nuevo Seattle ecuatoriano. Hago el parangón a propósito, sé que hay algunos trogloditas de la política que ven la comparación con los hermanos aborígenes del norte, como alienados por Hollywood, pues ven aborígenes sólo a los "latinoamericanos", sin advertir que aquellos a esta hora están tan o peor que nuestros yucpas, por nombrar solo una nación amerindia "de este lado de acá".

Gracias Pachamama por este buen hombre. Cubre sus actos madre esperanza. Imposible integración de nada, sin esta nueva óptica, enfática y expresada, no supuesta, pues es la voz de un pueblo que sí tiene una verdad que mostrar, defender y hacerla vibrar rebosante a un continente, a un mundo. Va por un cambio de época.

arnulfopoyer@gmail.com


Esta nota ha sido leída aproximadamente 3488 veces.



Arnulfo Poyer Márquez


Visite el perfil de Arnulfo Poyer Márquez para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes:

Comparte en las redes sociales


Síguenos en Facebook y Twitter



Arnulfo Poyer Márquez

Arnulfo Poyer Márquez

Más artículos de este autor