Elliott Abrams: prematuramente hablando de Venezuela

El campante representante como "emisario especial" del gobierno de Donald Trump, nombrado por el secretario Mike Pompeo, le aseguró con los ojos cerrados y su frente arrugada como un acordeón colombiano en desuso, la forma como se iba a salir del gobierno de Maduro en un dos por tres sin sudar y, sin disparar un tirito a más tardar en febrero con poca audacia sin pensar mucho, y sin esperar respuesta de aquel, dijo como sería su aplomo y astucia ideal para trabajar ese caso tan fácil como mondar una manzana china que, de buenas a primeras entusiasmó al secretario de estado. Por lo que Elliott bien plantado como judío defensor de los cristianos y, después de haber estudiado en Harvard, le dijo también a Pompeo sin pestañar siquiera: venezolanos flojos, gustarles mucho Miami y muchos corruptos que se vuelven locos por dólares. Así que dile a nuestro presidente que a Maduro lo tendrá fuera de Venezuela sin mucha ofuscación y triste y solo manejando sin volante su soledad política, sino en Guantánamo, en Cuba huyendo.

Abrams además, de buen alumno ha sido, escritor y diplomático, por lo que por escribir un artículo en mayo de 2016 denunciando a Donald Trump y señalando la semejanza entre las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016 y las elecciones de 1972, por lo que Trump no le perdonó ni lo aceptó cuando le sacó la tarjeta roja para que no se incorporara a trabajar en la secretaría de estado con Red Tillerson y, como un mismo sinvergüenza y desvergonzado irracional aceptó el cargo que, aquel le ofreció sin decir, déjame pensarlo cuando, más bien le aconsejó a Pompeo que le dijera a Trump que, Maduro vete ya, era un hecho y, qué como lo quería: vivo o muerto.

Decir que Elliott Abrams es un tipo malo y cruel, no debe dar a pensar en nada a lo contrario, si nos fijamos que, durante el tiempo que estuvo amparado por Reagan y su gobierno chocó de frente con grupos de la iglesia y, organizaciones de derechos humanos, incluyendo HRW, y como cómplice y benefactor de las políticas exteriores de Reagen, fue acusado de encubrir las atrocidades cometidas, en El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua que en nada lo afectaron en su vida pública y privada.

En el Gobierno de Bush padre fue nombrado, Ayudante Especial del presidente y Director para Democracia, Derechos Humanos y Operaciones Internacionales en el Consejo de Seguridad Nacional en el 2001, nombramiento que fue criticado por grupos de derechos humanos por su condena que le tiraron por el Irán-contra y su función dentro de la política extranjera de la era Reagen y, no sólo eso sino que también, como demócrata fue a parar a las filas de los republicanos como buen provocador y traidor, exterminador y portavoz de la política golpista y represiva de esos gobiernos que, actualmente juega un mal papel que lo tiene atascado frente a Trump y, no encuentra que más hacer para tumbar el gobierno de Maduro con su pupilo Juan Guaidó del que no sabe cómo llamarlo cuando, se refiere a él o,aconseja que lo llamen como el representante de Trump en nuestro país.

Son individuos que no tienen nada que perder y nada les importa llenar de sangre al mundo que si por él fuera en nuestro país tuviéramos una guerra civil y, los marines invadiendo a Venezuela a la que prematuramente no encuentra que más acciones tomar y con su juego psicológico que han venido aflojando al ver que dejó de funcionarles, se atrevió con rabia a amenazar el país que, dejáramos de burlarnos, siempre con el decir como castigo severo que las opciones las tiene el presidente Trump sobre la mesa, mesa que se cimbra de tanto aguantar el peso de las armas a utilizar contra el gobierno de Venezuela y su pueblo.

Ese emisario es un personaje de los bajos fondos de su estatus moral que cuando no mueren de un infarto mueren de un susto, y el susto se lo va a dar él mismo Guaidó que, cuando actúa sin consultar los pone temblorosos al inflarse con amenazas constitucionales que ellos después ven como apresuradas prematuras y como Guaidó no estudió en Harvard, ni es político, sin dos dedos de pudor en su frente, sino un fascista pretencioso que aspira el poder de los gringos como su amuleto político de salvaguardar sus interéses a futuro en el país.

Notamos en la figura de Elliott en apenas dos meses de actuación sobre Venezuela como algo trasquilado de ideas después de dejarnos sin luz ni agua, más encogido de provocaciones, y algo desvalido de valor gringo, lo contrario de Nicolás, nuestro presidente, más arrogante con el poder de su pueblo y de las Fuerzas Armadas y, de Dios sobre todo: luchando por sacar la voluntad de su pueblo adelante sin esclavitud, sin injerencismo de ningún país y a ser libres, por lo que las notas del gloria al bravo pueblo nos encienden de libertad de una libertad infinita, sin gringos ni autoproclamados que nos puedan sacar del camino de la paz.

 



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Esteban Rojas


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