La construcción del PSUV, un tema complejo

Bien lo plantea Díaz Rangel, Director de ULTIMAS NOTICAS, en su comentario dominical del 04 de febrero, al expresar que, "La constitución del partido socialista unido será mucho más compleja y ese proceso mucho más largo de lo que han pensado el Presidente Chávez y el equipo que sobre esta materia le ha estado asesorando."

La convocatoria presidencial del 15 de diciembre pasado del Presidente Chávez, para conformar el partido de la revolución, bajo la denominación que propuso, Partido Socialista Unidos de Venezuela se ha constituido en un hecho extraordinario, de vital importancia para continuar por la ruta anunciada durante el proceso electoral que concluyó el 03 de diciembre, y profundizar la transformación del país en los marcos de la construcción del Socialismo del Siglo XXI. El anuncio presidencial ha generado grandes expectativas y ha estimulado un amplio proceso de discusión y análisis que tiene ocupados, para darle contenidos reales a los planteamientos esenciales del Presidente Chávez, a todos los sectores que apoyan el proceso de cambio revolucionario.

Las reacciones no han hecho esperar. Desde el anuncio presidencial de disolver el MVR, en su condición de máximo líder de esa organización política, hasta las manifestaciones precipitadas de otras fuerzas políticas del proceso ante la convocatoria inesperada del Presidente, pasando por aquellas que, como en caso particular del PCV, que asume la convocatoria, dentro de los marcos de una discusión interna que ponen juicio, desde sus posiciones ideológicas, las calidades, alcances, contenidos ideológicos y orgánicos del proyecto de construcción del PSUV.

El proceso de construcción del PSUV, sin embargo, carece de un hilo conductor, de un órgano de dirección, que tiene que ir, por su propia naturaleza, más allá de la trascendencia de la convocatoria del Presidente Chávez., que sirva de medio para canalizar inquietudes, definir contenidos ideológicos y metas políticas, darle fuerza orgánica y establecer los tiempos y objetivos al proceso de construcción del PSUV y por lo demás, orientar las manifestaciones espontáneas de apoyo, que se dan el seno de las organizaciones populares.

Sin embargo, en la coyuntura por la que transita Venezuela, enfrentado a un proceso de reordenamiento institucional en todos los frentes, para dotar al país de las herramientas legales y constitucionales que garanticen el camino del futuro, la dispersión en que se encuentran las fuerzas políticas apuntadas con el proceso de cambio, resulta francamente preocupante.

En política no hay nada espontáneo. Los grandes movimientos sociales de la época, que se expresan en la toma del Palacio de Invierno en Petrogrado en 1917, pasando por La Gran Marcha encabezada por Mao entre 1934 y 1936, y en años más recientes, el asalto al Moncada encabezado por Fidel en 1953, han sido el producto de grandes decisiones fundamentales, en consecuencia de la agudización de situaciones políticas diversas, interpretadas por organizaciones revolucionarias inmersas en las dinámicas sociales en las cuales les tocó actuar. Los espacios políticos nunca se llenan de manera espontánea y la participación de los pueblos que protagonizan su historia, nunca se ha dado en tales condiciones, pues siempre hay, en la clandestinidad o en la legalidad, desde el poder establecido o luchando en contra de ese poder, la herramienta política que orienta y dirige los esfuerzos al combate y a la transformación de la realidad social en que actúan, cualquiera sea la naturaleza de ésta.

En Venezuela se ha dado una explosión de interés por profundizar en el llamado presidencial para integrar la herramienta política del proceso, pero cada cual, todos los sectores involucrados en el cambio revolucionario, manejan diversas interpretaciones ideológicas, cada con su equipaje particular para decirlo de alguna manera, y algunos ni lo tienen. La experiencia cubana es rica en la ruta de construcción de su institución partidaria, dentro de sus circunstancias y condiciones históricas, y nos puede ayudar a alumbrar el camino. En Venezuela, no veo por ningún lado un centro de dirección revolucionaria que impulse, que oriente, que asigne cuadros, si lo hay, y veo en acción una especie de "voluntarismo", la manifestación espontánea de muchos sectores y corrientes ideológicas que se disparan por todos los rincones del país, al llamado y orientaciones del Presidente Chávez, provisto de diversas interpretaciones sobre el futuro y contenidos del proyecto revolucionario. Unos más acá y otros más allá, para ponerlo en alguna escala, pero sin una concepción unitaria, que integre en lo político, pero sobre todo que integre en el plano orgánico, los esfuerzos aislados de muchos. La suma de todos los esfuerzos debe tener un ligamen, que indique que estamos dentro de un proceso armónico de construcción de la vanguardia política de los revolucionarios venezolanos, con ritmos sostenidos y orientaciones claras. En las actuales circunstancias, cualquier manifestación de "voluntarismo", "esa especie de aparente improvisación a la que nos hemos acostumbrado" -como dijo en alguna oportunidad José Vicente Rangel- , resulta ser un peligro que puede atentar de manera inesperada en contra de la marcha del proceso de transformación.

Unos más acá y otros más allá en el plano de la transformación económica y política de Venezuela. Unos más acá, pensando en las posibilidades y objetivos del proyecto de transformación, sin poner de lado una valoración responsable de la correlación de fuerzas internas y la realidad internacional y otros, incapaces de interpretar por sectarismos ideológicos, -matriculados con sus interpretaciones particulares-, las experiencias aún recientes y frescas que llevaron al fracaso a la Unión Soviética y a los países de la Europa oriental.

Hace pocas semanas en una entrevista de amplia difusión, Gorvachov, el último Presidente de la URSS expresó; "El país -la Unión Soviética- era rico en materias primas y en capital humano, pero la carrera armamentista significó un desangre económico que no nos permitía crecer". Cuando Gorvacho, en la misma entrevista dice, "Era imposible seguir viviendo como lo hacíamos porque nos estábamos debilitando cada vez más frente a Occidente", y agrego de mi cosecha personal, "con un dominio total sobre la actividad económica, con propiedad sobre los medios y formas de producción", y el modelo no tenía futuro en términos políticos, porque seguir insistiendo en el presente, en transitar por la vía que llevó al desplome de la URSS, y no buscar formas alternativas de organización de la economía, que dentro de la diversidad, logremos llegar a los niveles de bienestar que satisfagan las demandas y necesidades de la sociedad.

Al capitalismo nunca más y no habrá retorno en Venezuela, porque conocemos los resultados, pero seguir insistiendo en el recetario, como lo hacen algunos sectores, resulta totalmente fuera de lugar y así siento que lo entiende el Presidente Chávez. Dentro de la diversidad de las formas de propiedad y producción, diversidad en la actividad económica, pero con la presencia rectora del estado, en la definición de las tendencias fundamentales, que marquen el paso y las rutas, pienso que por ahí está el camino de Venezuela, en los próximos años.

Gorvachov nos quedó debiendo en la entrevista citada, alguna opinión sobre los alcances de las reformas económicas que estaban a las puertas, pero se puede intuir sin ninguna duda, que las mismas estaba detrás de soltar las amarras en áreas esenciales, que estimularan la presencia en el panorama soviético de la época, de nuevas formas de propiedad y formas de producción, dentro de los marcos del desarrollo socialista.

La experiencia cercana, las transformaciones que se establecieron en Cuba a partir de 1993, con la puesta en ejecución de la nueva ley de reforma agraria, la tercera desde el triunfo de la revolución cubana en 1959, es un tema que hay que revisar y estudiar. Algo escribí por ahí en aporrea, "CUBA -REVOLUCION EN RENOVACION-", http://www.aporrea.org/ideologia/a28760.html, pero a nadie le llamó la atención, pues para algunos sectores esas medidas fueron síntoma de reforma, de rompimiento con paradigmas en la economía agrícola cubana, ligada durante quinquenios a la visión y escuela soviética que resultó en fracaso. Si se revisan las estadísticas de la época, la calidad y rendimientos de la actividad productiva, en la remanente iniciativa privada en el campo cubano, era superior en mucho, a la calidad y rendimientos de la actividad de las empresas estatales, regidas por criterios de propiedad social sobre los medios y formas de producción.

Siento que nos estamos llenando de mensajes ideológicos, en la búsqueda de verdades absolutas que de ninguna manera aceptan reconocer el fracaso de las visiones únicas, de la economía única y del partido único, como fuerza rectora de la sociedad. En la diversidad estará el futuro de Venezuela, siempre y cuando se conserven los contenidos esenciales.

En este sentido, el proceso de construcción del PSUV, concebido éste, como la integración, sin exclusiones, de las expresiones políticas y movimientos sociales que apoyan el proceso de cambio que encabeza el Presidente Chávez, es necesario definir en forma paralela, el carácter y los contenidos políticos y económicos esenciales, de largo plazo, que definan el proyecto revolucionario y estos temas, en mi opinión, están fuera del debate nacional.

Al entrar en este proceso de construcción del partido de la revolución bolivariana, debemos partir de la base que, - así lo asumo-, que en los sectores que apoyan el proceso de cambio liderado por el Presidente Chávez, hay conciencia plena en el sentido de que, el proyecto no tiene, ni tendrá un rumbo definitivo en todos los contenidos fundamentales, en el tanto en que no se cuente con un partido revolucionario que se ponga al frente, que conduzca y oriente, el esfuerzo nacional para construir el nuevo modelo de país.

No obstante lo indicado, no debemos olvidar que los partidos políticos que apoyan el proceso de cambio en que se encuentra inmerso Venezuela, son estructuras con una serie de limitaciones de origen, que más allá de lo electoral, que muy poco han aportado en términos teóricos e ideológicos al proceso revolucionario. Con excepción del Partido Comunista de Venezuela, el resto de partidos que integraron el Bloque del Cambio, con desarrollos históricos disímiles y orígenes ideológicos diversos, de ninguna manera se pueden constituir el soporte sobre el cual se funde, en forma exclusiva, el proceso de construcción del PSUV.

Del lado del movimiento popular, en lo que podríamos concebir como la conciencia del proceso revolucionario, se producen graves manifestaciones de sectarismo, producto de un activismo espontáneo, sin control ni orientación política, del cual no se derivan iniciativas de integración orgánica, lo que genera la falta de continuidad en el acompañamiento de las iniciativas y acciones del gobierno bolivariano. El predominio de las acciones focalizadas sin una noción de conjunto y de continuidad de las acciones, ante la ausencia de cuadros preparados, lo que produce son reacciones negativas, que actúan de manera contraria a las posiciones del proceso, a nivel de centros de trabajo, universidades, barrios y comunidades. La mentalidad burocrática le está ganando espacios a las iniciativas populares y esta tendencia se refleja en la pérdida de ritmo de iniciativas gubernamentales, en especial en las misiones sociales y diversas iniciativas de integración en los niveles comunales, estatales y regionales, en donde parece que cada manifestación aislada camina conforme a un librero particular de acciones y visiones.
El movimiento popular venezolano tiene que superar el grado de dispersión orgánica e ideológica en que se encuentra. En el tanto que logre incorporarse a procesos unitarios con miras a la construcción del PSUV, más se consolida el presente y futuro del proceso de cambio revolucionario. En tal sentido los revolucionarios venezolanos están obligados a luchar en forma permanente, para consolidar la unidad en el presente, en contra de graves manifestaciones en su cultura política que rechaza la organización, que propicia el individualismo, el partidismo de pequeña escala como lo demuestra la historia, que siempre ha sido reacio a cualquier manifestación que promueva la creación de una organización política seria, que incluya la aceptación de postulados ideológicos básicos en la búsqueda de una unidad de amplia base. La dispersión orgánica e ideológica es una condición que se debe combatir en todas sus manifestaciones o tratar de encauzar en términos positivos para los intereses vitales. La unidad de todos los factores y manifestaciones políticas e ideológicas dispersas se debe lograr en el corto a mediano plazos, pues se constituye en un poderoso instrumento para superar la fragilidad y la falta de consistencia en algunas manifestaciones, del proceso revolucionario venezolano.

La fragmentación ideológica ha imposibilitado hasta el presente la formación de un bloque de poder que pueda constituirse en el blindaje defensivo y ofensivo de las iniciativas de gobierno, ante las arremetidas tanto del enemigo externo como interno. En las actuales circunstancias, resulta de naturaleza urgente definir las metas fundamentales del proceso, hasta qué niveles ha avanzado el proceso de transformación de la realidad económica y política del país y cuál es el camino que debe ser recorrido en los próximos años. Debemos entender que en la actual etapa en que se encuentra el proceso de cambio, coexisten posiciones en contra del imperialismo en todas sus manifestaciones, con los ingredientes y contenidos de una revolución democrática y apenas, en forma incipiente, se dan las manifestaciones de un proceso de cambio de contenido socialista, dentro de las posibilidades de un desarrollo económico de carácter plural, en sus contenidos esenciales. Dentro de esas circunstancias se debe asumir el proceso de construcción del PSUV.

Me pregunto a manera de conclusión, si el resultado electoral del 03 de diciembre habrá dejado los suficientes espacios, las suficientes holguras políticas en la sociedad venezolana, para asumir el futuro con optimismo, en términos de la construcción de la nueva sociedad venezolana, que abra paso al Socialismo del Siglo XXI. No es el momento de iniciativas aisladas y fragmentadas en el tema de la construcción partidaria, de pronunciarse antes de tiempo, sin estar constituidos los mecanismos de articulación de los esfuerzos principales que nos lleven a la consolidación orgánica, que lleven a la izquierda revolucionaria a la construcción del partido unido de la revolución bolivariana. Si es necesario invertir en tiempo y paciencia, en este proceso vital, es preciso hacerlo, para ahorrar en desgarraduras y enfrentamientos que le faciliten el camino a la contrarrevolución interna y a la reacción internacional.


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Federico Picado Gómez


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