El comunismo primitivo y agricultura. Parte II. Las ciudades parásitas y otros retos

Desde 4.500 años A.C. el poblamiento territorial comenzó a tomar otro matiz, cada vez más y mayores urbes descollaron en sus arreglos según las culturas dominantes. Sucedió por igual en Europa, Asia, África y en la desconocida América. Estas ciudades incipientes estaban jerarquizadas, con la excepción de las citadas ciudadelas comunistas primigenias de Europa Oriental. De estas solo quedan vestigios y nuevos pensamientos contextualizados, porque estamos en el momento histórico del repensar la vida y la agricultura. Todo territorio, donde habite un humano requiere de la agricultura sustentable.

Ya era evidente la toma de la tierra como signo de poder; el esclavismo y el feudalismo no tenían freno, porque eran parte de nuevas relaciones de propiedad sobre los medios de producción. Trabajo esclavo, trabajo compartido con el poder, cada vez mayor cantidad de comerciantes que movían excedentes de agricultura y de materias minerales extraídas de la tierra, nuevos oficios, la intensificación del uso de las ruedas, cada vez mejor diseñadas y sofisticadas para ayudar en la transportación; almacenes de granos, sistemas de distribución, migraciones, ciencia médica primitiva en ascenso, epidemias frecuentes, nuevos aprendizajes para abordar el crecimiento de la población y los servicios de agua y drenajes; así poco a poco se llegó a el primer siglo D.C. Donde era chocante la forma opulenta de vida de los poderosos en relación a la plebe, los pensadores igualmente eran una clase distanciada del común.

Esa tendencia era irreversible y siguió su curso, el capitalismo se apuntala con la revolución industrial y se magnifica en los últimos 100 años con el desarrollo de los sistemas industriales de producción de objetos diversos, la ingeniería de materiales avanzó vertiginosamente, el conocimiento de la biología, la bioquímica y sus aplicaciones a la salud ayuda a crear emporios capitalistas que controlan la salud como negocio; se dan grandes cambios en el modelo energético mundial, donde el petróleo juega un papel fundamental, los sistemas de transportación y de almacenamiento han evolucionado acorde a los grandes negocios del mundo actual. La ciencia y la tecnología al servicio del capital toma cuerpo, y los rezagos ya no son individuales, son de una escala geopolítica mayor, incluida la continental. La mutación de un mundo rural a otro urbano se dio al punto tal que algunos países escogieron el camino de las grandes metrópolis, donde el capitalismo no dejó espacio para que cupiera una aguja perturbadora del modelo de la desigualdad. Las tecnologías de la comunicación e información pasaron de ser beneficiosas a peligrosas y hoy son parte del equipamiento de guerra.

El resultado es grave: Hambre, miseria, desigualdad, segregación, pandemias, criminalidad, guerras y muerte... llegamos a un planeta enfermo porque la sociedad mundial está enferma de egoísmo. No es fatalismo en una realidad con cifras que la respaldan y son bastante conocidas. Sin embargo ir hacia nuevas formas de organización social y económica, hacia una reconversión del modelo civilizatorio, pasa por detectar cuanto de todo lo que conocemos y utilizamos podría ser útil para esos tiempos por venir que los futurólogos ven a unos 30 años máximo, antes de sucumbir. Este siglo XXI podría ser denominado "Cien años de catástrofes anunciadas".

La sociedad urbanizada dejó espacios huecos que pueden servir para rellenarlos con otras prácticas más amigables, como el uso de materiales seguros y biodegradables, nuevas energías de bajo impacto en el ambiente, especialmente menos contaminantes, nuevas formas de preservar la salud, espiritualmente armoniosa con el entorno, alimentación adecuada para todos y sistemas agroalimentarios sustentables, especialmente de muy bajo riesgo para el planeta y la gente, sistemas de servicios públicos eficientes y de menos riesgo y la paz como meta de la sociedad mundial, entre otros aspectos.

¿De dónde partimos? He aquí las dudas sobre las propuestas del comunismo primitivo para salir de la crisis civilizatoria del capitalismo. Son tres trasformaciones territoriales muy complejas:

1/ Destruir el concepto de ciudades parásitas, aquellas dedicadas a gobernar la política, a satisfacer excentricidades, a transar bienes de alto valor suntuario, a gobernar los flujos financieros, a importar los productos para satisfacer necesidades básicas y suntuarias, apropiarse del excedente de los Estados para generar una desigualdad de oportunidades en servicios públicos, a formar las redes de privilegios y corrupción, a concentrar capitales y exportar capitales, a forjar alianzas de expoliación con otras metrópolis más parásitas. Son ciudades gobernadas sin compromisos con el entorno nacional, desiguales internamente, y ultra desiguales con el entorno peri urbano y rural.

No se trata de una confrontación, se trata de un nuevo estado de consciencia que tendrá muchos detractores pero también muchos voluntarios. Vendrán nuevos conceptos, como ciudades verdes que rescatan cada espacio posible para producir oxigeno, son fundamentalmente ahorradoras de energía, y con sistemas de transportación publica de alta calidad y poco contaminantes. En los próximos 30 años deben generar al menos 25 % de sus demandas de alimentos. Todo espacio es perfecto para producir algo de alimentos, No se aceptan los plásticos en materiales de corta duración de uso en los hogares, las tecnologías de envoltorios será biodegradable. La vegetación natural en áreas no susceptibles de construcciones será regenerada. Todas las aguas residuales serán reprocesadas para diversos usos. La educación tendrá un alto contenido de proyectos para mejorar las ciudades verdes. Además serán ciudades inteligentes, sin caer en el exceso de saturar el ambiente con ondas electromagnéticas cancerígenas. Muchas calles y avenidas innecesarias serían transformadas en espacios públicos para la distracción sana, el esparcimiento y el contacto con el prójimo.

Las nuevas ciudades contarán con al menos 10 proyectos comunes: educación para la sustentabilidad, viviendas sostenibles o edificaciones vivas, agricultura participativa, organización comunal y gobierno, organización de la producción necesaria, servicios públicos sostenibles, salud integral, artes y recreación, regeneración ambiental y relaciones con el entorno, entre otros. El arreglo espacial de la vida subsana los temas de calidad y acceso a la vivienda digna y genera el concepto de "lo mejor para la vida es lo próximo", lo que está cerca, lo que evita pérdida de tiempo necesario para cultivar el espíritu. Una sociedad sostenible debe reducir la contaminación del aire y del agua en más de 50 % en los próximos 30 años.

¿Hemos pensado en Venezuela como serán nuestras ciudades parásitas dentro de 30 años?

2/ Territorios de transición: aquellos que se encuentran en los espacios periurbanos o también conocidos como peri-rurales. Son territorios imitadores de las ciudades parásitas, se ha querido convertirlas en copias menores de aquellas, pero tienen tantos o más problemas que las ciudades parásitas porque son parte de las llamadas colas de distribución de beneficios, como agua, electricidad, telefonía, otras energías, salud y educación. Han descuidado la producción primaria por diversas causas. En estos territorios se encuentran la mayor cantidad de cuencas hidrográficas intervenidas y destruidas pos acción antrópica, también existen la mayor cantidad de bosques deforestados para hacer potreros, cuentan con la acción voraz del extractivismo mineral, en síntesis combinan grandes problemas con grandes potencialidades.

En 30 años, se pueden recatar el 100 % de las cuencas hidrográficas perturbadas, el 100 % de los bosques que se decida colectivamente regenerar. Hay países que ya comenzaron la ingeniería restaurativa del ambiente natural. También están los que están devastando tierras El planteo de una nueva agricultura amigable con el ambiente, que pueda sustentar la vida sana, que permita exportar alimentos a las ciudades inicialmente parásitas. Todo un multi proyecto de pequeñas ciudades sostenibles, con los 10 proyectos equivalentes al punto anterior. La era antrópica debe rescatar el valor de la humanidad para el planeta.

3/ Territorios típicamente rurales: Acumulan la mayor deuda social del país, en el habitan 350 mil familias en las peores condiciones de vida. Viven sobre un emporio que no ls pertenece, la mayor parte de esas tierras son del Estado propietario o de los latifundistas. La Reforma Agraria de los años sesenta del siglo XX fue un engaño, la tierra nunca fue de quien la trabaja, esa es una declaración idílica. No hay revolución si la tierra es ajena. Para subsistir, el estado suple parte de los alimentos de origen foráneo, o producidos por los dueños poderosos de grandes extensiones, donde hay visos de cierto grado de esclavismo. Todo campesino que trabaja para la tierra del poderoso es espiritualmente un esclavo. En estos territorios habita la posibilidad de "Todas la manos a la siembra" propuesta de un desparecido insigne, pero desaparecido al fin. En este desfase, cuenta la historia reciente que una vez quisimos desarrollar el amplio territorio de la Faja Petrolífera del Orinoco, llevando hortalizas de los Andes, porque toda idea de producir, fue bloqueada de alguna manera.

Estos territorios típicamente rurales son el mejor caldo para una verdadera promoción de las comunas con perfil agrario-agrícola, donde se redime al humano y se produce en forma sustentable. Tienen la posibilidad de un abastecimiento alimentario biodiverso. y generar migraciones internas deseables.

Ante esta situación compleja territorial, se imponen políticas que superen lo estítico del papel que se le está asignando a una burguesía revolucionaria que de todo se apodera con la complacencia del Estado.

¿Seguirán aguardando los campesinos por las tierras que lucharon un 24 de Junio hace casi 200 años? Los discursos, la legislación territorial avanzada y los proyectos regenerativos de suelos y aguas, la otra agricultura ¿Desaparecieron?

Cuando comience la revolución en la agricultura abundarán los alimentos sanos y accesibles, la cocina sin despensa y las mesas de platos vacíos y tristes desaparecerán.



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Miguel Mora Alviárez

Profesor Titular Jubilado de la UNESR, Asesor Agrícola, ex-asesor de la UBV. Durante más de 15 años estuvo encargado de la Cátedra de Geopolítica Alimentaria, en la UNESR.

 mmora170@yahoo.com

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