Una cosita sobre la transición al socialismo

  Hablar de socialismo en cualquier tiempo implica, necesariamente entre tantas cosas, ocuparse meticulosamente de la transición del capitalismo al socialismo. En estos días pasados leí sobre algunos ideólogos que daban de plazo a esa transición dos o tres años o máximo una década para que el socialismo fuese ya construido definitivamente en el país. Sin duda una hipótesis imposible de comprobar y que ni siquiera el Quijote hubiese sido capaz de asumir para socializar los molinos de viento y distribuir las aguas y el producto de los cultivos en base a las necesidades de la gente. Sin embargo, es de mucha importancia no sólo que actualmente se discuta, se polemice y se estudie sobre socialismo y la transición, sino sobre la necesidad de producir resultados que evidencien que ese es el camino único, tanto en lo nacional como en lo internacional, que nos queda para salvar el mundo de tantas y nefastas atrocidades de la globalización capitalista salvaje contra la humanidad. 

Cualquiera, con sólo un impulso del sentido común, puede hacerse su propio juicio sobre socialismo como sobre la transición del capitalismo al socialismo. Pero por mucho que eso respetemos, debemos tener conciencia que la ciencia traspasa de manera infinita las fronteras del sentido común y nada deja a éste como depósito o secreto de su confianza ni en el presente ni para el futuro. Por eso, todo buen ideólogo debe cuidarse de la opinión que emite sobre una categoría científica o histórica. De allí que me haya llamado mucho la atención el criterio emitido por mi amigo Alberto Garrido en torno a la transición hacia el socialismo aparecida en El Nacional del miércoles 10 de enero del presente año. 

El mundo político conoce la calidad de analista político de Garrido, su permanente vocación de investigador, de estudioso de la ciencia social, y de escritor objetivo sobre la materia que se propone dar a conocer a los lectores. El excelente poeta y también analista político Tirso Meléndez –en sus andares por Mérida- sabe que estoy diciendo la verdad salida de mi corazón. 

No estoy pretendiendo ni siquiera acercarme a la capacidad analítica ni mucho menos al nivel de conocimientos que posee Alberto Garrido, pero me impresionó que –según quien lo entrevistó- le haya dicho que el ciclo de la etapa de la transición al socialismo se cerró. Además, que lo más emblemático del cierre de la transición haya sido la salida del Vicepresidente José Vicente Rangel, como si aquella tuviera que ver con una persona y no con realidades objetivas que no dependen de la voluntad de los hombres. Estoy entendiendo el verbo cerrar como una etapa ya completamente superada por no concebir lo contrario: desechada, ya que ahora es cuando el Presidente Chávez ha pronunciado discursos específicos sobre el socialismo como inevitable programación de su gobierno. No tengo la menor idea en qué elementos se fundamentó el analista político Alberto Garrido para haber llegado a esa conclusión. 

Permítame Alberto Garrido decir una cosita sobre la transición del capitalismo al socialismo. Se me ocurre pensar que creer que el ciclo de la transición del capitalismo al socialismo en Venezuela se ha cerrado, es como sostener que en Cuba ya se pasó la frontera de la fase comunista propiamente dicha y se marcha a una formación económico-social no prevista aún por los mejores ideólogos del marxismo o del comunismo en el mundo de hoy. Sólo con saber que el planeta sigue estando dominado y decidido por el mercado mundial y, éste, por los más grandes y poderosos supermonopolios económicos imperialistas, es suficiente para entender que la transición hacia el socialismo será tan larga y servirá de medida exacta del tiempo que perdure el capitalismo altamente desarrollado haciendo de las suyas con el mundo subdesarrollado o en vía de desarrollo.

Precisamente, así lo creo, a nuestros pueblos se le debe decir que la transición hacia el socialismo es un proceso que necesita de muchísimos sacrificios y esfuerzos, de mucha paciencia y comprensión de las realidades y de las necesidades, de una idónea preparación para enfrentar peligros y retos altamente costosos pero imprescindible vencerlos, de mucha cohesión de las fuerzas que propugnan el socialismo, de mucha solidaridad y armonía para el funcionamiento de los factores creadores del nuevo régimen de producción, de un avance altamente constructivo de las fuerzas productivas y del rompimiento de los mitos y dogmas fronterizos que separan a los pueblos como si fueran extraños y totalmente diferentes entre sí, crear y fortalecer un estado o espíritu de conciencia masivo en las clases y sectores que nada tienen que perder en el capitalismo y en cambio tienen todo un mundo nuevo que ganar con el socialismo, que mientras no sea derrotado el capitalismo altamente desarrollado no es posible desarmarse de aquellos elementos de poder que en la misma transición comienzan a desaparecer o extinguirse por innecesarios para el desarrollo de la humanidad en libertad, justicia e igualdad. Mejor dicho: el socialismo es una cultura nueva y un arte nuevo que dejan de ser de clase para transformarse en la expresión universal de la humanidad. Y esto sólo es posible conquistarlo cuando la sociedad sea la propietaria de los medios de producción y de la distribución de la riqueza. Sólo esto, por otro lado, permite que todo hombre y toda mujer tengan acceso a la ciencia y la técnica convirtiéndose en seres cultos.

 Creo que es precisamente ahora, con las medidas anunciadas que se piensa hacerlas realidad, cuando en verdad vamos a mostrar signos de ir adentrándonos en el período de transición del capitalismo al socialismo. Y eso implica que nadie, de nuestro pueblo que aspire un mundo nuevo posible, se haga de la ilusión que en el 2013 –fecha de nueva elección presidencial- estaremos viviendo los más gratos sabores del socialismo.

Lo que debemos entender, como condición sine quo non del socialismo, es que a las generaciones de hoy les toca el sacrificio y el esfuerzo de luchar para que las generaciones futuras se encuentren mucho más cerca que nosotros del socialismo. Este, sólo será posible construirlo completamente sobre el cadáver del capitalismo altamente desarrollado, cuando la sociedad se haga dueña del legado cultural y artístico de la historia para ponerlo al servicio de la humanidad y no de alguna clase social en lo particular. Ese es el destino histórico que nos corresponde y debemos asumirlo con la pasión amorosa de saber que se está cumpliendo con el deber de servirle a la gran causa de la redención social que izará su bandera de victoria cuando ya no quede ni una pizca de peligro de capitalismo en toda la faz de la Tierra.



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Freddy Yépez


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