¿Bravo Pueblo?

Luego del brillante artículo del hermano del alma, Orlando Zabaleta, "Maduro: el peor gobierno de la historia republicana", pareciera que hubiesen quedado muy pocas cosas por decir. Por lo demás, resume lo que ya varios han dicho. La constatación de la irresponsabilidad ante la caída cíclica de los precios del petróleo, la comparación de la actualidad con las peores situaciones del país debidas a políticas neoliberales, inflación o endeudamiento masivo, la refutación de la tesis de la "guerra económica" como subterfugio para no reconocer los errores garrafales de política económica en distintas coyunturas desde 2013, la incapacidad de funcionarios premiada por el mantenimiento del mismo team de ineptos, la puesta en su lugar de las sanciones de Trump, lobo largamente llamado hasta que lanzó su zarpazo, la destrucción sistemática del aparato productivo y todos los servicios, la educación y la salud, etc., es una síntesis apretada de lo que puede ser un documento invalorable para los historiadores que investigarán este terrible período y se preguntaran cómo fue posible esta destrucción de la Nación. Tal vez algún lector avisado podría agregar las evidencias de una corrupción galopante y la existencia de mafias contrabandistas de gasolina, oro, minerales y tal vez drogas, al desastre. Pero el artículo de Orlando de verdad que resume, apretadamente, las líneas generales, los hechos de la catástrofe, de la crisis compleja por la que atravesamos.

Otro acierto del artículo de Orlando es dejar abierta la puerta para la reflexión acerca de un tema importante, que formula más o menos así: ¿cómo es posible que el "bravo pueblo" venezolano dejara que esto ocurriese y se viera atrapado entre los polos de la destrucción? Porque la oposición de derecha, y esto lo aclara bien en su artículo Zabaleta, muestra los mismos rasgos de incompetencia e irresponsabilidad, agravada por su vocación de títere del imperialismo norteamericano.

El tema es fundamental. Una opinión que a veces circula es la de que los pueblos tienen los gobiernos (y los dirigentes) que se merecen. Claro: esta concepción tiene que ver con esa tendencia a justificar todo lo ocurre, por la vía de atribuírselo a una especie de Providencia Divina, o a una razón que sólo Dios conoce. Es la versión vulgarizada del "principio de la razón suficiente": todo lo que ocurre tiene un por qué. Con su matiz supersticioso y hasta bíblico, se expresa en la justificación de los acontecimientos como castigos por supuestos pecados cometidos por el "Pueblo Elegido". Esto, por supuesto, es una estupidez supersticiosa, como bien denunciara Nietzsche, pero incluso eso tiene un núcleo racional. Los pueblos (incluidos nosotros, el pueblo venezolano) pueden equivocarse, actuar irracionalmente; escoger las peores opciones, incluidos los peores dirigentes, incluso disponiendo de información pertinente. Pasa todo eso por una sencilla razón: el pueblo es, entre otras cosas, un gran conjunto de seres humanos, y estos se equivocan y muchas veces son irracionales.

Pensar que el pueblo siempre tiene la razón, que es sagrado (hay un dicho "voz del pueblo, voz de Dios"), es una idea romántica, del romanticismo de finales del siglo XVIII. Como tal, la asumieron nuestros iluministas, desde Bolívar y Rodríguez, hasta Chávez, pasando por su negativo, el odio a la turba revuelta de los positivistas que sostuvieron a Gómez, Pérez Jiménez y a parte de los adecos y copeyanos. Por supuesto, sin Pueblo (con mayúscula) no hay Nación (con mayúsculas también). Ese romanticismo llega hasta la izquierda disuelta en los 1980, cuando decidieron hacer "trabajo de base", descartar el leninismo en bloque, y levantar un altar a la explosión social del 27 y 28 de febrero de 1989, fecha que fue presentada como insurrección organizada y motivada al rechazo al neoliberalismo y confirmación de que el Pueblo siempre está por encima de sus dirigentes que, en este caso, por supuesto, eran los partidos de izquierda, demasiado parecidos a AD y COPEI, o los que estaban disueltos en grupos culturales y deportivos en los barrios.

Los clásicos del marxismo, gracias a una larga diatriba con los populistas románticos de varios países europeos, forjaron una visión más próxima y ajustada de lo que es el pueblo. En primer lugar, designa un conglomerado heterogéneo, es decir, conformado por diversas clases sociales, fracciones de esas mismas clases, categorías y sectores, cada uno con diferentes y hasta contradictorios intereses a corto, mediano y largo plazo. En segundo lugar, cada uno de esos segmentos sociales selecciona y estructura a su manera sus liderazgos. Es evidente que no es lo mismo liderar campesinos, obreros sindicalizados o las familias de un barrio popular. Aquí son acertadas las ideas que Lenin heredó de la social democracia alemana acerca de la relación indirecta entre los dirigentes políticos y las masas, mediados por lo que Gramsci llamó "intelectuales orgánicos".

Pero además de tomar en cuenta la heterogeneidad y la emergencia de los liderazgos, que conspira contra los aciertos de la espontaneidad de las masas, hay que considerar la parte irracional. Y aquí también Marx nos da una pista. En la actuación de las masas y sus dirigentes tienen una función muy importante las tradiciones, las costumbres, las viejas creencias tercamente sostenidas. Marx lo observó en libros como el " XVIII Brumario de Luís Bonaparte", en el cual también señala el papel de las emociones y los sentimientos, aunque no profundizó en ello. Aquí sería más pertinente Freud. Pero a lo que iba: en el caso venezolano hay que considerar el peso de tradiciones culturales tales como el caudillismo, el "pajarobravismo" (esa clásica distinción de Uslar entre "vivos" y "pendejos"), pero también los efectos de algo más reciente: la espectacularización de la política, la asunción del ritmo de los grandes medios masivos de información, la massmediación de la política, que ahora se concretan también en las redes, que imponen la gramática de los discursos, la construcción de los símbolos y los mecanismos que explican muchos comportamientos. ¿Ejemplos? La extravagante actuación de rock-star del "vampiro" Lacava. Pero también los modales de show-man del propio Chávez y los chistes malos de Maduro.

Pero también hay otros "mecanismos". Mencionaré algunos visibles en los grupos wassap de las UBCH, por ejemplo: a) el chantaje ideológico: si criticas mucho la situación de hambre y catástrofe (la luz, por ejemplo), te conviertes en sospechoso de traidor, "Guaidó" y hasta de agente de la CIA; en su versión opositora es: si rechazas el intervencionismo norteamericano como que eres madurista y niegas su corrupción y sus errores; b) La espiral del silencio: mejor no digo nada, paso "agachao", no menciono lo que he tenido que sufrir, o las sinverguenzuras que he visto, para que no me pase nada (pueden hasta sacarme del CLAP o amenazarme de muerte por ser "madurista" si critico a Guaido) y me dejen tranquilo; c) No critiques, sino haz propuestas: la idea es negar que sí se han hecho propuestas generales, pero además el hecho de que para hacer una investigación sobre cualquier tema, desde asuntos técnicos hasta casos de corrupción, hace falta esfuerzo, tiempo y recursos que no tiene cualquier persona trabajadora, cabeza de familia; d) estoicismo popular: para mantener mi paz emocional, mi tranquilidad y no tener miedo, mejor hay que aceptar con paciencia y resignación lo que pase o lo que me den, porque yo no puedo hacer nada efectivo para cambiar las cosas. Es más, si hago algo (ni hablar de reclamar, menos agitar un posible saqueo) la cosa empeorará, Estos son los mecanismos más frecuentes y poderosos. Hay otros. Incluso, si observamos los grupos wassap, hay roles claramente definidos: el guardián que determina quién puede hablar y lo que se puede decir, corrigiendo paciente y condescendientemente a los amigos que se dejan llevar por las emociones, instándoles a hacer propuestas, callarles la boca, en fin. De modo que sí hay elementos para explicar cómo es que el "bravo pueblo" ha permitido el desastre, tanto del gobierno, como el de la oposición. Otro artículo podría ser útil para reflexionar para analizar los liderazgos que nos han conducido hasta aquí, cómo han surgido, cómo se "posicionaron", etc. Pero eso será en otra oportunidad que, menos mal, siempre hay mientras exista Aporrea.



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Jesús Puerta


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