En el socialismo lo importante es avanzar

El socialismo es un ideal que algunos lo asumimos como objeto personal para ser mejores personas. El socialismo es un ideal de sociedad que funciona como un modelo rector de nuestras vidas, un ideal que obliga al cambio personal y a los cambios en general, lo llevamos en la mente como norte (podríamos ser cristianos, musulmanes, judíos, monjes budistas, muchos compartimos los mismos valores de vida).

Su objeto es acabar con la sociedad de clases y la explotación de los más miserables y débiles, también acabar con la segregación cultural y étnica. La revolución es su método político. Trotsky piensa (no ha muerto aún, igual que Marx, Lenin, Che, Fidel, Chávez: nuestra herencia es inmensa e inagotable) en la "revolución permanente" porque el socialismo es una finalidad que demandará siempre cambios y más cambios, sobre la perfección moral de la humanidad como sociedad, como especie; alcanzar el paraíso en la tierra, la vuelta al equilibrio originario pero de manera consciente, inteligente, con razones a la mano y sobre continuos cambios; conscientes de que lo único que permanece es el cambio y a su lado una gran idea rectora.

Mientras el liberalismo (o el neo liberalismo, que es lo mismo) como teoría social y "científica" necesita adecuarse a la realidad –que es la sociedad capitalista-, necesita darle a la sociedad burguesa y al capitalismo una finalidad lógica, racional y metafísica, universal o divina, el socialismo, en una dirección contraria, busca adecuar la realidad, es decir la sociedad capitalista y burguesa al modelo socialista, cambiar esa realidad y adecuarla a un ideal humano de igualdad, concierto social y justicia en el comunismo, que es su meta social, lo que hace del socialismo una ideología humanista típica, clásica, comparable al pensamiento cristiano y moderno de un Erasmo de Róterdam, el gran humanista europeo, un viaje largo hacia la perfección de la especie, una demanda permanente de perfección humana en los valores de un Cristo vivo.

Su construcción política no concluye nunca, va con el devenir de la historia o del tiempo, su teoría es praxis política: práctica revolucionaria y teoría revolucionaria que genera una práctica revolucionaria y de nuevo teoría, en un continuo "movimiento dialectico" pero calculado, consciente. Tomar el poder es solo una etapa intensa de la trasformación de la realidad hacia la sociedad comunista, donde desaparece el Estado, como un lastre de lo pasado, pero donde no acaba el dolor y la búsqueda de la felicidad. Somos seres mortales y nuestra realidad es precaria y escurridiza, eso es lo que, en el fondo de todo, nos estimula a avanzar como socialistas.

Sin embargo el comunismo como ética, como práctica de vida, es real, existe, se hace concreto en la construcción misma de la nueva sociedad, de ella es su pulso práctico, moral y ético; yace en el corazón del hombre nuevo.

Hay que decir, entre paréntesis, que estas reflexiones nacen del sinsentido y de la vulgaridad de esta campaña electoral a la que estamos expuestos y en a la cual nos quieren involucrar a todos, emboscarnos entre dos ejércitos de la misma miseria y calidad humana; nos resistimos a hablar y comentar sobre política electoral, de la más baja especie; yo soy optimista, y por ahora y siempre, me salto este mierdero y mierderos similares.

Es evidente que nadie diserta en estas cosas, o tiene que hacerlo, cuando asume la vida con optimismo, pero pensar es una manera manifiesta de fe en la vida y en la humanidad suprema; es nuestra forma de elevarnos a ella, es una ofrenda a ella. El optimismo en la vida es lo que nos hace seres intensos. Se puede ser pesimista en relación al futuro porque nadie lo conoce, o pesimista en relación a la felicidad o la vida eterna, pero cuando aprendemos a vivir, conscientes de que no seremos siempre felices o eternos, todo lo demás dependerá de nosotros, para eso es la intensidad y la lucha constante por hacer trascender "el mejor modelo moral" en el tiempo, de heredar valores humanistas a la posteridad y no vanidad, muerte y destrucción.

El destino trágico de Sísifo nos alecciona en relación a esto. Lo importante de la condena de Sísifo no está en la infinitud de ella (él también es inmortal) sino en la consciencia revelada de su libertad, por la forma peculiar de su castigo, tener que cargar eternamente una pesada piedra a la cima de un monte para que caiga eternamente y repetir el ciclo trágico hasta el confín de los tiempos. Esta libertad se le presenta a Sísifo al momento que remonta la cima con su fardo, consciente de ser él el único responsable de su destino y no Zeus, Zeus es otro destino más. El castigo del peso de la piedra deja de serlo cada vez que carga en silencio con ella, su conciencia se regocija en su libertad, en el trayecto se ríe de sus verdugos, de sus carceleros, les puede gritar ¡cobardes esclavos! ¡serviles al caprichoso crónida!.

Igual, el optimismo por la vida nos lleva a amar nuestra libertad por encima de cualquier tropiezo, dolor o pérdida, por encima de cualquier castigo. La libertad es coraje, bravura, intrepidez, y total responsabilidad por las consecuencias de nuestros actos, es tener control sobre nuestro destino, amarlo como se ama a un hijo. Más o menos de este espíritu está hecho el hombre revolucionario; lo ideal sería que estuviera hecho en su totalidad de este barro sagrado y que se lanzara a la conquista de su libertad, sin tantos gimoteos, sin miedos vanos por lo que nos depara el futuro o el más allá después de la muerte, para que vaya y "tome al cielo por asalto" y darle un susto al mismo Zeus.

No pasa así con los liberales, ellos se conforman con esclavizar y esclavizarse al sistema de explotación calculada del hombre, del hombre por el hombre. Su libertad (francamente negativa) es toda aquella que permita el sistema burgués ahora, sin embargo solo sirve para que una minoría de ricos, de los más poderosos, se hagan más ricos y poderosos, más depredadores y caprichosos; es lo que ellos llaman la sociedad del "dejar hacer" (laissez faire), sin tener que asumir responsabilidad alguna de las consecuencias de sus actos, porque los ricos no se condenarán jamás a sí mismos, siempre habrán otros pendejos a su disposición que carguen con sus culpas.

La libertad revolucionaria es positiva, avanza, es la del hacer y punto, construir y punto, crear y ya, luego que sea lo que dios quiera, o lo que la revolución quiere, ¡todos los revolucionarios nos hacemos responsables de nuestros actos!... y seguimos adelante

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Sin mentira no hay verdad y sin verdad no existe quien mienta. Pero, si te toca mentir asume tu responsabilidad. En la nueva sociedad esta debe ser una ley moral definitiva y definitoria. Sin embargo hacemos vida dentro de un mundo que se cimienta en la mentira. En ella el que miente, miente siempre, no hay manera de que asuma responsabilidades, no existe manera de mantenerlo consciente cuando lo hace. En nuestra sociedad actual, la verdad es castigada socialmente, se expone públicamente como falta al colectivo, en un continuo retornelo de la crucifixión de Cristo, en un histérico ajusticiamiento de todo aquel que suelte a la luz alguna sinceridad nacida de su corazón frente a la "sociedad de los cómplices", que es la nuestra, burguesa y pequeñoburguesa.

La mentira original es aquella que oculta la explotación y el robo del producto del trabajo social, las relaciones sociales de producción, la trampa para abatir a la sociedad con sus robos; sobre eso miente el capitalista y el burgués y se miente la saciedad. Lo más brutal es que hace que el mismo esclavo, el trabajador explotado y esquilmado, que la sociedad en su conjunto piense, como si fuera una verdad natural y sagrada, el engaño que le imponen sus tiranos y verdugos, sobre el cual los pobres del mundo cavan todos los días sus propias tumbas, como un destino fatal. A la vez, con esa misma mentira, ocultan el robo de su espíritu, vaciados en la ignorancia, la superchería y el chisme.

Vivimos en una sociedad de seres atontados, adormilados, alienados por todos lados; nuestro reto como socialistas es sacudirnos y sacudir a todos los pobres sin pan, pero sobre todo sin espíritu, y sacudir sus conciencias, para que nos despertemos y se despierte todo el resto de la sociedad, de la pesadilla gris de un sinfín de fracasos e insatisfacciones, que han sido casi eternos… Es mucho mejor morir con dignidad y en pie de lucha que de viejos, encadenados al tedio y amañados al hambre y la ignorancia, amigo mío…

Nadie se salva, biológicamente hablando, por más que se inyecte botox o se haga trasfusiones de sangre, o inverne congelado, todos vamos a morir y seremos una carroña. Pero la humidad sí puede trascender en el tiempo, en el espíritu y su obra. No obstante el esfuerzo debe ser colectivo, todo depende de nuestro ejemplo en vida, de nuestro ejemplo moral, de cultivar los mejores y más puros valores, lo bello, lo valiente, lo fuerte…lo más humano de nosotros, depende de nuestra herencia postrera como individuos en sociedad la permanencia de nuestra especie en el tiempo… si no, solo echen una mirada a la historia y maravíllense de la humanidad. Corrijamos lo peor de ella, pensemos un poco en lo que somos y soñemos en lo que podemos llegar a ser… y dejemos el chisme a un lado.



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Marcos Luna


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