Captación mafiosa de la renta, fase superior del colapso del capitalismo rentístico

La investigación realizada por Oly Millán acerca de la monstruosa deuda externa venezolana, nos aporta elementos fundamentales para entender la crisis actual, que llega hoy a niveles de desesperación por la hiperinflación y la escasez, la profunda descomposición moral de la cúpula burocrática-militar que dirige el país, la pérdida de perspectivas de cualquier visión de cambio revolucionario del país, una cultura política esquizoide, la terrible fragmentación social y la gradual clausura de las alternativas. El concepto central para explicar esta crisis histórica, es la de la captación mafiosa de la renta. Esta la entendemos como la fase superior del colapso del capitalismo rentístico.

Desde un punto de vista estructural, nada ha cambiado desde que en 1997 Asdrúbal Baptista diagnosticó el colapso de nuestra modalidad peculiar de capitalismo, el rentista, basado en la captación de una renta resultado de la valoración por parte del mercado mundial capitalista, de un bien natural no producido, el petróleo; en contraste con el capitalismo "normal" que acumula capital a partir de la plusvalía extraída del trabajo asalariado explotado. Esta estructura capitalista sui generis de Venezuela, tiene consecuencias peculiares, que se han hecho nefastas para el conjunto de nuestra economía: independencia de los ingresos del país respecto de la productividad del trabajo del venezolano (con el consiguiente fracaso de los intentos de industrialización, dependiente, de paso), propensión a las importaciones sostenidas por la sobrevaluación de la moneda con consecuencias destructivas en todos los sectores productivos, excepto la banca y el comercio exterior; tendencias inflacionarias y recesivas (hoy al extremo de una hiperinflación y una recesión sin salida a la vista). Los episodios de este colapso arrancan inmediatamente después que la ilusión de la bonanza petrolera de los setenta (el primer período de Carlos Andrés Pérez), continúan con el gobierno de Chávez y se profundizan durante el gobierno de Nicolás Maduro, cuando termina de consolidarse el mecanismo de captación mafiosa de la renta.

Por supuesto que la corrupción no comenzó en 2012, mucho menos en 1999, tampoco en 1974 o 1983. Lo insólito e indignante es que, a pesar de la supuesta revolución que se habría producido en estos 18 años, nada ha cambiado, sino que, más bien, ha empeorado. Desde la misma década de los 1970, Venezuela se integró al mecanismo perverso de la completa financierización del capitalismo mundial, la hegemonía mundial del capital financiero, que hoy representa unas dimensiones tres veces más grandes que la "economía real", productiva. Por "mecanismo perverso" nos referimos a la lógica de endeudamiento público que someten a una dinámica de empobrecimiento a todos los países, y de la que se benefician los 147 grandes monopolios transnacionales financieros que controlan el mundo, y explican el surgimiento de nuevos grupos bancarios mafiosos, presencia constante en la terrible corrupción instalada en el estado venezolano. Son deudas que se alimentan de sí mismas, que no reportan casi ninguna de transferencia de valor a los países y menos a las poblaciones, que se contraen ilegítimamente, como ya lo han demostrado procesos de revisión como el de Grecia y el de Ecuador.

¿Cuáles son los "nuevos" mecanismos de este robo gigantesco al pueblo venezolano? La compañera Millán los describe muy bien: comenzando con el masivo endeudamiento de la "gallina de los huevos de oro" PDVSA con los bonos comprados en bolívares y pagados con dólares, la emisión de nuevos bonos "soberanos" y últimamente con la "fiebre del Petro". El desangre del estado venezolano, propietario legítimo de la riqueza minera y petrolera y por tanto captador oficial de su renta, contribuyó a la formación de una nueva fracción de la burguesía financiera, integrada enseguida al circuito financiero global a través de la delictiva fuga de capitales, nunca controlado ni impedido por los gobiernos. Ningún sector creció tanto como el bancario en todos estos años. Escotet, Cedeño y algunos más, gracias a sus conexiones, se convirtieron en figuras del "jet set" globalizado, saltaron de Banesco o CEDEL (empresa privada a la que se le adjudicó "inexplicablemente" la venta de bonos en 2002) a grandes bancos en Europa y paraísos fiscales, gracias a mecanismos tan evidentes como la reventa de bonos de deuda entre la banca privada y la pública.

La deuda pública venezolana pasó de 27860 millones de dólares en 1998, a 131167 millones de dólares en 2016, esto sin contar lo de PDVSA. "Nuestra" empresa petrolera pasó de deber 16006 millones de dólares en 2007, a 41027 millones de dólares en 2016. Según la cuenta de Oly Millán, la sumatoria se eleva a unos 181 mil millones de dólares, cifra que supera largamente nuestro PIB, es decir, la totalidad de todo lo producido por el país ¿Eso ocurre con la deuda de Japón y de Estados Unidos? Sí; pero la comparación es necia e irrisoria ¿Acaso el nivel de vida y la situación social y económica nuestra es comparable a la de Japón y Estados Unidos? Nuestra deuda pública no sólo ha crecido durante los años de aumento del precio del petróleo, sino que siguió incrementándose, pasando de $115284 millones en 2013 ($100 el barril), a $137068 millones en 2014 ($88,49 por barril) y $171999 millones en 2015, cuando el precio del petróleo cayó a $44,84 el barril. No había ahorros, ni siquiera porque la Constitución lo ordenaba. Ya en 2008, la deuda alcanzaba el 104% de las reservas nacionales; en 2017 representaron el 1502%. Ya en 2015, la deuda externa representaba el 71% de nuestro PIB. Hoy supera el 100%.

Agrega Millán: "a fines del 2016, PDVSA planteó un proceso de canje de los bonos que vencían en abril 2017 y noviembre 2017. Se canjeó (bonos pdvsa2017) por el bono pdvsa2020, dando, por cada $ 1000 del monto del capital por pagar, $ 1000 de los nuevos bonos pdvsa2020, así como su respaldo por el 50,1 por ciento de las acciones de su filial en estados unidos, CITGO holding inc. En ese mismo año, PDVSA aceptó de la empresa rusa petrolera, ROSNEFT un financiamiento por el orden de los $ 1.500 millones, dando como garantía el 49,9% restante de las acciones que tiene en CITGO holding inc.". O sea, el principal activo de la República en EEUU, la refinería CITGO, ya está hipotecada. ¿Recuerdan a aquel presidente que habló de que recibía "un país hipotecado"?

¿Ha habido algún gesto gubernamental, alguna declaración oficial, acerca de revisar esta situación, de por lo menos rendir homenaje a la actitud crítica tradicional del Movimiento de los No Alineados hacia la deuda externa, tan fuerte en la décadas de los 1980? Para nada. Por el contrario, el presidente Maduro, en agosto de 2017, se vanagloriaba de que su gobierno cumpliría "como fuera" con sus "compromisos", y anunciaba que se habían pagado $65000 millones durante los 2 años anteriores. Estos pagos son más importantes para el gobierno que, incluso, la importación de bienes básicos que no produce un aparato productivo por el suelo. Nada que ver con las declaraciones de la ONU acerca de la prioridad de los derechos de los pueblos respecto del pago de la deuda. Todo lo contrario.

Pero todo esto, hasta aquí son datos, son cifras, que evidencian una carga insostenible, pagada por el pueblo con hambre, y una política oficial de compromisos (o más bien, de sometimiento) a la banca global. La gran pregunta, la de alcance histórico es ¿cómo fue que se instaló este mecanismo perverso de captación de la renta y acumulación de capital financiero, justo en un gobierno que se dice "revolucionario" y se lo creen muchos honestos militantes de base, atrapados por el chantaje del "enemigo principal"? Tengo una hipótesis.

Por supuesto que hay una traición y una usurpación. Pero aun esto hay que explicarlo. Durante la llamada IV República, la distribución de la renta entre los actores económicos, sociales y políticos, incluía la corrupción, por supuesto. Pero ese sistema de "conciliación de élites" como lo llamaron los politólogos adecopeyanos, esa repartición concertada, entró en crisis sistémica, hasta que reventó en 2003, cuando es liquidada la "nomina mayor" de PDVSA. El Comandante Chávez, él solo, tuvo que ir conformando un equipo dirigente, cuyas carencias las señalaba el propio presidente, justificando su "hiperliderazgo". Lo cierto es que el entramado institucional se fue haciendo añicos ya desde entonces, con la contribución de la política golpista, inmediatista torpe de la oposición, hasta que el año pasado llega al clímax la destrucción y el caos de la institucionalidad con el asesinato de la Constitución de 1999. Chávez no lo pudo controlar todo y muchos de su entorno se aprovecharon de esa personalización, efectiva en lo político y propagandístico, pero fatal en lo gubernamental y administrativo. Suponemos la honestidad del Comandante, pero no los del grupo que, al final, tomó el control del poder estatal a su muerte y que, desde hacía ya tiempo, se estaba beneficiando de la crisis institucional y el mecanismo perverso (Millán lo caracteriza como "delictivo" o "mafioso"; cabe) de captación de la renta. Esa banda se ha ajustado, mediante pequeñas purgas (Ramírez, la Fiscal, etc.), se apoya en una disciplina política convertida en complicidad culpable, manipula el patriotismo popular, amenaza con el control de las armas y la represión selectiva.

De modo que estos 18 años fueron efectivamente de "transición". No hacia el socialismo, sino hacia un modelo de captación delictiva de la renta que hoy, a pesar de las apariencias, está a punto de derrumbarse.



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Jesús Puerta


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