Atando cabos: 6D, acuerdo democrático y mentiras amargas

¿Cuáles cuestiones políticas no pueden ser excluidas en un análisis de la coyuntura y el 6D? Esto es: cómo asumir el momento sin colocar al margen las exigencias propias del proceso electoral y sus consecuencias. Desde esta posición política, planteamos dos cuestiones que nos lucen cruciales, la gravitación en la coyuntura de la imposibilidad de establecer un acuerdo democrático; y la posición subjetiva, ante posibles eventos (extra-electorales) que pueden tener el alcance de desequilibrar la actual intención del voto y re-direccionar los escenarios políticos que resultan de los resultados electorales.

Introducción

1.- La intención del voto, como bien sabemos, ya es demasiado difícil que sea trastocada o reconducida por marketing político-electoral alguno; variará si se produce un “suceso” o una serie de suceso extra-electorales que establezcan un clima político radicalmente diferente. O si son efectivas intervenciones políticas desastrosas y erráticas por los campos políticos-electorales.

La intención del voto ya está configurada y delimita una determinada composición de fuerzas en la próxima Asamblea Nacional. Los posibles escenarios y las estrategias político-electorales correspondientes, se definen y desarrollan con base de esas dos realidades. Ya no hay espacio ni tiempo para las especulaciones ni para la futurología electoral, que sin embargo no escasean. Y tampoco para la efectividad de planes y acciones de última hora (las fuerzas políticas sin coherencia con el curso de la coyuntura y del proceso electoral, son algo así como invitados de piedra, y verán lo que acontece desde afuera).

2.- Tenemos un resultado electoral previo: los diputadas (os) listas ya están “electos”, y también los candidatos (as) que encabezan los llamados “circuitos ganadores”, aproximadamente entre 90 y 100 diputados. Esta elección que el 6D, simplemente oficializa, tiene como complemento y contrapartida un campo específico de batalla: “los circuitos peleados” y los estados de “arrase” (más del 70% de la votación) que aseguran todos los “curules” de la lista. En ese espacio, se bate y decide la “contienda”. Hacerse cargo de esta cuestión, demanda de las mejores estrategias de organización y movilización de las fuerzas sociales y por tanto, del voto

3.- La “cuenta” presentada, para nada es un secreto. El alcance de la intención del voto y los resultados “previos”, no posibilitan visualizar un acentuado desequilibrio electoral. Ahora bien, el margen de diferencia probable (a favor del chavismo) no puede ser apreciado, absolutizando los resultados electorales del 6D, al estilo de ciertas lecturas acerca de las elecciones presidenciales del 14 de abril: deducir o derivar que el país está dividido en dos mitades y que la correlación de fuerzas es pareja. El 2% de diferencia del 14 de abril, desaparece en las elecciones de Alcaldes y Gobernadores en diciembre del 2013, evidenciándose así que los picos bajos de la votación chavista, no definen el alcance de su potencialidad; y que, como en el caso del margen estrecho del 2%, no se trata de triunfos pírricos, sino de victorias significativas. De esta manera: es un equívoco otorgar primacía al número, y decretar el no lugar de la política.

El 6D: la imposibilidad del acuerdo democrático

En el corto ciclo político-electoral (07 de diciembre 2012/06 de diciembre 2015) se ha sometido a una dura y exigente prueba, la política chavista de acuerdo democrático.

1.- El alcance del acuerdo democrático

Los acuerdos políticos son el resultado de campos de fuerzas (de poder) que comparten un espacio de encuentro común: definen y deciden sus discursos y proyectos, confrontados con relaciones democráticas que median la resolución de la conflictividad político-social. Esto es, con base de la democracia como el dispositivo que configura el control de los excesos de poder y la violencia. En tal delimitación se tejen (por lo menos) tres posiciones políticas.

La banalidad consensual. La racionalidad (ética, comunicacional, etc.) que prefigura un acuerdo de normas y reglas (una base previa y común), para regular las diferencias: descartando, sustituyendo y expulsando toda visión de la política basada en la idea del conflicto y la figura del enemigo. La base común, se supone que asegura evitar los malentendidos, eludir la querella, y erradicar los desacuerdos. Esta banalidad de premisas compartidas, para nada, son democráticas; se trata de un presupuesto que suspende y pospone la democracia, reglamentando (previamente) las relaciones intersubjetivas. Su versión extrema es el marketing de “ganar-ganar”; el límite cero de Syriza, que asiste a las rondas del Banco Central Europeo, con la convicción de que se trata de un encuentro basado en el dialogo en torno a “consideraciones, argumentos y lo más conveniente para el luego griego”; y se tropezaron con la “inflexibilidad” de la dictadura financiera que había decidido imponer “un severo castigo” a Grecia.

El adversario político*. Esta teoría enfatiza que el “acuerdo consensuado” de las diferencias, no define una alternativa democrática, “Nociones como “democracia libre de partisanos”, “democracia dialógica”…forman parte de una visión común anti política que se niega a reconocer la dimensión antagónica constitutiva de “lo político”… Tal anhelo… contribuye a exacerbar el potencial antagónico que existe en la sociedad… La violencia y la hostilidad son percibidas como un fenómeno arcaico, a ser eliminado… mediante un contrato social, de una comunicación transparente entre participantes racionales.”, (Chantal Mouffe, “En torno a lo político”)

En la política del adversario, la democracia no significa un espacio imparcial y neutral entre fuerzas políticas, la administración (racional) de las diferencias: es el lugar de la confrontación entre “diferentes proyectos políticos hegemónicos”, la democracia es tal, si se reconoce que todo orden social está configurado por antagonismos que son la fuente de la política. La política del adversario, en vez de traducir el antagonismo como diferencia, traduce el enemigo como adversario. Y enfatiza el antagonismo, el conflicto, como lo decisivo de la lucha hegemónica en torno a la democracia; empero se detiene en este límite: de ninguna manera asume la transformación del orden capitalista, su proyecto es “resignificar” el capitalismo democráticamente.

Acuerdo democrático y anticapitalismo. En esta alternativa, la cuestión democrática, se decide en dos ejes: la confrontación entre propuestas acerca de la idea de sociedad y visiones encontradas de la figura política del enemigo. Asumir o no la democracia y la política del enemigo, es una competencia, o posición que corresponde a las fuerzas sociales. De esta manera, el perfil democrático es una decisión política acerca de cómo definir y estructurar el orden social, los vínculos sociales, que desplaza y sustituye o no la visualización del enemigo.

Dado que existen ideas confrontadas acerca del orden social (capitalismo o socialismo) en absoluto desacuerdo, las relaciones democráticas son conflictivas y pueden ser desplazadas (en el discurso y los hechos) por la cuestión del enemigo. Tal desplazamiento, en la actualidad, es efectivo a escala mundo: dado la ruptura entre democracia y capitalismo (incluye el desbocado terrorismo de la elite imperial y el ascenso de nuevos fascismos). La izquierda radical y los gobiernos democráticos-revolucionarios, no pueden desestimar la situación política antes enunciada. La militarización de la política (la ultra-política imperial y oligárquica) exige no desestimar la política que se constituye con base del enemigo, y en ese caso “donde existen los enemigos (una de las cuestiones clave) es dar la definición más precisa y restringida posible de lo que es un enemigo." (Alain Badiou, “El elogio del amor”).

2.- La imposibilidad del acuerdo democrático y el 6D

La ultra política y el chavismo. Asediado por la “ultra política”** (el extremismo lógico de la figura del enemigo), Chávez instituye, permítase el término, correctamente el acuerdo democrático (uno de los contenidos más esencial y controversial de su política), centrado en el rechazo a militarizar la alternativa chavista, y por tanto las relaciones políticas. Alternativa que es recusada por el bloque opositor, con el alcance de la imposibilidad de establecer un acuerdo democrático, de configurar “un marco” resolución democrática de un tiempo para light de nuestra historia, y no hay que lamentarse por ello.

El análisis de esta cuestión es de vital importancia, dada su gravitación en la coyuntura y en las políticas ya desencadenadas en torno a los resultados políticos-electorales del 6D; la eficacia de la ultra política no puede pasar desapercibida: el riguroso “déficit democrático de la oposición” (crecientemente acelerado y reconducido por el neofascismo), se ha constituido en un factor (y “atractor”) clave de nuestra dinámica política. El posicionamiento de la ultra política, significa un fuerte desafío al proceso de construcción democrática de mayoría nacional y las oleadas neofascistas constituyen un proyecto político e ideológico orientado a la destrucción del tejido democrático, las relaciones solidarias y de reciprocidad, que históricamente definen lo que somos como pueblo y nación

3.- ¿La ausencia de una oposición democrática indica la imposibilidad efectiva de la resolución democrática del conflicto político? ¿Es inevitable, el extremo de una confrontación violenta?

Hay que recusar y derrotar la violencia que puede destruir la identidad política del pueblo, se impone sostener el pulso de Chávez y confrontar el oneroso déficit democrático e impedir que la imposibilidad del acuerdo democrática defina un horizonte donde “…los conflictos sociales quedan privados de la lucha política y se vuelven tan anónimos como las catástrofes naturales”. Y en este punto, es necesario precisar y afirmar, así como demostrar, desde el chavismo, la decisión inquebrantable de confrontar el desafío contra-revolucionario, sin descartar que la política puede ser recreada, incluso cuando “está permanentemente amenazada de extinción”.

4.- Alcance de la ultra política y el 6D. Las expectativas políticas respecto de los escenarios posibles que resulten de los resultados electorales, desde el chavismo, se deciden en términos de delimitar el tipo de guerra y de intervención militar que efectivamente ya avanza el imperio. La intención del voto, el proceso de estructuración de organización y movilización de las fuerzas chavistas, y la subjetividad de un amplio conjunto del pueblo venezolano, no permiten concluir que estamos en el tope de una derrota política, de un real desequilibrio en la correlación de fuerzas políticas (léase pérdida del poder en la Asamblea Nacional). Que ese sea el caso, no invalida que asistiremos al redimensionamiento a gran escala de la política del enemigo, por el bloque opositor.

Circula, en espacios de izquierda cierto augurio apocalíptico y la resignación de un pensamiento amansado, apaciguado. Se asume que la guerra imperial adviene imparablemente destructiva, arrasando con todo. (Como en Kosovo, Libia, Irak, y el Congo). Del otro lado, se presume y admite que el “post-chavismo” no es más que un simple reacomodo entre fuerzas “social demócratas”, y se susurra que ya el acuerdo está negociado, que la traición está consumada.

Ambas posiciones políticas son una extraña manera de presentarse como radical y subversivo, “listos y nada ingenuos”, como se dice en determinados ambientes ilustrados.

Es impresentable cualquier posición política, en el espacio del movimiento popular, del chavismo y de la izquierda, que se desentienda de la amenaza, tan real como peligrosa: los fascistas de nuevo cuño tomaron el mando de la oposición y la direccionan, y el terrorismo emerge como la tercera gran contradicción del capitalismo tardío. (Primera contradicción, la catástrofe humanitaria, signada por la magnitud el trabajo precario y el desempleo, las zonas rurales y urbanas híper degradadas y el proceso de desposesión de la bienes comunes; segunda, la devastación ambiental; y la crisis política, que resulta de la ruptura absoluta entre democracia y capitalista, signada por el terrorismo imperial y la emergencia de nuevos fascismos).

Entonces, la alternativa revolucionaria es la ética de la responsabilidad política: no somos responsable de todo, sino responsables por todo lo que impacte la paz y la envestidura de la patria.

Mentiras y verdades amargas

El desbocamiento de la política militarizada y la aceleración de diversos planes intervencionistas, relacionados con los distintos escenarios políticos que resultan de la intención del voto y la probable configuración de la Asamblea Nacional, comportan una relación directa con dispositivos extra-electorales y constitucionales, que pueden dinamizar la posición subjetiva del miedo a tener miedo y la desorientación en la interpretación política de la coyuntura, y de sus momentos políticos claves: los procedimientos y dispositivos extra-electorales están en el orden del día del bloque opositor.

Queremos enfatizar que en ese espacio se decide se zanja el acto de libertad que apertura la emergencia del sujeto político pueblo, en esa encrucijada precisa de la reflexión determinada, la reflexión externa y la determinación reflexiva Para delimitar ese acontecimiento de libertad, nos luce que la metódica consiste en dilucidar los procesos de subjetivación que median y fijan la reflexión política, la posición subjetiva. Se trata, estrictamente, de eso que podemos registrar como la estructura de la reflexión en general y su impacto en las decisiones y movilizaciones políticas cruciales, como en la vida cotidiana, del sujeto (y si prefiere de los sujetos, ya veremos porque el plural).

1.- La estructura de la reflexión

En la estructura de la reflexión tenemos: la reflexión determinada, la reflexión externa y la determinación de la reflexión. Avanzamos que en el pasaje de la reflexión externa a la determinación reflexiva, emerge el sujeto emancipado (que de acuerdo con Badiou es el “sujeto fiel”) y la verdad de la política, del acontecimiento revolucionario

La reflexión determinada consiste en el emplazamiento de situaciones políticas y de la vida cotidiana que son producidas por preconceptos y presupuestos (ideológicos) que aseguran la comprensión e interpretación de la realidad y la naturaleza de los lazos sociales en un orden social dado. La reflexión externa significa la suspensión y exclusión de los preconceptos y presupuestos que nos son dados, es un acto que se “presupone a sí mismo” (un acto de libertad, de acuerdo con Marcuse), esto es: no es mediado desde el exterior por discurso político-ideológico alguno, (y que determinados autores denominan locura, haciéndose eco de la figura de Hegel “la noche del mundo”) La determinación reflexiva significa la ruptura con la determinación determinada y el pasaje de la reflexión externa a la configuración de una nueva reflexión: se contrapone no simplemente en términos negativos (la suspensión de los supuestos de la reflexión determinada o la des-identificación), sino que posibilita sustraerse, positivamente, con base de una nueva idea y asi identificarse el sujeto pueblo. Slavoj Zizek ilustra el punto como sigue “Morfeo le explica a Neo que hay mucha gente común totalmente atrapada (enchufada) a la Matrix, y le dice: "aquél que no está enchufado es un agente en potencia.").

Enfatizamos el punto. La determinación de la reflexión denota como emerge el sujeto fiel en un proceso de subjetivación y de lucha por la hegemonía, a contrapelo de la normativa y criterios (la ideología espontánea) que impone la reflexión dominada por el discurso del amo:

Si la cuestión es la lucha por la hegemonía, si la cuestión radical es cuál interpretación de la coyuntura configura la visión política y el curso puntual de la vida cotidiana, entonces: no puede permanecer oculto que la finalidad de la hegemonía ideológica de la clase dominante es establecer el lugar de una “falsa elección”. Entonces, en la esquina de la emancipación, se impone “distinguir entre "falsos" y "verdaderos" puntos, "falsas" y "verdaderas" elecciones…”

2.- Subjetividad y ruptura con la reflexión determinada por el discurso del amo. Va un rodeo que nos luce imprescindible. El mismo guarda relación con la política de la Revolución Cultural China*** y la Rebelión Juvenil de 1968. Ambas denotan un atolladero específico: la clausura de oportunidades que posibilitan la ruptura ideológica con las relaciones intersubjetivas que tienen por fuente el discurso del amo. Ilustramos el punto con la querella entre Jacques Lacan y el movimiento del mayo francés. El rechazo y la no participación, en Francia, de intelectuales de izquierda en la rebelión juvenil, y la denuncia de Theodor Adorno, Max Horkheimer y Habermas del movimiento estudiantil alemán como una modalidad de “fascismo de izquierda”****: establece un campo consistente de ruptura, entre un amplio sector de los “oráculos” de izquierda y la rebelión del 68.

El movimiento juvenil francés denota tal fractura desacuerdo mediante un arsenal de consignas, entre las que destaca “Las estructuras no caminan por las calles”, una crítica frontal al estructuralismo. Jacques Lacan, después de Mayo del 68, en un seminario, insiste en la idea de que “las estructuras sí caminan por las calles”. Tesis que tiene por trasfondo un viejo debate entre Jean Paul Sartre y Claude Levi-Strauss, acerca de si el sujeto constituye las estructuras de la sociedad (Sartre) o las estructuras constituyen el sujeto (Levi-Strauss); la tesis de Althusser del “anti-humanismo teórico y el proceso sin sujeto (al respecto es célebre su polémica con John Lewis); y la teoría psicoanalítica de Lacan sobre el sujeto.

Lacan sostiene “que la aspiración revolucionaria es algo que no tiene otra oportunidad que desembocar, siempre, en el discurso del amo. La experiencia ha dado pruebas de ello. A lo que ustedes aspiran como revolucionarios, es a un amo. Lo tendrán...”. No hay dudas que esta posición de Lacan es simplemente conservadora, reaccionaria y resignada. Empero, esta posición de principio, no es suficientemente radical, no da cuenta del efecto de verdad a que da lugar la tesis política “lo que ustedes aspiran como revolucionarios, es a un amo. Lo tendrán”.

Primero. Efectivamente, no hay poder total y omnímodo y no está en cuestión que la estructura antagónica del capital configura un poder inconsistente.

Segundo. Lo que no puede obviarse es que el discurso político-ideológico del capital está dotado de una fuerza subjetiva rigurosa y de amplio–profundo alcance. Y que la cuestión clave, aún sigue pendiente: cómo desarticular el discurso del amo que emplaza nuestras relaciones intersubjetivas y soporta las fantasías ideológicas del capital, “La burguesía conduce la lucha de clase, no sólo por el sesgo de la explotación, ni por el de la coerción, terrorista o legal. La burguesía hace sujeto. (Alain Badiou, Teoría del sujeto).

En la misma línea del pensamiento, nos luce clave la idea de tres tipos de subjetivación: el sujeto fiel al acontecimiento revolucionario; el sujeto reactivo orientado a la conservación del orden capitalista, “mantiene el semblante de la continuidad. Es el presente de la disimulación del presente”; y el sujeto oscuro, que podemos ilustrar con la figura política del fascista, “su presente aparente proviene de la destrucción de su rival”*****

3.- Sujeto y determinación de la reflexión

La cuestión radical es la ruptura con el poder cohesivo de la ideología dominante, la desarticulación de las relaciones intersubjetivas fundadas en la coerción ideológica y extra-ideológica que asegura el posicionamiento de los sujetos oscuros y reactivos.

En ese sentido (primordial) de la eficacia ideológica, el sujeto fiel (el sujeto político pueblo) supone que en una situación política dada y en la vida cotidiana, se define y establece una ruptura con la reflexión determinada: y ese acontecimiento ya es lo nuevo.

La política no es los impresentables consensos racionales, el ejercicio del poder, ni el arte de gobernar: sino como “una libertad subjetiva”, una verdad materializada por el sujeto pueblo que es fiel a la idea de la igualdad y los bienes comunes, “sólo hay tres posiciones posibles para un individuo: ser sujeto fiel, reactivo u oscuro frente al nuevo orden. El sujeto fiel es el que contribuye de una forma u otra a su lucha. El sujeto reactivo es el que encontrará justificaciones para no incorporarse al movimiento. El sujeto oscuro, directamente reaccionario” (Alain Badiou, Lógica de los mundos).

De esta manera, sólo el sujeto fiel (la emergencia del pueblo como sujeto político de la revolución, de los acontecimientos revolucionarios) es emblema de la verdad que supera la lógica del capital, y la alternativa de que el mundo sea otro. En este punto, Lenin y su teoría de que la revolución se repite (también de Rosa Luxemburgo) que posibilita la figura de un cuarto sujeto que Zizek define como sujeto restaurador, esto es: el sujeto que se hace cargo de la idea o la causa eterna de la emancipación que fracasaron o quedaron truncas en procesos históricos determinados. La relación Chávez-Bolívar, es el significado integral del sujeto restaurador.

4.- Sujeto fiel y restaurador: verdad y veracidad

Ahora sí podemos plantear el punto de la estructura de la reflexión en su relación con el apalancamiento-reforzamiento de la política del enemigo del bloque opositor. Acotamos el punto, desde la guerra de la imagen y la fantasía ideológica de la libertad de opinión.

1.- Guerra de la imagen y libertad de opinión. No interesa destacar, en este espacio, la crítica de la guerra mediática, la perspectiva de análisis crítico de la “gran maquinaria de la mentira”, e insistir en la perspectiva que desarticula la manipulación ideológica que circula por los canales del poder mediático. Puntualizamos la cuestión del rebote mediático en la inmediatez, en su impacto directo en la estructura de la reflexión******.

El impacto inmediato de la difusión de un video, una información, un rumor, un chiste y demás que tiene por fuente la guerra mediática, tiene el efecto de la desorientación (recalcamos inmediata) en el análisis de la coyuntura, de un momento político, que discurre por todos los espacios de la vida cotidiano: se trata de la generación de opiniones sobre la validación de la veracidad, el desplazamiento y sustitución de la verdad por las opiniones que constatan la veracidad. Si ese es el impacto, entonces estamos en la red de la libertad de opinión que sustituye la verdad política de una situación, como un alcance de la determinación reflexiva: tenemos la explotación mediática de “Puente Llaguno y la “Toma de la Plaza de Trípoli”: todas y todos vimos los “pistoleros chavistas desalmados”, y también que la plaza fue tomada.

Y entonces, hay que aguardar o esperar que el discurso crítico o la “información veraz”, evidencien o pongan al descubierto la mentira, el engaño y la estafa que estaba tras “la pantalla” u oculta. En ese lapso que va de la manipulación a su desmontaje crítico, ya la circulación masiva e intensiva (rabiosa por demás) ha realizado su trabajo. Trabajo que adviene secuencialmente, las rondas en el mismo sentido mediático que nos tienen, si somos sus víctimas, del “timbo al tambo”, re-direccionados por las opiniones generadas y controladas por la comprobación de la veracidad de hechos que tienen por fuente el poder mediático, el discurso del amo.

Desde la difusión mediática al momento que nos despabilamos, la “realidad” de las imágenes, tejen nuestra reflexión y posición política, nuestra desorientación y desenfoque.

El punto que realmente cuenta es que Verdad y veracidad no es lo mismo. Que la libertad de opinión (la reflexión determinada) y el acto de libertad de la verdad (la determinación reflexiva) son antagónicas

2.- El tiempo político y determinación de la reflexión. En la aceleración y precipitación de determinadas coyunturas o momentos políticos críticos, ya no hay tiempo para demostrar si la imagen, el rumor, el audio es verídico. Dice el vocero de los adultos mayores en una Comuna: “en estos días hay que ponerse bruto y no creer, para nada, en lo que digan los escuálidos y sus medios”. La determinación de nuestra reflexión asegura burlar y anular el rebote inmediato (eficaz y eficiente), del discurso del amo. Así como de las operaciones terroristas en curso del bloque opositor-imperial. Estamos obligados a desafiar y derrotar la autoridad del amo mediático: a enfatizar la contradicción entre la libertad de opinión y la política de la verdad.

3. Contradicción entre la libertad de opinión y la política de la verdad. El desempeño del chavismo no puede eludir esta cuestión de la opinión (“el fetichismo de la opinión”), en tanto contenido central de la hegemonía ideológica del poder del capital. Esto es, la política asediada y cercada por el límite cero de la opinión, que nos reduce al espacio de la diversidad regulado por la libertad opinar (hasta que se opina de otro modo).

¿Y entonces?:

Existe la verdad de las situaciones políticas, y si nos espolean por dogmáticos y sectarios, diremos que existe la verdad de la igualdad de los bienes comunes, de lo que es justo o injusto (no en términos de la justicia reducida a las leyes) y de lo que es verdadero. En esta dimensión y escala esa verdad da lugar a la emancipación, a la libertad. Y ese es el principio del sujeto fiel-restaurador que debe emerger , ante la oleada de determinación de la reflexión del pueblo venezolano, que seguramente experimentará puntos críticos y álgidos como un reforzamiento de la política del enemigo, negada, claro está, a un acuerdo democrático.

*Teoría desarrollada, desde la izquierda, por Chantal Mouffe y Ernesto Laclau

**La ultra política como una forma de negación de la política, “… la más insidiosa y radical: el intento de despolitizar el conflicto extremándolo mediante la militarización directa de la política, es decir, reformulando la política como una guerra entre "nosotros" y "ellos", nuestro Enemigo, eliminando cualquier terreno compartido en el que desarrollar el conflicto simbólico (resulta muy significativo que, en lugar de lucha de clase, la derecha radical hable de guerra entre clases… La ultra-política recurre al modelo bélico: la política es entonces una forma de guerra social, una relación con el enemigo, con "ellos” (Slavoj Zizek, “Defensa de la intolerancia”)

*** La última gran revolución contra la lógica del capital y el discurso del amo

**** Adorno (y la Escuela de Frankfurt)… Veía dos descarrilamientos: el de la burguesía y el del proletariado. No fue una casualidad que su influencia inicial (entre los jóvenes y estudiantes universitarios) degenerara en confrontación con los más radicales…en Frankfort donde las estudiantes se le plantaron enseñándole los pechos, para provocarlo. (y mostrarle el talante libertario de la rebelión juvenil).

***** Véase de Badiou “Lógica de los mundos” y “Segundo manifiesta por la filosofía”; y de Slavoj Zizek “El espinoso sujeto” y “En defensa de la intolerancia”.

****** Sugerimos de Jacques Ranciere, “El espectador emancipado” y “El maestro ignorante”.

 



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Francisco Cedeño


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