Torciendo la revolución en nuestras propias narices y seguimos adormilados

Nos transformaron el país en “un gobierno adeco más” frente a nuestras propias narices y nadie dice nada. Hasta el punto que un descarado socialdemócrata, que de seguro estuvo aplaudiendo a Chávez hasta su muerte ahora dice que Chávez fue un socialdemócrata, que el suyo fue un gobierno socialdemócrata ¿Por qué no lo dijo cuando estaba vivo el comandante? ¿Por qué aparece escribiendo ahora con tanta claridad sus ideas (mucho más claras y mejor expuestas inclusive que los mismos voceros del  gobierno), ahora, cuando el pueblo anda de capa caída, cuando se está entregando la revolución “sin complejos”? ¡Postura cobarde y pusilánime!  Un cínico, debería estar en el gabinete de Maduro, para que diga a la gente, junto a Jaqueline Farías, de lo “sabroso” que son las colas, cuando las hacemos con el gusto de saber que este despelote debe continuar, que haciendo colas, con hambre o sin empleo con Chávez, digo, con Maduro me resteo. Lo que falta es que instauren el sistema de “piñatas socialistas” rellenas de pollos y trozos de carne, para repartir las migas de la renta petrolera a los mas pobres. O un sistema de tómbolas, de bingos, para que juguemos por nuestras salud, o por una lavadora Haier; para divertirnos por lo menos en una especie de “Lotería de Babilonia”. Falta poco para eso; eso va a llegar, estoy seguro. Estamos degradando la conciencia de nuestro pueblo chavista: más allá del esclavo, hasta la del crápula.

¡No me la calo! Chávez sí fue revolucionario y sí hizo mucho por moralizar al pueblo pobre; sí entendió cuál era la razón socialista y la expuso, la explicó, la visualizó con propiedad, públicamente frente a su gabinete, en el Aló, en sus discursos.  Pero más aún, la escribió y publicó en su Plan de la Patria, el cual fue descaradamente adulterado, falsificado por los pícaros que prevenidos estuvieron esperando su muerte, como zamuros. Acabaron con Chávez y con la revolución, por ahora. Siempre será por ahora. A cada cochino le llega su sábado, sépalo usted míster pusilánime. Y ojalá sea usted una persona joven para que tenga la oportunidad de ver (o sentir) el fin de la humanidad. Es increíble hasta dónde puede llegar una mente cansada, una voluntad de anciano senil como las de los que ahora se le arrodillan impotentes al sistema. Da vergüenza tanta jaladera de bolas… Y tanta cobardía en una sola persona.

Después de la terquedad, de  luchar por imposibles, de tanto sacrificio y muertes, ¿vamos a aceptar que se imponga la temeridad de los más miedosos, vamos aceptar más de lo mismo? No me la calo. La revolución es nuestra única esperanza y nada tiene que ver con esta diplomacia colonial, con rebeldías de  telenovelas, que solo se dan en los discursos y las protestas oficiales, mientras se reorganiza todo conforme al pasado. Ahora se inauguran ambulatorios y se abandonan los cdi y el “sistema” de misiones de salud, en nuestra cara, sin dar explicaciones. Ahora se cambia un “sistema de salud” preventivo, humano, de contacto, por edificios, equipos médicos, por pura escena. Razón tiene Fernando Bianco.

La mengua de la voluntad. La mengua de la voluntad ha tocado hasta las mentes más honestas y de formación comunista. ¿Contra qué “piedra” se pueden estrellar las críticas pertinaces?  Esa piedra es un terrón que con la primera lluvia se convierte en tierra mojada, en pantano. Creo que hace rato que es pantano, que es un lodazal. Del puro deseo y autoengaño no se puede. Hay que saber lo que se quiere y actuar en consecuencia. Para ser socialista hay que pensar en el socialismo, imaginar el socialismo, practicarlo como un comunista, hay que vivirlo y tenerlo presente en todo. No basta con los deseos y la fantasía de la televisión, la magia de la televisión, y las buenas noticias de Ciudad Caracas. No basta con satisfacer nuestras pobres miserias, lo que resulta fácil. Hay que imaginar un mundo entero de gente satisfecha, lo que superaría nuestras expectativas en miles de millones. Hay que ser de espíritu valiente y elevado, y pensar en grande.

Pero no es así. Como dice al presidente Maduro, Chávez es insuperable y Bolívar fue el más grande. Y Maduro…, “engalanando la moñiga”, como dice la canción. Creo que algo así quiso ser y hacer el MAS si hubiese llegado a gobernar. Y estos lo hicieron sobre el esfuerzo y la voluntad de Chávez ¡Hipócritas!

Hay que hablar, hay que rebelarse a esta farsa, hay que exigir explicaciones mientras podamos más allá de ese esperpento que es la Asamblea Nacional, esa comunidad de cómplices, que lo han sido y lo siguen siendo por acción o por omisión. Aporrea debe moralizar el debate y tomar partido. Y confrontar, así como lo hace con la derecha, al cinismo socialdemócrata. O si no eso vale dentro de la doctrina periodística, que facilite un gran debate sobre el tema, llevado en su sitio web. Cada vez son más las personas que escriben molestas, por razones diversas, con lo que está pasando en el país y en el Gobierno. Démosle forma política, teórica en un debate nacional, confrontemos nuestras ideas o preocupaciones, contrastémoslas contra el pensamiento de Chávez, de Bolívar de Marx, de Fidel, etc.; contra las acciones del Gobierno actual y contra los logros de Chávez, sin miedo y a pesar del Gobierno. Se lo debemos a Chávez y a la revolución socialista.

Son alarmantes que los gazapos de dirigentes como Jaqueline Farías. Pero más alarmante su candidez de creer pertinente el sacrificio de la población “chavista” en el medio de tan escandalosas contradicciones. Como si todos los que hacemos colas fuéramos mongólicos. Y si no es candidez es cinismo. Porque ella no hace colas, porque el gobierno no hace colas. Y porque al “gobierno de calle”, lo único que se le puede objetar es que no existe.

Es sintomático, nada casual. Las contradicciones les están devorando los discursos y las mentes. No se puede tapar el Sol con un dedo, con el dedo de las cadenas de televisión. Sobre todo hoy, con tanto agite, que nadie tiene tiempo para verlas; para ver cualquier televisión, inclusive. Las cadenas quedaron como tarea para los periodistas, para los políticos, o para los críticos. Y para los aduladores y para la oposición. El resto, pasa el día en colas.

Todo pierde sentido en el cambalache. Las novelas de Tves, con voluntad de ser novedosas y revolucionarias, nadie las ve. Nadie ve telenovelas en ese canal, que es un remedo de los canales capitalistas faranduleros. La gente, desmoralizada, sin Chávez, sin futuro claro prefiere seguir ensoñando, distrayéndose de su realidad mediante el método original: a la hora de comer mierda, que sea con los que mejor la saben hacer.

No debemos dejar que todo esto se vea como natural. Nada es natural aquí, todo es inducido. Si ser socialista no es natural en la sociedad, tampoco ésto lo es, así se encuentre instalado en nuestra memoria desde años atrás. Precisamente, el valor primario que tiene la revolución socialista es el cambio, es educar para una nueva sociedad, crea una nueva consciencia social, la consciencia del deber social. Hacer que esa espiritualidad de la distracción, evasiva y negadora se transforme en consciencia, en atención, tensión y control, que sea ella el motor de los pueblos despiertos.

¡Viva Chávez¡ ¡Viva la rebelión del chavismo¡ ¡Muerte al capitalismo¡



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Héctor Baíz

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