Queremos que la "propiedad" sufra una transformación

En la época en que el Estado Romano se hizo potente y alcanzaba el apogeo de su civilización, los ciudadanos se dividían en dos clases: los poseedores y los no poseedores. Los poseedores pagan al Estado impuestos directos; los no poseedores le daban sus hijos, que eran empleados para proteger a los ricos y que debían derramar su sangre en innumerables campos de batalla para aumentar aún más la fuerza y la propiedad de las clases poseedoras. Proles, en el idioma latino, significa hijos, descendientes; los proletarios formaban, por lo tanto, la clase de los ciudadanos que no poseían nada más que sus brazos y sus hijos.

Pero, desde que la sociedad actual se aproxima a su apogeo de civilización, desde que las máquinas han sido inventadas y grandes fábricas han sido construidas, desde que la propiedad está concentrada, cada vez más, en las manos de algunos individuos, el proletariado se ha desarrollado también, cada vez más, entre nosotros. Un pequeño número de privilegiados posee toda la propiedad; la gran masa del pueblo no posee más que sus brazos y sus hijos. Lo mismo que en el Estado romano, nosotros proletarios y nosotros hijos estamos introducidos en la librea militar transformados en máquinas que debemos proteger a nuestros propios opresores y, bajo su indicación, derramar nuestra sangre. Lo mismo que entonces, nuestras hermanas y nuestras hijas deben servir para saciar las pasiones bestiales de los ricos libertinos. Lo mismo que entonces, se ve el odio de los pobres sojuzgados contra los ricos opresores. El proletariado de nuestra sociedad, no obstante, está colocado en un punto de vista diferente y mejor que el proletariado romano y los esclavos del conquistador español. Los proletarios del conquistador no tenían los medios ni la instrucción necesarios para poder emanciparse; no les quedaba más que el recurso de vengarse y de perecer en la lucha vengadora.

Muchos proletarios de hoy poseen ya, gracias a la "internet y de la computadora", un alto grado de instrucción y se elevan cada día más por sus aspiraciones hacia la unión, y al mismo tiempo que se elevan de más en más y se unen más sólidamente, la clase privilegiada nos ofrece el espectáculo del egoísmo más terrible, de la inmoralidad más monstruosa. La civilización de nuestros días ofrece bastantes medios para que sean felices todos los hombres y las mujeres de la comunidad. El propósito de los proletarios actuales no es, pues, de destruir, de vengarse y de liberarse por la muerte, sino de laborar para que se funde una sociedad dentro de la cual todos puedan vivir como hombres y mujeres libres y felices. Proletarios de la comunidad actual son todos los que pueden vivir con su capital; el obrero tan bien como el sabio; el artista tan bien como el pequeño burgués; es bien visible que, en razón de la terrible competencia que le opone el gran capital, ella camina a pasos agigantados hacia la condición que la hará completamente parecía a los otros proletarios. Así, desde ahora, podemos considerarla como estando con nosotros, pues está tan interesado a preservarse de la situación en la cual no poseería nada como nosotros estamos interesados en salir de ella. Unámonos, pues, y la salud puede resultar de ello para las dos partes…

No somos vendedores de sistemas; sabemos por experiencia cómo es insensato discutir las distribuciones que hay que hacer en una comunidad futura, romperse la cabeza sobre ello y descuidar todos los medios para alcanzar el propósito… La tarea de nuestra es descubrir y depositar al pie de obra los materiales necesarios para la elevación del nuevo edificio; la tarea de las generaciones futuras será construir el edificio. Ha llegado el momento de dejar nuestras querellas y de darnos todas las manos para la defensa común…

El socialismo, que debe su nombre a la palabra latina sociales, social, se ocupa, así como su nombre ya lo indica, de la organización de la sociedad, de las relaciones del hombre con el hombre; pero no establece ningún sistema nuevo y su principal ocupación es reparar el viejo edificio, volver a reparar y esconder para los ojos las grietas, obra del tiempo; o a lo más, con los burgueses, construir un piso nuevo encima de los viejos cimientos podridos llamados capitalistas. El concepto de socialismo es tan poco preciso que se pueden colocar entre los socialistas los que inventan mejoramientos para las cárceles, todos los que hacen construir hospicios para los pobres, hospitales o establecimientos de sopa popular.

Mientras haya en el mundo pueblos que estén sumidos en la ignorancia y la miseria, mientras existan explotados y explotadores, esclavos y patrones-amos, la pavorosa cuestión social estará siempre a la orden del día, y los privilegiados no hallarán tranquilidad ni en el silencio de las tumbas: que el ejercicio del mal atormenta casi tanto el verdugo como a la víctima.

P. D.

Los tiempos del gobierno puntofijista, durante cuarenta años, robaron 450 mil millones de dólares de erario público. En el gobierno del madurismo, durante dos años, robaron la bicoca de 250 mil millones de dólares, del dinero del pueblo. Señor Presidente: Los culpables de este desfalco, no habrá culpables, se largarán con la cabulla amarrada a la pata.

¡Gringos Go Home! ¡Pa’fuera tús sucias pezuñas asesinas de la América de Bolívar, de Martí, de Fidel y de Chávez!

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!

¡Independencia y Patria socialista!

¡Viviremos y Venceremos!



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Manuel Taibo


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