Marx y su amigo Engels sostenían que "la lucha de clases es el motor de la historia", mientras, antes de ellos, el también pensador Francisco de Miranda, entristecido y preso, escribió que la traición crea la historia. Lo vivió sus últimos días en carne propia entregado a los españoles por sus camaradas, quienes en el fragor del momento no entendieron su actitud de capitular para salvar vidas y lo interpretaron como traidor a la causa independentista. Otro caso fue el de Piar, fusilado por la misma causa. En el decurso de la historia hay innumerables ejemplos de deslealtades, conspiración, entrega, complot. También está la expresión de "conflicto social", como prefiere llamar los estamentos dominantes a la lucha de clases; lo que Bolívar entendió en el transcurso de la revolución emancipadora y se aclara de modo ideológico en la diferencia de posición de estrategia política y militar entre la "Carta de Jamaica" y el "Manifiesto de Angostura".
A propósito de los pensadores mencionados, independiente de su origen social, Engels era burgués y Marx un pequeño burgués; pero plantearon la trascendencia de la filosofía del proletariado o de la clase trabajadora creadora de cultura, de civilizaciones. Fueron utopistas románticos y allí cabe el admirable proyectista Simón Rodríguez. En sus tiempos el Romanticismo como tendencia filosófica era la sensibilidad existencial vigente para la acción y el compromiso en las áreas del conocimiento. Hay diversos antecedentes de la concepción utopista, entre ellos, la "República" de Platón, Agustín de Hipona o San Agustín con la "Ciudad de Dios" (texto estudiado por académicos y políticos de los Estados Unidos, debido a las claves que tiene relativo a la decadencia del Imperio Romano y su comparación con el ocaso del imperialismo contemporáneo), Tomás Moro y la "Utopía", Campanella con "La ciudad del sol", las ideas del aristócrata Saint-Simon sobre el "Socialismo utópico".
Pero el romanticismo y la utopía siendo diacrónicos, es decir, permanecen subjetivos y activos en las mujeres y varones conscientes y dignos de todas las épocas para innovar la realidad. Entretanto la felonía, "la puñalada trapera", la ingratitud, el engaño, la envidia, se oculta en la sonrisa del agazapado que traiciona y es capaz "de vender a su madre" y a su patria por su pobreza espiritual y miseria humana.
Entonces. ¿Chávez y Maduro son románticos utopistas? Este último y Cilia están en peligro, pueden ser inoculados y enfermarse como lo hicieron con Chávez. O encerrarlos hasta cumplir los perversos proyectos del imperialismo en Venezuela y Latinoamérica; en el cual "no se debe confiar, ni así tantito", dijo el Ché. No obstante, pese a las infamias, se avizoran circunstancias difíciles que pueden conducir a mejores y dialécticas coyunturas geopolíticas, si hay conciencia y unidad. Al parecer el imperialismo estadounidense mediante su desesperado ataque a Venezuela se desliza con rapidez hacia la "Trampa de Tucídides". ¿Tal vez, sin pecar de conformista, pero sí de optimista, nadie lo sabe, "no hay mal que por bien no venga"? Y la luz siempre vence a lo sombrío.