Stajanov, Maduro y la productividad política del trabajo

ardamos mucho en revisar y aceptar que la producción agrícola, de bienes intermedios y de bienes finales de origen industrial estaba deprimida. La explicación está en las cifras gruesas del Banco Central de Venezuela. Desde el 2002 y 2003, momentos de la grave crisis política que fue derrotada; pero, que dejó un barranco de cifras rojas en la economía que se estiman en más de 25 mil millones de US$, las importaciones de toda índole comenzaron aumentar a una tasa insoportable para un país que dispone de divisas generadas en 95 % por la venta de petróleo. Así pasamos de 13 mil millones de dólares de importaciones hasta 59 mil millones en el 2012 (las cifras del 2013 no están consolidadas en la información del BCV), es decir 4,5 veces de incremento en la importaciones en diez años. Una revolución no se sostiene con importaciones, por el contrario, se hace vulnerable y de allí que la guerra económica que se ha adelantado contra la estabilidad de la propuesta socialista, tiene su origen en estas vulnerabilidades, que han sido (asumo) analizadas por la derecha y ven allí el talón de Aquiles de la socio-economía nacional.

La derecha no va a detenerse a presentar balances sobre la cantidad de estas importaciones que tiene como fin la satisfacción de necesidades básicas con bienes importados; ésta ha cargado con dos estrategias, procurar incrementar la demanda de bienes para colapsar el abastecimiento y promover un descontento en los centros de distribución de bienes de consumo con comentarios repetitivos sobre la necesidad de curar de una vez por toda las debilidades de le economía que no la atribuyen a causa diferente que el modelo socialista que se quiere desarrollar a partir del plan de la Patria. He escuchado a muchas personas, especialmente mujeres, preguntando abiertamente ¿cuándo se acabarán estas colas?

A finales de los años 20 del siglo pasado, en Rusia, la situación de la producción de bienes para el consumo y bienes intermedios para la industria estaba muy deprimida. La agricultura presentaba todavía grandes problemas para satisfacer las necesidades alimentarias, y la permanencia del recuerdo de la guerra y las advertencias sobre la necesidad de prepararse para otras posibles guerras, hacían de la productividad social del trabajo, una nueva necesidad para la revolución. Pero, además, en las diferentes industrias, la capacidad utilizada era una fracción mínima de la capacidad instalada, y en la minería los trabajadores descansaban más tiempo dentro de la mina que el trabajo real extractivo que realizaban. Una compleja situación cuya solución fue implementada por la base laboral que sabiamente se convocó a sí misma y preparó una estrategia de incremento de la productividad, trabajando sobre las capacidades de aquel país.

Alexei Stajanov, un joven revolucionario asumió la conducción de un movimiento que demostró que era posible aumentar la productividad del trabajo socialmente necesario para salir de la crisis de producción de Rusia; y varias veces, en lo individual y en las cuadrillas extractoras de carbón se rompieron los registros diarios de producción, y en otras empresas, los obreros organizados aumentaron la productividad social del trabajo y así sucesivamente esta forma de actuar se convirtió en una política de Estado. Entre 1929 y 1935 el crecimiento de la producción fue superior al 60 %. Los Stajanovistas, como se llamaron los revolucionarios interesados en aumentar la producción fueron la atracción de Stalin que les invitó al Kremlin, lugar donde se confrontó la clase obrera interesada en seguir adelante con los planes productivos y los burócratas que quisieron apoderarse de los logros. Una nueva cultura sobre el trabajo y el compromiso social salvó tempranamente a Rusia de un colapso en abastecimiento y de llegar a la segunda guerra en condiciones precarias del aparataje bélico. La política comunicacional propagó la intención de aumentar la producción y los planes productivos tenían ahora quienes le sustentaban desde lo laboral.

A todo eso, el imperialismo lo llamó propaganda sobre el stajanovismo, que incluyó la información permanente sobre incremento de la producción agrícola. Posteriormente, Stalin que favoreció el incremento de la producción en Rusia, fue considerado por la derecha internacional como un explotador contumaz de la masa laboral rusa. En todo este contexto adverso se puede decir que el stajanovismo salvó a Rusia en esos momentos de precaria producción. Claro, dirán algunos, finalmente sucumbió, y entre otras razones, el modelo productivo no logró contener las vulnerabilidades que muchas veces se generaron por la falta de trigo y algunos bienes de confort de la vida moderna.

¿Para qué sirven estas experiencias históricas? Sencillamente para ayudarnos a revisar nuestra propia situación sin caer en la tentación de copiar fórmulas, pero sí para darle contexto a la búsqueda de soluciones para salir de la calamidad productiva nacional, que nos obliga a importar desde bienes básicos para la satisfacción de necesidades humanas hasta las más inverosímiles baratijas. Nuestros mayores males son consecuencia del rentismo, esa enfermedad distributiva de lo que pareciera ser lo único que tenemos, la renta petrolera. Pero como enfermedad social y económica (el rentismo) tiene sus curas y el presidente Maduro debe asumirlas y convencer a la burocracia que el camino de la desnacionalización de la economía con las importaciones masivas debe ser superado en el mediano plazo.

Estamos en el umbral de un conjunto de rectificaciones en materia social y económica que serán anunciadas desde la perspectiva de la producción, la distribución y los precios justos. No sabemos cuantas líneas estratégicas saldrán y cuáles serán los planes propuestos para viabilizar el Plan de la Patria y para contextualizarlo en razón a primer objetivo histórico, de manera que nos permita superar en mediano y largo plazo la dependencia alimentaria y de otros bienes indispensables para la vida digna.

Necesitamos nuclear todo el Poder Popular en la defensa del Plan de la Patria (llamo a esto la productividad política del trabajo) especialmente en cuatro aspectos fundamentales: a/ Una cultura del trabajo productivo comprometido con el incremento de los resultados de la agricultura en general, la industria farmacéutica, la industria metal mecánica, , la minería, los hidrocarburos y los servicios esenciales. b/ Una mejora en la integración de las cadenas socio-productivas que permitan mejorar la eficiencia general del funcionamiento de cada una de las cadenas que se les otorgue la condición de prioritarias, banderas, importantes, imprescindibles. c/ Un replanteo de las interacciones económicas con los países fronterizos, en especial con Colombia. Es posible desarrollar estrategias más allá de la contingencia de la extracción, que impulsen nuestro desarrollo interno y cuyos excedentes puedan servir para el intercambio comercial con los vecinos. 4/ Un desmontaje del aparataje importador y en su lugar la generación progresiva de condiciones para la gestión exportadora de excedentes en un modelo socialista de alta producción y alta productividad del trabajo socialmente necesario.

No tengo dudas que las rectificaciones que el presidente Maduro propondrá irán enmarcadas en estos aspectos.

Producimos o nos jodemos, dice el consejo sabio de Stajanov y de Maduro. Solo así, algún día colocaremos sobre la tumba del rentismo un epitafio que diga “No ha sido un milagro, la revolución se salvó al asumir su compromiso con la producción nacional”.

mmora170@yahoo.com


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Miguel Mora Alviárez

Profesor Titular Jubilado de la UNESR, Asesor Agrícola, ex-asesor de la UBV. Durante más de 15 años estuvo encargado de la Cátedra de Geopolítica Alimentaria, en la UNESR.

 mmora170@yahoo.com

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