La Revolución Bolivariana, si no es el Socialismo, ¿Qué entonces?

En la instalación de la IV Cumbre de la Deuda Social celebrada en Caracas, Hugo Chávez planteó la necesidad de librar frente a la hegemonía del capital una batalla ideológica y de construir un nuevo mundo para la vida. Allí afirmó que bajo el capitalismo no habría posibilidades para el futuro de los pueblos siempre explotados por las potencias industrializadas del mundo y que el socialismo se imponía como la solución a los graves y profundos desequilibrios generados por este sistema económico. “Yo no tengo dudas, es el socialismo”, manifestó, sugiriendo que, ante tantos socialismos conocidos, se debería inventar el socialismo del siglo XXI.

Quizás para algunos esta declaración de Chávez constituyó un alerta difícil de asimilar, habida cuenta de la alienación ideológica que arrastran consigo, haciéndoles ver como una aberración cualquier mención al socialismo o al comunismo. No obstante, para otros, formados en la línea ideológica de Marx, Engels y Lenin, sería una confirmación de que la revolución bolivariana iría derivando hacia los cánones clásicos de la revolución mundial. Sin embargo, tal parece que lo afirmado por Chávez no entra de manera irrefutable en ninguna de estas categorías. En el tiempo transcurrido, se ha visto una mezcolanza de ideas y frases que, a nivel de discurso, parecieran exteriorizar que el proyecto bolivariano venezolano se inserta en uno u otro rumbo, sin llegar a una definición más aproximada de lo que ocurre realmente en Venezuela.

Por ello, cobra relevancia el hecho que Chávez haya planteado el debate, especialmente cuando muchos nos preguntamos cuál es la caracterización más acertada de este proceso revolucionario venezolano. Más aún, si consideramos como sus antecedentes históricos e ideológicos lo hecho por gente de izquierda, los cuales parten de la década de los sesenta cuando el país estaba sumido en la lucha guerrillera y, luego de 1989, cuando se empezó a manejar la hipótesis de la toma del poder mediante un golpe de Estado cívico-militar-religioso, tal como lo esbozaran en su tiempo Douglas Bravo y sus camaradas del Partido de la Revolución Venezolana (PRV) y del Movimiento Político Ruptura.

Esto exige que haya una exhaustiva revisión de aquellos antecedentes y verificar cuáles elementos originales se conservan todavía y cuáles habrán cambiado a la luz de los nuevos tiempos. En tal sentido, las fuerzas revolucionarias y progresistas de este país debieran abocarse a discutir sus pormenores, puesto que de ello se desprendería una mejor definición ideológica de lo que es, y debiera ser, la revolución bolivariana. Sin embargo, poco se ha hecho al respecto, quedando todo en esporádicos debates que, prácticamente, denotan una completa ausencia de debate, por lo limitado de su convocatoria, influencia y participantes. Tal ausencia de debate favorece que mucha gente que se dice revolucionaria reproduzca, sin rubor y, en algunos casos, hasta, sin culpa, el mismo tipo de conducta observado bajo el anterior régimen puntofijista. Por eso, una iniciativa de esta naturaleza luce desenfocada, en opinión de gran parte de los dirigentes chavistas, al no controlar sus posibles e impredecibles consecuencias. Otros sencillamente la estiman innecesaria, ateniéndose sólo a la imagen de Chávez para todo. Otros creen que todo está reflejado en la Constitución de 1999. No obstante, cabe preguntarse, en este último caso: si todo el texto constitucional se cumpliera al pie de la letra, ¿cuál sería, entonces, el siguiente paso de la revolución bolivariana, enfrentada -en apariencia- a la vorágine de la globalización neoliberal? ¿Acaso no sería el socialismo, lo que implicaría una socialización del ejercicio del poder político y de la riqueza, en nada subordinada a las estructuras del Estado?

Basta analizar el conjunto de acciones emprendidas por el Presidente Chávez para entrever de qué tipo de socialismo se trata, yendo más allá del simple discurso. Guiados por este espíritu, podríamos determinar hasta qué punto se estaría construyendo el socialismo en Venezuela y cuáles serían los pasos a seguir para que ello sea posible, sin caer en mero reformismo. Esto coincidiría con la iniciativa promovida recientemente por algunos colectivos revolucionarios, deseosos de ahondar en los cambios y la orientación socialista del proceso bolivariano en Venezuela.-


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Homar Garcés


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