Al carajo Petrocaribe y la buena vecindad

En Junio del 2005, el Comandante Chávez promovió esta alianza estratégica que suministraría casi el 10% de nuestra producción petrolera nacional para 15 países de la cuenca caribeña a precios solidarios y en cuotas de pago que van desde el trueque hasta periodos largos. Pero, en el año 2005 los precios de la canasta petrolera eran boyantes y el aporte al presupuesto nacional era grande. De pensar en una crisis como la actual, ni por asomo ni por prevención. El objetivo de Petrocaribe iba mas allá del petróleo barato y sin intermediarios, ya que se planteaba un proceso   de “transformación de las sociedades latinoamericanas y caribeñas, haciéndolas más justas, cultas, participativas con la finalidad de crear un proceso integral que promueva la eliminación de las desigualdades sociales, fomenta la calidad de vida y una participación efectiva de los pueblos”. Pero ese idealista propósito chocó con la realidad de estar subvencionando a un grupo de países-colonias y otros con gobiernos de derecha, que al mismo tiempo de que no pagan el hidrocarburo, participaban en la componenda contra el Gobierno Bolivariano y que se patentizó cuando acudieron al llamado de sus amos, levantando las manos para joder en la OEA. El criar cuervos con la diplomacia petrolera no da réditos en este orden mundial de intereses con la supremacía de la derecha mundial y menos si se quiere contar con el apoyo de una asumida solidaridad, de países sin soberanía política.

Con Colombia, la cosa es distinta. Nuestros vecinos primos, duchos en la argucia diplomática (hay que reconocérselo) nos tienen jodidos. Y no desde ahora, desde la separación de la Gran Colombia los neogranadinos nos han corrido las cercas quitándonos mar y tierra cuantas veces le ha dado la real gana, sin ningún tipo miramientos y mucho menos resistencia. Colombia es “bien vista” gracias entre otras cosas, a una prominente campaña mediática, política, diplomática, cultural, gastronómica que apabulla y “convence” al extraño, que este es un país estable y seguro para invertir o visitar de turismo. Con este candil y estas mamparas de un engaño bien construido, Colombia ha podido encalar la pobreza del 50% de su población que no tiene acceso a agua potable, electricidad o servicios de energía, telecomunicaciones, educación y salud gratuita, vivienda y alimentación. Además, sin dejar de mencionar el nivel de violencia del mayor productor de drogas de este hemisferio donde participan los grupos irregulares y el ejército que asesinan y desplazan al campesinado colombiano hacia territorio venezolano. El gobierno y estos grupos son custodios de este ilícito negocio, cuyas multimillonarias entradas financian el estado y a las familias de la godarria colombiana, que han gobernado desde el final de la guerra independencia. Esta si es la verdadera dictadura mas larga y sangrienta de America Latina. A parte de esto, nuestro país le ha aliviado la carga social de los habitantes desplazados en la frontera con casi cuatro millones de migrantes a juro, que utilizan la seguridad social y los servicios del estado venezolano, la gran mayoría indocumentados,  que no pagan impuesto y una parte importante realizan comercio ilegal (contrabando) de los productos subsidiados por el estado y además de la gasolina, con la complacencia traidora de funcionarios nacionales. Y si Colombia expulsa 11 “venecos” por trabajar ilegalmente ¿que podríamos hacer nosotros? No podemos hacer nada, porque nos tildarían de xenófobos y Donal Trump quedaría como el niño Jesús. Por eso, muchos nacionales que se fueron del país buscando el realismo mágico colombiano, se dieron cuenta que Colombia si es un riesgo si se quedan, ya que el realismo mágico solo es para el turista con dólares, pero para los que viven o pretenden quedarse y no tienen la  verde lechuga, es un realismo de mierda. Y esa verga de la trillada frase de “la hermana nación” es un estúpido eufemismo que esgrimen los que nos quieren joder, cuando tenemos los calzones abajo y sin habernos limpiado el trasero. Aun hay quien le extrañe que la representación colombiana haya entrado con las manos arriba, a favor de la intervención de Venezuela por parte de la OEA y sus patrones, si esa ha sido siempre su accionar antivenezolano que tienen como herencia.

Este 2017 se cumplirán 30 años de la Crisis de la corbeta Caldas, en el gobierno de Jaime Lusinchi, que casi nos puso a las puertas de un conflicto. En ese tiempo, en Venezuela se exacerbó el nacionalismo y el anticolombianismo y el gobierno tuvo el apoyo de la diplomacia internacional. Claro, eran otros tiempos, otro gobierno y el petróleo en manos extranjeras, además Colombia no era la predilecta del imperio y no pertenecía a su entorno lacayo cercano. La vaina cambio, somos incómodos y Colombia es la consentida. Y si existiera un conflicto con nuestros vecinos primos, ya sabemos que posición tomará la jauría internacional y la desventaja de tener una potencial milicia neogranadina que está en suelo venezolano.

Hoy con todas las observaciones, críticas, desacuerdos de cómo el gobierno ha hecho las cosas y jodidos como estamos,  o aun mas, con divergencia ideológica, el pueblo venezolano todo en razón, debería estar en contra de una intervención extranjera. Y el Gobierno a lo interno debe fortalecer su posición a través de una clara perspectiva de cara al país, para que no sigan desvirtuando esto como si fuera un capricho para mantenerse en el poder, sino como un asunto de interés y preocupación nacional y dejar aun lado tanta solidaridad con países que la traicionan. Es la hora menguada de buscar entre los que mantienen posturas críticas, aquellos que ideológica y políticamente son nuestros aliados o tienen una génesis común y un derrotero revolucionario, de un mejor destino para el país. Porque, si hablamos de diálogo con la dirigencia de una oposición conspiradora y malinche, ¿Por qué no lo hacemos con la izquierda crítica chavista y disconforme con la que se tiene mas cosas en común? Es tiempo de oírnos todos.

Mi vieja me dice que mientras mas masa, mas mazamorra y que muchas manos ponen el caldo morado. Creo que un término medio entre estas dos consejas populares es necesario para reagrupar las fuerzas populares y revolucionarias, porque es la hora de sumar no de figurar, el país lo requiere.



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Carlos Contreras


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