Los que ya sin progenitura, bambolean el pobre plato de lentejas

Hamlet lo dijo de esta manera: “Desgraciado de mí, el mundo está fuera de quicio y tener que ser yo quien lo ponga en orden”. Otros comprometidos con su patria, como Cecilio Acosta (preso por el presidente Antonio Guzmán Blanco), Rufino Blanco Fombona, José Rafael Pocaterra o Argenis Rodríguez, lo tuvieron que confesar de esta manera: “Si no puedo decir lo que destroza a mi país, mejor morir”.

Siempre son muy pocos los que lo arriesgan todo con tal de denunciar un crimen, investigar una mentira o una estafa. El mundo está atado por intereses personales, por conveniencias, por el egoísmo que nos ha inoculado el vulgar sensualismo liberal. Por esta razón la inmensa mayoría de los periodistas son meros robots echados en una silla redactando trabajos rancios que sólo responden a los intereses de los dueños de los medios. En Venezuela, lamentablemente todavía, hay una revolución que no ha tocado siquiera la piel del sentimiento nacional: el libre arbitrio. Aquí cada cual pareciera tener un dueño, y su cerebro y sentimientos responden a ese dueño. La verdad es que Chávez es la fuerza y el sentimiento supremo de la mayoría de los venezolanos, pero debajo de él cunde un sector de políticos de partido incrustados en el PSUV o en el Gobierno, que no siguen sino sus propias reglas personales, no las de Chávez. Por eso vemos tantos proyectos nacionales aplazados, tantos programas de gran interés del Presidente, traicionados o echados al olvido. El propio PSUV atascado con miles de Batallones que no funcionan. Entonces, en nombre de la UNIDAD, en nombre del CHAVISMO, en nombre de que el ENEMIGO ES OTRO, muchos crímenes se callan, muchas felonías se dejan de lado.

Puedo decir, por ejemplo, que a casi nadie en el PSUV le interesa impulsar, consolidar verdaderos medios de comunicación alternativos; casi nadie en el PSUV organiza la formación de los cuadros ideológicos. Por eso mismo, MORAL Y LUCES prácticamente desapareció cuando era, un programa que nacía del alma y de lo más esencial del pensamiento bolivariano. Muchas misiones están agonizantes por la incuria de los propios gobiernos revolucionarios. Los Mercales prácticamente desaparecieron (lo que hay son Pdvales). De los programas de vivienda se han aprovechado unos grandes lagartos, “rojos rojitos”. Languidecen por doquier las políticas de las contralorías sociales, la misma conformación de los Consejos Comunales y ante los propios gobiernos locales se dejan sin atender con firmeza, los tumores que la derecha nos propicia en el terreno de la educación, de la inseguridad y de la educación. Por callar y por permitir mil desquicios en estos terrenos, se fueron al diablo las Gobernaciones de Carabobo, Miranda, Táchira y Nueva Esparta, así alcaldías vitales como la de Mérida.

Entiendo también que la denuncias que se hacen deben ser extraordinariamente responsables; obsérvese que cuando a mí se me ataca por lo que pongo sobre el tapete jamás se va al grano de lo que digo, sino que se buscan atajos de carácter meramente personal: se me insulta, se inventan bazofias que mueven realmente a risa diciendo que alguien me compra. Porque en Venezuela realmente no existe la cultura de expresar lo que se siente al menos que por detrás de lo que se denuncia no se mueva el cochino proyecto personalista, el dinero. Cuando yo llamé farsante al hoy finado Rector Magnífico Pedro Rincón Gutiérrez (en pleno ejercicio de su rectorado), corrió como pólvora que yo era un mercenario y que alguien debía estar pagándome por eso. Lo declaro: no busco nada, no quiero nada en la administración pública. Si pasé 40 años luchando solo y diciendo lo que mi conciencia me dicta, ya estoy acostumbrado a recibir cualquier clase de bazofia que contra mí se lance.

Pido que se cree la Misión Coraje, para denunciar con valor y propiedad los mil desquicios que atentan contra la revolución, desde el propio seno de nuestro PSUV o del GOBIERNO.

jsantroz@gmail.com


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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