Caso Leopoldo López: Nefasto concepto de justicia del bando opositor

El proceso judicial que envuelve a Leopoldo López lleva unos largos meses. Pero no creo que eso sea un aspecto, ya que sus partidarios hablan de retardo procesal, que merezca una desaprobación y hasta crítica, tomando en cuenta la trascendencia del asunto. Más allá de lo que López pudiera significar por sus valores personales, cosa que no está en juego, anda de por medio el rol político que el acusado juega en Venezuela y los respaldos que tiene dentro y fuera del país.

            Estos dos últimos elementos, sin duda, obligan a las partes en juego, el juez que evalúa pruebas, alegatos en contra; al sector acusador, Fiscalía General y hasta la defensa misma, que quiere como es natural, ese es su fin por esencia, sea absuelto el acusado, a exponer en detalle, precisión y sobre todo valor jurídico, sus argumentos.

           En este caso, cada sector debe tener la certeza de lograr su propósito porque se trata de un asunto, que va más allá del acusado mismo.

           Nadie duda que este proceso no se corresponde con uno penal o legal, dicho de esta última manera para no incurrir en imprecisiones, del común; de esos que las partes, acusadora y defensora, incluyendo al acusado y sus íntimos, esperan con tranquilidad se imponga la justicia. Estamos ante un juicio que por las circunstancias políticas venezolanas, la intromisión de factores ajenos al juicio mismo, la fuerte carga subjetiva que le adereza, obliga a pesar y valorar en detalle cada prueba. La carga que soporta la juez, o la jueza, para decirlo a tono con los tiempos venezolanos, no es la habitual de quien tendrá que decidir lo que llamaré por conveniencia un juicio penal ordinario. En este asunto, mientras muchos piensan se juzga  un actor responsable de muchos actos sancionados en el derecho penal venezolano, de paso hasta de conocimiento público, otros sostienen que se trata de un juicio a un dirigente político procesado por emitir opiniones contra el gobierno. Estas posiciones ya de por sí, obligan a las partes a ser cuidadosas para demostrar sus opiniones y a la jueza para decidir con equilibrio, sabiduría en medio de posiciones que pudieran generar, por la carga emocional que se ha acumulado, consecuencias lamentables. Pero sobre la juez o jueza, no sólo pesa que haya un sector piense que no se juzga un delito verdadero, definido en las leyes, sino sobre una invención, subjetivismo, injusticia de hecho, ante lo cual cualquier decisión condenatoria sería consideraba un atropello y pudiera ser utilizada para otros fines. Hay algo peor que eso que, tomando en cuenta la condición humana de la funcionaria quien debe tomar la decisión, posiblemente hasta una madre, la obliga a ser más exigente y cuidadosa.

             En algunos sitios de Caracas, según ha informado alguna prensa audiovisual, ha aparecido una buena cantidad de pancartas que, hablando con objetividad, buscan intimidar a quien debe tomar una decisión ante los alegatos en favor o en contra de Leopoldo López. Pero hay algo más preciso que eso, porque pudiera decirse que esos instrumentos proceden de otro espacio y persiguen confundir a la opinión pública.

           Hoy jueves, en un diario regional anzoatiguense de simpatías inocultables por la oposición, se dice que un candidato a diputado por la entidad de apellido Armas, “pide a la jueza Susana Barreiro, proceda a reconocer la inocencia de López, recordándole que las violaciones a los derechos humanos no prescriben”.

            Es decir, como la mayoría de los venezolanos, que no formamos parte del gobierno, creo que ni siquiera nos tienen como cercanos por nuestra actitud crítica, el declarante no espera una decisión, en virtud que la jueza evalúa los argumentos y pruebas, valederas o no, que él nunca ha tenido en las manos, sino su opinión que tiene el mismo peso que las nuestras, sino le “pide proceda reconocer la inocencia”. Es decir, para quien aspira a ser diputado, sin  ningún mérito ni fundamento alguno, salvo sus simpatías y estado emocional, el asunto no ofrece dudas; el acusado es inocente.

            Pero no se queda en eso. Si así fuese no habría razón alguna para escribir esto; es su opinión, deseo y, siendo López su amigo y compañero de luchas, es lo más natural, pese a que no tenga ningún valor jurídico ni intelectual. Fue mucho más allá y haberlo hecho es lo que motiva este comentario, porque incide sobre la opinión y conducta general que la oposición tiene de la política; lo que se inserta con muchos hechos bochornosos que vienen aconteciendo.

          Para que todo quede claro, vamos a repetir parte de las declaraciones del candidato a diputado de marras, a quien por cierto, el otro candidato opositor por el mismo circuito de apellido Figueroa, señaló que en las primarias de la MUD había sido favorecido por el Psuv, partido que según él aportó sus votos, aprovechando se votaba por el padrón electoral general, para que terminase de primero.

         Pues bien, repetimos que el declarante dijo que la sentencia no sólo debía ser absolutoria sino que le recordó a la jueza “que las violaciones a los derechos humanos no prescriben”.

         No se necesita ser muy agudo, inteligente o “tener más de cuatro dedos de frente”, como solemos decir en lenguaje coloquial venezolano, para entender que el declarante, aspirante a diputado, ha lanzado una amenaza contra quien por ley, debe decidir sobre un asunto de su competencia. Eso es grave, pero es más grave que ya forma parte la cultura de un sector de la oposición.

            Pero todavía hay más, la redactora de la entrevista, repito de un diario regional de inocultables simpatías con la oposición, recogió que el declarante dijo: “Exigimos que la sentencia sea absolutoria para garantizar que Venezuela sea libre; de lo contrario, habrá un gran repudio en el país”.

           En esta segunda parte ya no “pide”, sino exige. Es decir, se trata de una petición pero imperiosa; el solicitante no da otra opción y menos la jueza. Entonces el juicio no tuvo sentido alguno, pues se trata enjuiciar a una persona más allá de lo terrenal y lo divino. Para quien eso dijo, también sólo habría libertad en Venezuela si absuelve al acusado; eso garantiza que “Venezuela sea libre”. Si el juez encuentra causas para condenar entonces no habría libertad en nuestro país.

         ¡Vaya manera mesiánica de entender el derecho penal, la justicia y la libertad! Hay venezolanos que al nacer, hagan lo que hagan, sin inocentes; vienen al mundo con el sello de la impunidad y en eso consiste “la libertad”.

        Pero no se conformó con eso sino agregó, como ya dejamos constancia, “de lo contario, habrá un gran repudio en el país”.

            ¿Qué significa esa expresión? Creo que pareciera ser coherente con el manido discurso político de parte de la oposición que ha causado violencia, estimulado guarimbas y  tantas desgracias que motivaron el juicio mismo.

            Pero vale la pena preguntarle al candidato a diputado lo siguiente:

           ¿No se le ha ocurrido pensar que si la jueza por atender solicitudes tan sutiles, cargadas de gran contenido jurídico y buena intención por la paz venezolana, procediese a complacerle, pudiera desatar de otro lado y cuantitativamente más significativa otra acción de repudio?

         Sólo que la otra parte espera como le corresponde y no intenta intimidar al juez. Hasta al parecer, como otras veces, procedería si no aceptar lo decidido, darle el valor debido y proceder como dispone la legalidad.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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