Mi estómago chilló y va con todo en contra de la ANC

Yo ya no soy yo. Soy otra cosa. Mejor dicho, mi estómago es otra cosa. Mis huesos plenos de dolor, son otra cosa Han sufrido una metamorfosis. Quien escribirá buena parte de este artículo no será mi raciocinio. ¡Carajo!, he perdido totalmente el control de mi mismo. Por eso escribirá mi estómago, permitiendo antes que mi lado bueno, el que aún queda cuerdo, les a relate un un relato sobre otro relato. (Qué dirá mi profe y mi tutor Earle Herrera de este pasticho). Por cierto, yo quisiera tener una dosis mínima del humor negro y de la sabiduría narrativa de Earle, pero hay un dicho en mi pueblo que Dios no le dio cacho a burro. Entonces, pudiera decirles cosas a ustedes en serio, pero en broma. Yo sé que Earle quisiera decir muchas cosas "veredes" antes sus camaradas de la Asamblea, pero se frena y sufre por dentro. Les recuerdo que ya yo no soy yo. Perdí mi identidad. Pero antes voy a resumir, en lo que pueda, este relato salvaje, tomado de una serie Argentina, denominado "Relatos Salvajes".

Hubo una vez una pareja que se casó bajo un ambiente espectacular. Pero resulta (siempre los peros) que la novia en medio de la algarabía de la fiesta observó que su novio, ahora marido, coqueteaba con una invitada. Ese hecho desató una tormenta. La novia, aún, perdió el control al descubrir el "juju" de su compañero, y no disimuló su reclamo al hombre, quien se quedó paralizado, con los ojos claros y sin vista. Los invitados quedaron sorprendidos por el rollo. Fue así como la novia corrió, como una loca, hacia la azotea del edificio. Todo parecía indicar que se iba a tirar al vacío, pero una voz frenó su intento. Era un cocinero que había ido a buscar algo. Le brindó ayuda y con palabras consoladoras calmó a la fémina. Y de pronto, la mujer, con velo y todo, abrazó al boquiabierto cocinero y se fundió en un beso cómplice… y se dejaron llevar. Fue cuando el novio apareció en escena.

Él había salido a buscarla desesperadamente. Cuando el hombre vio que su mujer se retorcía debajo del cuerpo del cocinero con los pantalones abajo, enloqueció. Como pudieron, cada uno por su lado, se fueron al salón. Aún quedaban muchos comensales. Pero la pareja habían perdido el control. No eran ellos, eran otros. Y terminaron por darle rienda suelta a sus instintos. Fue dramática ver aquellos dos seres transformados en unos verdaderos orates. Pero dice un dicho que "llueve pero escampa". Detrás de la borrasca viene la calma. Y cuando se calmaron volvieron a ser ellos… Y se fusionaron en fuerte abrazo, y se besaron apasionadamente, sin importarles los pocos invitados que aún quedaban en el salón, quienes con ojos desorbitados no lo podían creer. (Fin de la tragedia).

Ahora mismo, entre la revolución y yo existe una borrasca (pero al final habrá conciliación, ya que hay uno sólo objetivo). Así pues, bajo esa oscura sombra mi estómago se arrechó, y al perder el control dirá muchas cosas. Cosas que yo no me atrevería a decir en mi pleno juicio. Y menos meterme con la soberanísima Asamblea Nacional Constituyente. Le temo al qué dirán. Por eso paso. El testigo se lo doy a mi estómago para que les hable sin tapujos… "¡Carajo!, estoy que reviento. Yo no sé de discursos que llueven sobre lo mojado. Yo no sé de postergaciones. Yo no sé de levantadera de manos para aprobar en cámara lo ya ha sido aprobado en el cenáculo. Yo no sé de nada de esas vainas. Sólo sé que no se nada, como dijo el filósofo. Y menos cuando tengo el hambre atrasada de tres meses. Pero sí sé del Dólar criminal. Sé que se disparó después del 30 de julio y me llevó a 200 bolívares un cartón piche de yemas. Sé que no puedo viajar para ver a mi gente. Sé que no podré probar una criollísima hallaca. Sé que no podré estrenar ni un par de medias. Sólo me queda esperar lo que diga y haga la ANC.

Antes del 30 de julio me ofrecieron acabar con la guerra económica, en especial con los precios que andan volando alto, no bajo como dice la canción. Mientras la ANC, a paso de morrocoy, y por entrega, me está vendiendo la Ley de Precios Justos. Una ley hermosa, bien acabada y discutida en todo terreno, según el profe Aristóbulo Izturiz, primer Vice de la ANC. Saben una cosa, ya no aguanto tanta lentitud, tantos estudios y análisis. Quiero hechos, no palabras. Como estará la vaina que hasta el apacible José Vicente Rangel ha pegado el grito al cielo y describió la situación como grave. Lo dijo él. Yo no. Yo no soy yo. Soy tan sólo un estómago vacío que espera la conduerma de la ANC y del gobierno para que manden a parar, y pueda llenarme un poco. (Mañana, martes, sesionará la ANC. Me pegaré al televisor a las cuatro de la tarde para ver sí por fin terminan de aprobar la famosa ley de precios, pero ver para creer, dice el dicho… He hablado con mucha hambre y mucho dolor, tal vez mis palabras estén llenas de confusión, pero con hambre no se puede exigir mucho".

Agregado:

El testigo vuelve a mí para despedirme con la esperanza de que mañana se apruebe la bendita ley de precios. Dejó a mi estómago con la esperanza que pronto pueda ver una caja Clap, aunque sea sin pernil. Ojalá las aguas no se desborden, antes del amanecer, como pasó en la boda del relato, y se le dé al pueblo lo que el pueblo se merece: la paz económica.



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Teófilo Santaella

Periodista, egresado de la UCV. Militar en situación de retiro. Ex prisionero de la Isla del Burro, en la década de los 60.

 teofilo_santaella@yahoo.com

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